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Así fue la fundación de Quito en 1534

Un tren del Metro Quito llegó a la Estación El Labrador con energía propia el 30 de octubre del 2020. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

Un tren del Metro Quito llegó a la Estación El Labrador con energía propia el 30 de octubre del 2020. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

En la Plaza Grande se colocaron adornos florales para celebrar los 486 años de fundación de Quito. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

Este 6 de diciembre se celebran 486 años de la fundación de Quito. En su honor, se realizará la tradicional Sesión Solemne en San Roque (en el Centro de la ciudad), con la presencia del Concejo Metropolitano, y del alcalde Jorge Yunda.

Investigadores y cronistas de la capital relatan que Diego de Almagro fundó a distancia la villa de San Francisco de Quito, el 28 de agosto de 1534 en el sitio de Riobamba. En esa fecha se nombró al Cabildo que constaba de dos alcaldes y ocho regidores. Entonces, se encargó al capitán teniente Sebastián de Benalcázar establecer la nueva villa, según documentos de Cieza de León.

La fundación efectiva de la villa de San Francisco de Quito en el territorio de la actual capital de Ecuador se realizó el 6 de diciembre de 1534. El 4 de diciembre, Benalcázar y sus tropas llegaron a la llanura de Turubamba, donde probablemente descansaron el sábado 5. Al siguiente día, avanzaron hacia Quito y entraron por la actual calle Maldonado hasta El Panecillo.

El domingo 6, en Quito, se posesionó a las autoridades del Cabildo nombradas por Diego de Almagro: Juan de Ampudia y Diego de Tapia, alcaldes, y como regidores Pedro de Puelles, Pedro de Añasco, Rodrigo Núñez, Juan de Padilla, Alonso Hernández, Diego Martín de Utreras, Juan de Espinosa y Melchor de Valdés.

Además, se registraron ante el escribano a 204 pobladores, quienes constan como los primeros vecinos de la villa. Así pasó San Francisco del papel a la realidad sobre el sitio que los “yndios llaman Quyto”.

La cocina quiteña vive en huecas y mercados

Redacción Tendencias (I)

La oferta culinaria de Quito, al ser la capital de un país reconocido por su diversidad natural y cultural, es riquísima. Los principales exponentes se encuentran en mercados, negocios familiares y restaurantes de corte urbano y casual.

Mauricio Armendáris, presidente de la Asociación de Chefs del Ecuador (ACE), dice que para entender la gastronomía quiteña “es importante saber de dónde venimos”. La cocina de la capital tiene cuatro principales momentos: prehispánico, colonial, republicano y contemporáneo.

En dulce sirve productos de cafetería tradicional, como los envueltos, y propuestas de panes quiteños. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

En un estudio turístico, la ACE descubrió que la mayoría de hoteles y restaurantes servía locro de papas. Este plato, por ejemplo, nació en la época prehispánica como un cocido de papas, agua y ají. Con la llegada de los españoles se le agregó sofrito y lácteos.

“Hay un mercado importante para la cocina quiteña en la ciudad; está en los mercados y en los emprendimientos culinarios”, asegura Armendáris.

Cada año, Quito Turismo entrega el Distintivo Q a negocios que cuentan con parámetros de calidad gastronómica, sostenibilidad, calidad turística y bioseguridad.

Dentro de ello se reconoce a las Huecas Patrimoniales, es decir, establecimientos que mantienen recetas tradicionales. La Casa del Librillo, En Dulce y Restaurante David son algunos de ellos.

“Nuestra historia empieza en 1930, cuando mi abuelita empezó a vender mote con chicharrón en el Churo de la Alameda”, cuenta Jacqueline Cóndor, propietaria de La Casa del Librillo. Hace 35 años, la familia abrió un restaurante en el Inca y amplió la oferta.

El plato de mote con chicharrón tiene una larga historia en el restaurante La Casa del Librillo. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

“Ahora somos parte de la identidad de la ciudad. Tenemos clientes vienen desde niños”, relata Cóndor.

Restaurante David abrió sus puertas en el Centro Histórico en 1989. Desde 1992, Blanca Chacha le ha puesto su sazón a platos como seco de chivo, caldo de gallina y fritada.

Ahora, su hijo, Miguel Espinosa, administra el local. “Ser reconocidos como Hueca Patrimonial es uno de los principales motores y una responsabilidad”, dice Espinosa.

El caldo de gallina servido en platos de cerámica es uno de los platos estrella de Restaurante David. Foto: Galo Paguay / EL COMERCIO

En Dulce es una propuesta más reciente. La cafetería abrió en 2006 y es dirigida por el chef Franklin Utreras.

“Desde el inicio pensamos en recuperar los sabores tradicionales y las recetas de la abuela”, cuenta.

En este establecimiento se venden productos tradicionales, como humitas, quimbolitos, higos con queso y ponche. Además, hay creaciones, como la cholita quiteña, con queso, y el chullita quiteño, un pan relleno de higo y queso.

“Este tipo de negocios han sido más resistentes a efectos externos, sean políticos o económicos. Han demostrado más resiliencia”, concluye Armendáris.

Cuatro sitios con ‘el sello inconfundible’

Betty Beltrán y Ana Guerrero (I)

En la emblemática canción El Chullita Quiteño, de Alfredo Carpio, quedaron señalados para siempre cuatro lugares de Quito que “ponen el sello inconfundible de su majestad”. ¿Cuál ha sido el devenir de la Loma Grande, La Guaragua, El Panecillo y la Plaza Grande?

Durante la Colonia, en La Loma vivían las élites. En los años 50 del siglo pasado se concentraban ahí artesanos, maestros, choferes…, dice Valeria Coronel, socióloga de la Flacso.

La Guaragua (en el sentido de “adorno”) fue el nombre que la gente le dio a la calle Galápagos o pasaje Chiriboga. Fotos: archivo / EL COMERCIO

También había presencia de músicos populares. No faltaban las jorgas de jóvenes que, al caer la tarde, en el arco de Santo Domingo tocaban bandolín y guitarra y en la noche daban serenatas.

Hoy, “el barrio de la Loma Grande ha desmejorado mucho”, asegura Efrén Cuesta, presidente del vecindario de unos 12 000 habitantes.

La delincuencia se ha tomado puntos estratégicos; la mendicidad y el alcoholismo aumentan la tensión. “Muchas casas son renteras, de alquileres bajos”, apunta el dirigente.

Coronel agrega que hubo un intento de regeneración que no fue exitoso, porque no fue incluyente con las familias.

Otro proyecto que busca devolver el encanto a un sitio emblemático es el que se desarrolla, desde el 2018, en La Guaragua. Ese es el nombre que la gente le dio al pasaje Chiriboga o calle Galápagos. El Municipio pintó fachadas e implementó iluminación. El tramo que se intervino fue de 150 m. El lugar se denominó Paseo de las Artes La Guaragua.

Gerardo Zabala, de 70 años, conocido por la fabricación de trompos en La Ronda, recuerda que en La Guaragua había restaurantes y sitios de bohemia y no faltaban las partidas de 40. Era un espacio habitado y frecuentado por artistas.

A sus 85 años, el vecino Jaime Pazmiño tiene presente que en los años 60 “se coreaba el ¡Viva Quito! y disfrutábamos de la tradicional serenata quiteña, que era con el inolvidable dúo Benítez y Valencia”.

Tiene nostalgia por las corridas de toros en la plaza Arenas, vecina de La Guaragua, donde participó su hermano Gustavo, el ‘Señorito de San Blas’.

Son barrios de historia, relativamente, reciente. Pero Quito se ha construido también desde espacios emblemáticos antiguos, como El Panecillo. Los ancestros lo conocieron como Yavirac, el cerro sagrado para adorar a los dioses. También fue un fuerte militar español, burlado por los patriotas en la batalla del 24 de Mayo de 1822.

El Panecillo (cerro Yavirac) tiene en su cima el monumento de la Virgen alada de Quito, desde 1975.

Pese a su valor, “este sector no está integrado socialmente y más bien está asociado a experiencias peligrosas”, comenta la socióloga Coronel.

El Panecillo está dividido en 14 sectores. Gladys Torres, secretaria de Coordinación del Cabildo El Panecillo, asegura que por los años 40 “se lo declaró parque nacional y se hicieron expropiaciones, pero transcurridos 80 años nada ha pasado; más bien, la inseguridad ha aumentado”.

Según la dirigente, hay un plan de mejoras con un parque, iluminación y accesos. “Urge el rescate”, insiste. “Es un ícono del país, basta ver una postal de El Panecillo para saber que estás en Quito o en Ecuador”.

Otra postal inconfundible es la Plaza Grande. Fue parte de la división inicial de la ciudad, trazada hacia 1534. Héctor López, especialista en arquitectura patrimonial, explica que la plaza servía para el desposte de animales y para mercado. El presidente Gabriel García Moreno ajardinó el espacio.

La Plaza Grande (Plaza Mayor) alberga al monumento a la Independencia desde agosto de 1906.

En el centro de la plaza hubo una pileta de agua. Hacia finales del siglo XIX se erigió a un monumento a Colón. En 1894 se encargó el diseño de otro, dedicado a la Independencia, al salesiano Juan Bautista Minghetti. El monumento, basado en ese diseño, lo construyeron Lorenzo Durini y su hijo Francisco; fue inaugurado el 10 de agosto de 1906.

La Plaza Grande, donde se asienta el Palacio de Gobierno, ha sido escenario de magnicidios, revueltas, batallas, protestas. Y también el lugar donde caminaron personajes emblemáticos… Gerardo Zabala tiene presente sus días de niñez y juventud recorriendo la plaza con su padre, hoy de 103 años. En más de una ocasión se cruzaron con La Torera, “suficiente para que sea un lugar inolvidable”.

La serenata pasó del balcón a lo virtual

Diego Bravo. Redactor (I)

En los últimos 70 años las serenatas quiteñas han experimentado cambios que van desde lo más simple, como las canciones interpretadas bajo los balcones de las casas del Centro Histórico, hasta los conciertos y presentaciones móviles que ahora miles de personas siguen en vivo por las redes sociales.

Antes de que en 1961 se oficializaran las fiestas de Quito, cuando el popular dúo Benítez y Valencia cantó albazos y pasacalles en la Plaza Grande, desde el atrio de La Catedral, la gente ya tenía en las serenatas un espacio para hablar principalmente sobre el amor y los corazones rotos, cuenta el investigador Mario Godoy.

El dúo Benítez y Valencia en una serenata en la calle Morales (La Ronda) en los años 60 (izquierda). La forma de festejar con música ha cambiado. Debido al covid-19, se ha potenciado el uso de internet.

En los años 20, 30, 40 y 50, en las esquinas, plazas y calles de los tradicionales sectores de San Marcos, la Loma Grande, La Ronda, El Panecillo, San Roque y La Tola era frecuente escuchar a grupos de jóvenes que interpretaban serenatas frente a las viviendas de sus enamoradas, madres, abuelas o rindiendo homenajes a gremios deportivos, reinas o dirigentes barriales.

El repertorio de esos encuentros bohemios incluía valses, pasillos, tangos, boleros y la última canción podía ser un ritmo ecuatoriano como pasacalle, sanjuanito o albazo.

A mediados de los 50, los músicos locales apostaron por el formato de tríos, similar al de los mexicanos Los Panchos, que se convirtió en la esencia del amor que sentían los novios o esposos.

A eso se suma que adquirieron protagonismo las Estudiantinas, un ensamble en el que se mezcla el sonido de los bandolines, bandolas y guitarras. “Los jóvenes no tenían televisión, lo único que hacían era reunirse y se inspiraban para tocar música romántica en la madrugada”, acota Godoy.

En los años 60 -narra el historiador Rafael Racines- los adolescentes organizaban las serenatas con las baladas de los cantantes extranjeros de moda en ese tiempo como Alberto Vásquez, Enrique Guzmán, César Costa, Sandro… A la vez interpretaban con guitarra la música de artistas nacionales que hasta hoy son referentes como Carlota Jaramillo, el dúo Benítez y Valencia, las hermanas Mendoza Suasti.

“A mediados de los 60 apareció la cumbia colombiana. Luego surgieron agrupaciones quiteñas como Don Medardo y sus Players y los Hermanos Vaca, que eran las más famosas”, rememora Racines.

En la década de 1970 era usual que en cada vecindario se organicen bailes populares y se contraten orquestas, recuerda Tito Sangucho, director de la banda Los Titos. “Comenzamos con las fiestas de Quito en nuestro barrio que era muy apagado, en la Colón y Versalles. Preparamos unos canelazos con nuestros familiares y dimos un concierto para los vecinos”.

Con nostalgia, el músico recuerda que antes era frecuente encontrar presentaciones con orquestas en cada vecindario. Los moradores recolectaban dinero y contrataban los grupos. “La gente iba de barrio en barrio. Bailaba unas cuantas canciones en un sitio y luego se movilizaba a otro siempre tomándose un canelazo”.

Con la aparición del disco móvil se dejó de contratar orquestas. Luego comenzaron a llegar cantantes internacionales que acaparaban los conciertos en sitios de concentración masiva como el parque La Carolina o la Tribuna del Sur.

Este año, por la emergencia sanitaria causada por el covid-19, el Cabildo ha organizado conciertos móviles en plataformas que recorren los barrios. Cada presentación se transmite por redes sociales. Los músicos nacionales esperan que se supere la pandemia y aspiran presentarse como lo hacían antes, en vivo y en directo.

El Metro será el eje de la movilidad en el 2021

Daniel Romero. Redactor (I)

A finales de marzo del 2021, la construcción del Metro de Quito concluirá. Con esto, la obra más grande de la ciudad entra en la recta final para el inicio de su operación.

Autoridades y expertos consideran que este sistema de transporte se convertirá en la columna vertebral de la movilidad en el Distrito Metropolitano.

Un tren del Metro Quito llegó a la Estación El Labrador con energía propia el 30 de octubre del 2020. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO

De hecho, la Ordenanza con la que se creó el Sistema Integrado de Transporte Público (SITP), sancionada el 2 de diciembre del 2020, lo define así en la exposición de motivos.

Edison Yánez, gerente del Metro de Quito, sostiene que falta el acceso a la Universidad Central y el fondo de saco (zona de cambio de sentido de trenes). Para este último, actualmente, se define un diseño que contemple una extensión.

Un tema fundamental es la definición del operador del Metro. Ese proceso se llevará a cabo a la par de la culminación de los trabajos y de las pruebas de funcionamiento.

Yánez dice que se ha presentado al Directorio de la empresa un modelo de alianza cuyo ganador se determinará con un concurso.

Los organismos multilaterales que han financiado la obra recomendaron que sea un operador internacional y a eso apunta la Municipalidad.

Hasta ahora, según Metro de Quito, se han presentado 10 cartas de intención de operadores internacionales que tienen la experiencia para manejar un Metro de las características del de Quito.

El pensar ya en el concurso para el operador fue posible con la definición del modelo tarifario que contempla la nueva Ordenanza.

El Concejo Metropolitano de Quito definió que el pasaje del Metro costará 45 centavos y el uso de todo el sistema integrado, 60 centavos.

Una vez que finalice la obra se espera que las pruebas y el proceso para contar con un operador internacional tomen al menos dos meses más. Es decir, se prevé que el Metro entre en funcionamiento a finales de mayo del 2021.

Sin embargo, el Gerente del Metro menciona que todo dependerá del proceso que se escoja para contar con el operador. Esto porque será el ganador el que defina la apertura, ya que tendrá que avalar las pruebas hechas en el Metro.

Para César Arias, experto en movilidad, este proyecto ha representado un sacrificio en lo económico para la ciudad pero significará una transformación importante.

Cambios contemplados en la Ordenanza como la reestructuración de rutas, según Arias, serán fundamentales. Para el experto, el éxito del Metro es que se interconecten todos los subsistemas sin que se elimine ninguno.

El Metro cuenta con 15 estaciones y cinco de ellas son multimodales. Es decir, tienen una conexión con otros subsistemas de transporte como el del Trolebús y la Ecovía.

Así, en el primer año de operación y debido a la pandemia por el covid-19, se prevé que el Metro movilice a 190 000 pasajeros al día. Esa cantidad aumentará año a año hasta llegar a los 400 000 usuarios.

En Quito, según los datos de la Secretaría de Movilidad, el 72% de la gente se mueve en transporte público. Por eso, a criterio de Yánez, el Metro cambiará el día a día.

En principio, los tiempos de desplazamiento se reducirán. “Así se le podrá devolver una hora a los quiteños para que estén con sus familias u otras actividad”, dice Yánez.

Además, el funcionamiento de este sistema abrirá la posibilidad para la operación de más medios de transporte con energía limpia.

Respecto a ese tema, por ejemplo, la nueva Ordenanza contempla que los otros subsistemas incorporen unidades eléctricas en sus rutas.

De acuerdo con el cronograma, en el 2021, Quito celebrará sus 487 años de fundación con un Metro operativo, que conectará el sur con el norte de la ciudad en 34 minutos.

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