13 de enero de 2020 00:00

15 de 200 Guagua Centros están en proceso de cierre en Quito

En el Guagua Centro de San Fernando de Guamaní, los niños reciben estimulación. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO

En el Guagua Centro de San Fernando de Guamaní, los niños reciben estimulación. Foto: Galo Paguay/ EL COMERCIO

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Ana María Carvajal
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A diario realizan actividades que estimulan su lenguaje, la expresión corporal y sus sentidos. Saborean yogur, frutas y otros alimentos. Duermen siestas de hasta 45 minutos y cuando despiertan, juegan en un patio que tiene el dibujo de una rayuela.

Son 40 niños, de entre 1 y 3 años, que están bajo el cuidado de cinco parvularias en el Guagua Centro de San Fernando de Guamaní, que en abril cumplirá dos años. Es uno de los 185 Guagua Centros que están funcionando en la ciudad.

Al finalizar la administración municipal anterior, estas guarderías financiadas por la Unidad Patronato San José sumaban 200. La Administración Zonal Eloy Alfaro fue la que más espacios de este tipo disponía (53), y las de Tumbaco y Calderón las que contaban con menos (14 cada una).

Sin embargo, tras denuncias como una de maltratos a los pequeños que asistían al Guagua Centro Vista Hermosa, las actuales autoridades decidieron revisar la operación de estos espacios gratuitos.

Verónica Benavídez, asesora técnica del Patronato, explica que al auditar los Guagua Centros se detectó que muchos de ellos no tenían permisos de funcionamiento de los ministerios de Inclusión Económica y Social ni del de Educación. Por ello, el primer paso fue hacer una evaluación en la que participaron ambas carteras de Estado, el Patronato y la Secretaría de Gestión de Riesgos.

Se detectó que 34 guarderías no cumplían con algunas normativas, como la que determina que se requiere un espacio de 1,5 m² por cada niño de 3 a 5 años y 2,2 m² para niños de 1 a 3 años. Benavídez señala que hallaron centros acomodados en la unión de tres garajes o que funcionaban en construcciones que tenían conexión con viviendas familiares.

Se solicitó a las directoras que se buscaran casas adecuadas en el mismo sector. 18 ya entraron en ese proceso.


15 guarderías están en proceso de cierre. Una de ellas es por terminación unilateral, 12 por pedido de la asignataria o directora y dos por otras causas. Sin embargo, Sybel Martínez, vicepresidenta del Consejo de Protección de Derechos de Quito, cree que no se deben cerrar centros sino analizar la necesidad de la comunidad y, si un lugar incumple con parámetros, corregir las falencias.

A Martínez le preocupa el cierre de los 15 centros, incluido Vista Hermosa, en donde se registró un video de una trabajadora obligando a comer a un niño y que reveló denuncias de otros maltratos. En ese caso, dice, había una medida de protección para que no se cierre, pues la gente necesita el servicio. Además, se determinó que se debían ofrecer disculpas públicas a los padres de la comunidad afectada y no ha pasado.

Pero el Patronato señala que recibió el proyecto con un déficit de USD 5 millones. Según Benavídez, los Guagua Centros le cuestan a esta unidad USD 17 millones al año (el 53% de su presupuesto total).

Cada uno requiere de una inversión de USD 7 000 mensuales, para que las directoras financien la alimentación de los pequeños, el sueldo de parvularias y personal de limpieza y cocina, los materiales didácticos y otros implementos.

El dinero que se ahorra por el cierre de 15 de estas guarderías se usa para cubrir el déficit, explica Benavídez. Además, subraya que los pequeños no quedan desatendidos, porque los 600 niños que se quedaron sin su Guagua Centro fueron reubicados en sitios similares.

El objetivo es controlar más los centros, que ahora son de administración privada. Estos reciben visitas de 10 técnicos que tienen a su cargo el monitoreo de 20 centros cada uno. La idea es volverlos guarderías municipales, con un nuevo modelo de gestión.

Para Bertha Analuisa, directora del centro de Guamaní, estos espacios generan empleo y son una ayuda para padres que de otro modo no tienen dónde dejar a sus pequeños. Mariela Sánchez, quien tiene un pequeño en ese lugar, lo visita para ayudar en el huerto que siembran los padres para que cosechen sus hijos. “Es un excelente proyecto que hacía falta en nuestro barrio”.

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