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La medida que frena deterioro del historial crediticio rige todo el año

Clientes hacen fila en una entidad bancaria, ubicada en el centro de Guayaquil, para realizar trámites como el refinanciamiento de sus deudas. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

La pandemia no ha terminado y una parte de los clientes del sistema financiero aún tiene problemas para pagar a tiempo las cuotas de sus créditos.

Los atrasos en los pagos deterioran la calificación de riesgo -indicador que muestra qué tan buen o mal pagador es un cliente-, que los bancos evalúan en el momento de dar nuevos préstamos. Un mal historial crediticio puede cerrar el acceso a préstamos en medio de las grandes necesidades de liquidez en los hogares.

Por eso, la Junta de Regulación Monetaria y Financiera había aprobado que las deudas pasaran a los burós de crédito como “vencidas” recién a los 61 días de falta de pago. Es decir, un cliente podía atrasarse dos meses en la cancelación de la cuota sin que se dañara su ­calificación de riesgo.

Antes de la pandemia, según el segmento y del tipo de deudor, las obligaciones pasaban a este estado a las dos semanas (15 días) de falta de pago.

Ese beneficio terminaba en junio próximo, pero el viernes la Junta resolvió ampliar la medida hasta diciembre próximo.
El plazo también se amplió para las cooperativas.

Con ello, se evita que el historial crediticio se deteriore muy rápido y se permite que la gente pueda seguir accediendo a préstamos, explicó Marcos López, presidente de la Junta Monetaria y Financiera.

Por eso, además, el indicador de morosidad en la banca privada no ha desmejorado, dijo el funcionario.

López aclaró que la medida únicamente busca evitar un rápido deterioro de la calificación de riesgo, por lo que recordó a los clientes que sí estarán sujetos al pago de intereses por mora desde el primer día de atraso en el pago.

Ariel Vivanco no ha podido cumplir a tiempo los pagos de sus obligaciones. Él perdió su empleo en febrero pasado, por un recorte de personal en su empresa. Ese momento tenía una deuda de USD 2 000 con la tarjeta y de USD 1 800 por un préstamo bancario.

Aunque refinanció esas obligaciones, él no pudo cancelar las mensualidades. “Me llaman todos los días a recordarme que tengo un mes y 15 días vencido, yo no les puedo dar una fecha de pago porque no consigo trabajo”, contó.

Actualmente el ciudadano, de 38 años, brinda el servicio de transporte a dos personas de una empresa privada, pero lo que obtiene por esa actividad solo alcanza para cubrir las compras de comida en su casa y el pago del arriendo.

Según Margarita Hernández, superintendenta de Economía Popular y Solidaria (SEPS), la extensión de la medida se aplica debido a que la pandemia no ha terminado y las personas continúan con problemas de liquidez para cancelar sus deudas. En el sector de cooperativas, la mora está en el 4,84%, principalmente, por la afectación en las carteras de transporte y turismo.

“Lo que nos interesa es que esos deudores tengan herramientas para que puedan seguir reactivando sus economías”, explicó la funcionaria.

Los efectos económicos de la crisis sanitaria -como la pérdida de empleo y la reducción salarial- son algunos factores que perjudican la capacidad de pago y cumplimiento de obligaciones de los clientes.

Vanessa Vinces sacó un crédito a inicios de abril, por un monto de USD 10 000, para hacer arreglos en su domicilio en Guayaquil. A finales de ese mes, en su trabajo le redujeron la jornada y, por ende, el sueldo a casi la mitad. En mayo le tocaba cancelar la primera cuota del préstamo, pero no pudo.

“Eran USD 208, que no cancelé porque mi hijo empezó clases y tenía que comprar la lista de útiles”, relata.

Para David Castellanos, experto económico, la reciente ampliación del beneficio aprobado por la Junta Monetaria y Financiera da oxígeno a las instituciones financieras, ya que no van a tener la presión de provisionar tanto y tan rápido.

Las provisiones son colchones que permiten a los bancos privados y las cooperativas cubrirse ante un eventual no pago o incumplimiento en la devolución de un crédito por parte de los clientes.

En el caso de los clientes, dice Castellanos, les genera un poco más de espacio y holgura para ajustar sus ingresos y cuadrar el pago de sus deudas hasta el día 61, sin dañar su historial crediticio.

El buró de crédito es el que registra el pago o no pago de las obligaciones y luego contruye el puntaje del cliente. Por ejemplo, el mejor pagador, con los puntajes más altos, estará en la categoría AAA.

Un cliente puede obtener ese reporte de manera gratuita en la Superintendencia de Bancos, solicitándolo a través de un formulario. Los burós de crédito suelen ofrecer reportes especializados, pero tienen tarifas que varían de acuerdo con lo que requiera el cliente.

NO OLVIDE

Calificación de riesgo Es un puntaje que se construye en función de si un cliente del sistema financiero es buen o mal pagador de sus deudas.

¿Es malo estar en el buró?  No. Un crédito se da en función del historial de crédito. El buró registra los datos para que los bancos puedan evaluar el perfil del cliente.

¿Qué es el historial?  Muestra la forma en la que un usuario cumple con sus deudas, si las paga a tiempo o si se atrasa y el tiempo que demora en ponerse al día.

Los puntajes  Llegan hasta 999 y se agrupan en categorías con letras. El mejor pagador es AAA. Si el puntaje es superior a 600 se considera buen pagador.

¿Qué pasa si no tengo historial?  Será difícil que un banco o cooperativa califique al cliente para decidir si le entrega o no un crédito.