8 de noviembre de 2020 00:00

La Niña presagia realidades distintas para el agro y la pesca

En la comuna San Pedro, en Santa Elena, los pescadores preparan la embarcación para salir de faena. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

En la comuna San Pedro, en Santa Elena, los pescadores preparan la embarcación para salir de faena. Foto: Enrique Pesantes / EL COMERCIO

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Elena Paucar
Redactora (I)

La próxima siembra de maíz depende de las primeras garúas de diciembre, que suelen marcar el arranque de la estación lluviosa en el Litoral ecuatoriano. Esos cultivos empiezan cada año en los días de Navidad y se extienden hasta mediados de enero.

“Si no llueve no podemos sembrar”, dice Henry Peña, presidente de la Corporación de Maiceros del Ecuador. Es la época esperada para este y otros productos agrícolas, pero los pronósticos advierten el desarrollo de La Niña en el Pacífico tropical.

“La última vez que se presentó fue moderada, no tuvo mayor incidencia -recuerda Peña-. Pero sí hubo un evento muy seco. Los encargados del monitoreo climático deben aclarar qué tipo de fenómeno es y su intensidad para prepararnos”.

La Organización Meteorológica Mundial (OMM) anunció un 90% de probabilidad de este evento hasta enero de 2021 y un impacto entre moderado e intenso. En su predicción hace un llamado a los gobiernos de los países a tomar medidas especiales para reducir sus efectos en medio de la pandemia por covid-19.

La Niña
y El Niño son parte de la Oscilación Decadal del Pacífico. Este sistema alterna fases de calentamiento y enfriamiento cada 20 o 30 años.
Ahora se atraviesa una fase fría, que favorece el desarrollo de La Niña.

Otra señal se produce en el Atlántico Norte. La temporada de huracanes ya superó la lista de los 21 nombres asignados para este año y se tuvo que recurrir al alfabeto griego, no ocurría desde el 2005. Históricamente, este fenómeno coincide con La Niña.

Aunque se origina en la región 3,4 -en el Pacífico central-, su impacto es global. Su presencia implica una serie de alteraciones de los parámetros del océano y la atmósfera como detalla el capitán Othoniel Palacios, director de Oceanografía del Instituto Oceanográfico y Antártico de la Armada.

“Desde agosto hay una disminución en la temperatura superficial del mar (aguas más frías) y se han fortalecido los vientos alisios. Ambos son indicadores de La Niña”, explica según las conclusiones del Comité para el Estudio Regional del Fenómeno El Niño (Erfen), que agrupa a varias entidades climáticas nacionales.

Los datos locales e internacionales fueron corroborados por investigadores a bordo del buque científico Orión. Del 1 al 23 de octubre recolectaron muestras y realizaron mediciones que coinciden, en parte, con los parámetros del Pacífico central.

“Al oeste de las islas Galápagos encontraron valores de 17,4 a 25,8 grados centígrados. Para esta época se esperaría valores de 22 a 26”, indica.

Sin embargo, se mantiene el promedio de temperatura superficial del mar al norte del borde costero, hasta Manta (Manabí). Y en el Golfo de Guayaquil detectaron valores de 1,5 grados por encima de lo habitual.

Aunque en Ecuador La Niña se asocia con sequías, Palacios aclara que no existe un patrón establecido. En algunos años las lluvias se mantuvieron en los promedios y en otros los valores usuales fueron superados.

En su pronóstico para Sudamérica, la OMM advierte la posibilidad de lluvias por encima de lo normal en grandes áreas del norte del continente. Mientras que el sur podría experimentar un déficit.

Lo cierto es que uno de los efectos positivos se relaciona con el aumento de algunas especies pesqueras. El oceanógrafo Franklin Ormaza, docente de la Politécnica del Litoral y asesor científico de la Cámara de Pesquería, explica que esto ocurre por el posicionamiento de las corrientes de Humboldt y Cromwell.

“Inyectan cerca de 42 millones de metros cúbicos de agua por segundo a nuestras costas. Significan toneladas de nitrógeno y fósforo que, con la radiación solar, producen la fotosíntesis”. La energía solar se transforma en fitoplancton y zooplancton, la base de la cadena trófica.

Las especies con un contenido de grasa del 4 al 5% de su peso encuentran condiciones favorables en bajas temperaturas. Es el caso de la merluza, el calamar, el atún patudo, el picudo, que son capturados localmente.

“Se puede decir que el próximo año será bueno para la pesca -dice Ormaza-, aunque todo depende de cómo se pesque. Se están generando mares más correntosos, con vientos y mayores olas; nuestras flotas pesqueras tienen complicaciones en estas condiciones”.

La intensidad de los vientos se repite en maizales de Ventanas (Los Ríos), donde se cultivan 45 000 de las 250 000 hectáreas del país. Peña asegura que es inusual en esta época, pero confía en que no frenará las lluvias. “Nos guiamos por la luna y el sol. Parece que será un invierno normal. Y este año, en pleno verano, San Pedro ya nos envió dos aguaceros”.

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