13 de febrero de 2019 00:00

Expectativa de vida en Ecuador será de 74 y 80 años en 2020

La tendencia en Ecuador exige que las personas cuiden más de su salud

Imagen referencial. La tendencia en Ecuador exige que las personas cuiden más de su salud. Foto: Pixabay

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Valeria Heredia y
Mariela Rosero (I)

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Con 76 años, el médico y exrector de la Universidad Central, Édgar Samaniego, no ve a la vejez como a una enemiga. Ni siquiera como un ‘sinónimo’ de enfermedades. Dejando de lado una de sus ocupaciones diarias -arreglo del techo de su casa, construcción de una vivienda para su hija menor o cuidado de plantas- dice que se trata apenas de una etapa de la vida más susceptible a procesos biológicos de deterioro.

En Ecuador, como en la región, médicos y demografistas recomiendan hacer planes a largo plazo. ¿Por qué? La esperanza de vida sube. En el país, las proyecciones del INEC muestran que el ecuatoriano se acerca a soplar la velita número 80. Para el 2020, las mujeres alcanzarán esa edad y los hombres los 74 (ver gráfico).

Aunque eso no significa que el país ya esté a la par de Chile, en donde superan los 80 años, según los registros de expectativa de vida de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La población de América ha ganado 16 años de vida, en promedio, en los últimos 45 años. En el continente, dice la Organización Panamericana de la Salud, se puede bordear los 75 años. Pero aún los males cardiovasculares, respiratorios crónicos, cáncer y diabetes siguen provocando muertes.

La mayoría de los habitantes tiene entre 0 y 29 años (58%)


“Hay dos escenarios para los que hay que prepararse: llegar a la vejez como una persona saludable o con múltiples problemas de salud”, apunta Carlos Montenegro, médico internista del Hospital del IESS, Carlos Andrade Marín.

La higiene, el acceso a servicios básicos como agua potable y a los avances médicos son -dice- factores que permiten que la vida se prolongue.

Pero alerta: se requiere llevar un ritmo más saludable, en lo físico y mental, para contrarrestar enfermedades de alta prevalencia en el país, relacionadas con obesidad, hipertensión, dislipidemia, infecciones respiratorias e intestinales.

“Hay un montón de condiciones que nos ayudan a estar más jóvenes que antes. Años atrás, a los 40, la mujer ya era una abuela”, lo comenta Alegría Crespo, educadora, que comparte en Twitter mensajes de motivación entre más de 12 000 seguidores. Hace seis años volvió al deporte tras alejarse por la maternidad; corre tres veces por semana y participa en carreras atléticas. Con 43 años, su esposo, dos mellizos de 19 y una hija de 13 se siente en la plenitud de su vida. Sacó su maestría, publicó su primer libro y va por el segundo.

Ecuador enfrenta un cambio drástico poblacional, que se conoce como bono demográfico. Se trata de la concentración de adultos jóvenes en la Población Económicamente Activa (PEA). Lo explica César Ulloa, catedrático de la Universidad de las Américas (UDLA).

“Ecuador nunca antes tuvo una fuerza de trabajo joven”, remarca. Pero no hay suficientes plazas para que jóvenes adultos ingresen al ámbito laboral. Por ello, los índices de desempleo y subempleo se concentran en ese grupo.

Ecuador -explica Ulloa- aún no ha logrado diseñar una política pública encaminada al desarrollo de emprendimientos y de educación dirigida a jóvenes y adultos jóvenes.

El Estado debe solventar estas faltas, ya que estas generaciones sienten gran motivación por profesionalizarse.  Hoy no se logra pensar -señala- en un joven que no estudie una carrera universitaria.

Pero ellos, según Ulloa, son parte de una dinámica de consumo, opuesta a la tradicional. Buscan flexibilización en lo laboral, ser sus propios jefes y vincularse a proyectos de tipo social, ambiental o derechos humanos. Y también en sus relaciones hay diferentes formas de unión, no tradicionales como el matrimonio.

Según el INEC, la tasa de fecundidad ha pasado de seis hijos en 1965 a dos, desde el 2010; y será uno al 2050.

Marco Santorum y Mayra Carrión son docentes-investigadores de 37 años. No solo comparten un profundo amor, que les llevó a formar una familia, además buscan ayudar a la comunidad. Llevan adelante un proyecto de alfabetización digital para adultos mayores y personas con discapacidad. Lo ejecutan desde el 2014, en la Politécnica Nacional.

La idea surgió en Francia, en un viaje. En ese país, con una esperanza de vida de entre los 80 y 86 años, evidenciaron que los adultos mayores estaban incluidos en la fuerza laboral sin problemas. Y pensaron que Ecuador aún está a tiempo de formar a los menos jóvenes en materia de tecnología.

“Somos una población joven en comparación con la de Europa. Allá se ve al adulto mayor en las oficinas, necesitamos formar a ese segmento”.

Hilda Sampedro, actriz y locutora, se inscribió en ese curso de alfabetización digital. Tiene 77 años y “toda una vida para seguir aprendiendo. Nada detuvo mi anhelo de conocer sobre informática”.

Ella aprendió desde cero: a encender la computadora y luego a manejar programas como Excel y Word. Fue especial abrir su correo electrónico. “Lo más complicado fue guardar archivos”, cuenta.

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