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La ultraderecha gana espacios en la política y en la vida diaria de Europa

Policías alemanes actúan en Berlín durante uno de los allanamientos que llevaron al desmantelamiento de una supuesta organización de ultraderecha. Foto: EFE.

La Policía alemana desar­ticuló este 6 de diciembre una presunta organización terrorista de carácter ultraderechista que planeaba la toma del Bundestag (Parlamento) y un posterior golpe de Estado, según informaron el Ministerio del Interior y la Fiscalía General del Estado.

Un total de 25 ultraderechistas fueron detenidos en una macrooperación que se extendió por Alemania, Austria e Italia; de aquellos, 22 son sospechosos de haberse integrado a la citada organización, vinculada ideológicamente con el movimiento que se hace llamar Ciudadanos del Reich, que rechaza la legitimidad de la República Federal alemana con base en teorías conspiratorias.

Según el estado actual de las investigaciones, la organización estaba constituida por una especie de consejo ejecutivo y un brazo armado, informó Peter Frank, el fiscal general del Estado, a primera hora de la tarde, en una comparecencia en Karlsruhe (sur).

Su objetivo era “destruir el orden democrático constitucional en Alemania, a través de la violencia y de medios militares”, señaló.

El consejo tenía previsto asumir las funciones del Gobierno tras el golpe de Estado; y de él formaba parte, entre otros, una exdiputada del partido ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD), quien iba a convertirse en Ministra de Justicia.

Propagación ideológica

Lo ocurrido en Alemania no constituye un hecho aislado y muestra una tendencia existente desde hace tiempo, relacionada con la mayor aceptación de ideas de extrema derecha.

Algo que también se nota en la política, como lo demuestra el ascenso al poder en Italia de Giorgia Meloni, por ejemplo.

Según los analistas, la ultraderecha avanza en Europa tras la llegada al poder de Meloni, cuya arrolladora victoria electoral en Italia ha impulsado un fenómeno con señales que también se ven en el papel clave de la extrema derecha en Suecia y en el cuarto mandato del ultranacionalista húngaro Víktor Orban.

La primera mujer en ocupar la Jefatura del Gobierno italiano es también la Presidenta de uno de los ejecutivos más de derecha de la historia del país, apoyado por dos indiscutibles líderes populistas: Silvio Berlusconi, el magnate reconvertido en político que se adelantó varias décadas a Trump y a Bolsonaro, y Matteo Salvini, el rostro del soberanismo demagógico de los últimos años.

Primera pieza del dominó

“Es un Gobierno con componentes que son expresión directa de una tradición vinculada al fascismo, aunque reelaborada adaptándola a un contexto democrático” y que “reafirma la triada de valores Dios, patria y familia, típica de los regímenes autoritarios”, explica a EFE el profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Pisa Alberto Vannucci, sobre los ultras Hermanos de Italia, que lidera Meloni.

Tras los últimos años en Polonia y, sobre todo, en Hungría -una herida abierta para las instituciones europeas-, la UE mira con mucha inquietud el caso italiano: mientras Orban comenta que “puede ser confinado y el riesgo de involución democrática es limitado”; Italia es “demasiado grande para ser excluida del proceso de decisión”, señala Vannucci.

La posibilidad de que Meloni pueda ir en la misma dirección de Orban causa una profunda preocupación en las principales cancillerías europeas. Esto también supone un enorme reto para Europa; al que se suma el riesgo de imitación del modelo en otros “grandes países europeos, como Vox en España o Agrupación Nacional en Francia”; sostiene el experto.

Más cauto se muestra Gianluca Passarelli, profesor de Ciencia Política de la Universidad La Sapienza de Roma. Él afirma que “las dinámicas nacionales son lo suficientemente diversas” como para que el triunfo de Meloni no influya en otros países. En Italia las instituciones son sólidas, apunta.


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