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Lo bautizaron como el ‘superpapá’ en redes sociales, aunque él todavía no termina de entender por qué. Con la humildad de quien no se considera un héroe, Francisco Borbor asegura que solo hizo lo que cualquier padre habría hecho en su lugar.
Durante casi 25 años, ha recorrido las calles de Guayaquil al volante de una ‘buseta’, llevando a pasajeros a sus destinos, entre el noroeste y el centro de la ciudad, pero la noche del 26 de septiembre de 2026, este chofer de la línea 123, tuvo que desviarse de su ruta habitual.
En medio de la intensa lluvia y tormenta eléctrica que se registró en Guayaquil, su hija de 21 años llevaba tres horas intentando conseguir un vehículo que la llevara de regreso a casa. Bastó una llamada y escuchar su voz desesperada para que Francisco entendiera que su siguiente parada tenía que ser ella.
Lo que para Francisco fue un acto de amor paternal terminó convirtiéndose en una historia que conmovió a los internautas. Su primogénita grabó aquel inesperado rescate y lo compartió en redes sociales de TikTok, sin imaginar que el video se volvería viral.
A las 05:00, como de costumbre, se disponía para iniciar su jornada al volante de su bus de la línea 123. “Yo amo la profesión… me gusta ser chófer”, declara.
Desconocía las alertas meteorológicas emitidas para ese día y, con el intenso ‘solazo’ que acompañó la mañana guayaquileña, nada parecía anunciar lo que estaba por venir. Sin embargo, alrededor de las 14:00, las primeras gotas comenzaron a caer, como una advertencia de lo que se avecinaba.
“Salí a dar mi última vuelta como valiente, porque a esa hora que comenzó el invierno, nadie salió”, recuerda.
En menos de una hora, el cielo descargó su furia sobre Guayaquil. El aguacero se prolongó hasta la noche de aquel 26 de octubre.
Francisco recuerda aquella jornada como una de las más difíciles al volante. Una vez más fue testigo de cómo -en cuestión de minutos- las calles de Guayaquil quedaron anegadas y complicando la movilidad.
Eran cerca de las 18:00 cuando recibió la llamada de su hija Romina Borbor, de 25 años, quien ya llevaba tres horas intentando encontrar movilización para regresar a casa.
“Mija, estoy tragado aquí en el centro, no hay ni cómo avanzar. Voy a hacer lo posible, a ver cómo me la juego, para pasarte viendo“, recuerda haberle contestado desde el centro de la ciudad.
Aquella noche, Guayaquil soportó uno de los aguaceros más intensos del año. Cerca de 100 000 millones de litros de agua cayeron sobre la ciudad, dejando a su paso calles inundadas, árboles caídos, deslizamientos, daños en infraestructuras, casi 90 sectores afectados y una persona fallecida, según los reportes oficiales.
Pero nada detuvo a Francisco. A sus 64 años, su prioridad era llegar hasta donde estaba su hija de 25 años, sin dejar de lado el compromiso con los pasajeros que también confiaban en él para regresar con sus familias.
Antes de emprender su rescate, Francisco se dirigió a los pasajeros y les preguntó si tenían algún inconveniente en avanzar directamente hacia la avenida Juan Tanca Marengo. Nadie se opuso. Con el bus lleno y las puertas cerradas, emprendió el camino hacia el centro comercial donde lo esperaba su primogénita. “Nadie se quedaba en esos intermedios. Entonces aquí, digo, vámonos nomás”.
En medio de la tormenta eléctrica, y sin poder recoger a más pasajeros porque la unidad estaba a su máxima capacidad, avanzó por las calles anegadas hasta llegar a su destino.
El trayecto, que en un día normal le habría tomado apenas 20 minutos, se convirtió en una travesía de una hora. “Estaba colapsada totalmente la ciudad. Gracias a Dios, llegué con bien y recogí a mi hija, que estaba desesperadita ahí”.
Aquella jornada, marcada por el torrencial aguacero, no fue precisamente rentable para Francisco. Recuerda que, después de horas al volante y llegar casi a la media noche a su casa, apenas llevó 25 dólares a casa.
Asegura que esta es una de las dificultades que enfrentan los conductores de buses durante la temporada invernal: las calles inundadas y los problemas de movilidad los obligan a reducir sus recorridos y, con ello, disminuye el número de pasajeros y sus ingresos.
“Una vuelta normal son dos horas y media, pero me pegué como siete horas desde las dos y cincuenta que salí de la estación, estuve casi a las diez de la noche en la estación. Puede imaginar”, refiere de aquel lunes.
Francisco es padre de cuatro hijos, Romina es la mayor, y confiesa que es su mayor orgullo y que la salvaría las veces que sea necesario.
Del otro lado de esta historia está Romina, quien todavía recuerda con emoción aquella noche en la que su padre desafió la tormenta eléctrica para llevarla de regreso a casa. “Lloré cuando me dijo que me iba a ver, lloré cuando me recogió y lloré cuando llegué a casa. Como se lo dije a él, fue mi héroe una vez más”, confiesa.
La joven asegura sentirse profundamente orgullosa de su padre, a quien reconoce como uno de sus mayores maestros de vida, pues gran parte de lo que sabe lo ha aprendido de él.
Francisco dice que es feliz en su profesión y que lo hará hasta que su cuerpo se lo permita. “Al volante me siento con amor”.
“Es bien sacrificado, pero bueno, como dice el refrán, al mal tiempo, buena cara”, agrega.
Francisco Borbor es un conductor de la línea de buses 123 de Guayaquil que se volvió viral tras desviar su recorrido para rescatar a su hija durante una intensa tormenta eléctrica.
Con casi 25 años de experiencia al volante, Francisco transporta pasajeros entre el noroeste y el centro de Guayaquil. Su historia conmovió en redes sociales después de que su hija compartiera un video del momento en que su padre llegó a recogerla en medio del aguacero.
Francisco Borbor modificó su recorrido habitual para recoger a su hija Romina, quien llevaba tres horas intentando conseguir transporte para regresar a casa.
Cerca de las 18:00, Francisco recibió una llamada desesperada de su hija mientras conducía por el centro de Guayaquil. Pese a las calles inundadas y las dificultades de movilidad, decidió hacer lo posible para llegar hasta ella y ponerla a salvo.
Las intensas lluvias provocaron acumulación de agua en las calles y complicaron la circulación de los buses urbanos de Guayaquil.
Francisco Borbor relató que aquella fue una de sus jornadas más difíciles como conductor. Las precipitaciones comenzaron alrededor de las 14:00 y se intensificaron rápidamente. Según su testimonio, varios conductores evitaron salir a realizar nuevos recorridos debido a las condiciones meteorológicas.
Francisco Borbor decidió desviarse de su recorrido en la línea 123 para acudir al lugar donde su hija esperaba transporte en medio de la tormenta.
Romina llevaba tres horas sin conseguir un vehículo que la trasladara a casa. Al recibir su llamada, Francisco le explicó que estaba atrapado en el tráfico del centro de Guayaquil, pero le prometió que haría todo lo posible por recogerla. Su decisión quedó registrada en un video que posteriormente se viralizó.
La historia se viralizó porque la hija de Francisco Borbor compartió un video en el que mostró cómo su padre cambió su ruta de trabajo para recogerla durante una fuerte lluvia.
El gesto despertó la admiración de los internautas, quienes lo bautizaron como el ‘superpapá’. Sin embargo, Francisco no se considera un héroe y sostiene que simplemente hizo lo que cualquier padre habría hecho por su hija. Para él, protegerla fue más importante que cumplir con su recorrido habitual.



