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Educación fiscal y particular se acomodan a las circunstancias

Cortesía Las calificaciones de Paula no han bajado de 9 sobre 10, en este último mes.

Cortesía Las calificaciones de Paula no han bajado de 9 sobre 10, en este último mes.

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Las calificaciones de Paula no han bajado de 9 sobre 10, en este último mes. Foto: Cortesía

Un mes y 11 días llevan los alumnos de Sierra y Amazonía con ‘clases no presenciales’, por la emergencia causada por el covid-19. En este tiempo, se ha podido ver que los sistemas de educación pública y privada funcionan como las dos caras de una misma moneda.

La rutina de Paula, como la de la mayoría de chicos, cambió. La niña de cuarto de Básica de un plantel particular se despierta 10 minutos antes de las 09:00, para su primera clase a través de Zoom, cuenta su padre, Paulo Santana, desde su vivienda en Calderón.

Muy cerca de ellos viven Elizabeth y Evelin, de 11 y 15 años. Se levantan a las 07:00, tienden su cama, se bañan y empiezan a realizar los deberes que les envían en su plantel fiscal.

El papá de Paula es arquitecto y su madre administra un proyecto internacional. Trabajan en casa desde que se declaró la emergencia. Mientras, los padres de Elizabeth y Evelin, son un albañil y una fabricante y comerciante de guaipes. Por lo que se han quedado sin ingresos en este tiempo.

Diferencias como estas marcan la brecha entre alumnos de escuelas particulares y públicas, reflexiona Anna Vohlonen, especialista de educación de Unicef Ecuador.

Si se toman en cuenta factores asociados al aprendizaje como nivel de pobreza de las familias de alumnos y los años de escolaridad de padres se ve una diferencia, precisa Voh­lonen. No solo es la escuela, son determinantes las condiciones de los hogares.

“En este momento de emergencia incluso existe un mayor impacto, por el incremento de pobreza y de desempleo”.

Fausto Vera, padre de Elizabeth y Evelin, admite: “Ya no hay plata para hacer recargas”. Se refiere a que ya no cuenta con saldo en su celular para que sus hijas se conecten a Internet, para hacer las tareas. No disponen de computador.

Para estos alumnos del sistema fiscal, señala el Ministerio de Educación, está disponible contenido en radio y televisión. En las mañanas se transmiten 20 minutos, en el primer medio, para niños de preescolar a séptimo año. Al mediodía, en el mismo período, las ‘radioclases’ son para octavo año a tercero de Bachillerato.

Evelin estudia casi solo en sus libros; si necesita Internet le pide el celular a su papá. Foto: Cortesía

Y en las tardes se ofrece un refuerzo también radial. En televisión local y cableoperadoras, de lunes a viernes, existe un espacio, desde las 15:00 hasta las 16:00. Además hay una plataforma, con actividades y links. Para chicos de planteles intercultuarles bilingües entregarán guías de apoyo.

La especialista de Unicef dice que en la emergencia, la tarea del sistema educativo es potenciar lo que existe en los hogares y no generar estrés, con tareas que sobrepasan las capacidades de los hogares.

“Sería muy importante aprovechar la oportunidad de cambiar la forma de educar y el concepto de la educación. Pero seguimos promoviendo actividades como copiar y de memorización”, dice la delegada de Unicef.

La ministra de Educación, Monserrat Creamer, ha insistido en que no se deben pedir más recursos de los disponibles en hogares de las familias. Sin embargo, padres aseguran que esto no se cumple.

Los representantes de chicos de segundo de Bachillerato de un establecimiento fiscal de Quito, por ejemplo, se angustiaron al recibir el informe de evaluación de filosofía.

Durante las últimas cuatro semanas, cada vez menos alumnos entregaron las tareas.

En la tercera semana, en el informe se registra que de los 28 chicos, solo siete hicieron tareas. En la cuarta semana hubo una prueba en línea, que 18 estudiantes no rindieron.

Los padres de Paula compartieron con este Diario las calificaciones enviadas por la escuela particular. No tiene menos de 9 sobre 10 en ninguna asignatura. Consideran que “se le ha hecho fácil conectarse y seguir aprendiendo”.

Diferencias como estas quedan en evidencia antes de que todos los alumnos del régimen retomen el cronograma escolar, el 4 de mayo. La disposición actual es que se realicen refuerzos, que no se califique y que se guarden las tareas, en el caso de colegios públicos.

Los planteles particulares, en cambio, sí han avanzado con nuevos contenidos a través de clases virtuales.

En Sierra y Amazonía, el año lectivo finalizará en modo no presencial, el 30 de junio. Y en la Costa se iniciará en junio, también desde casa.
En el país hay 4,4 millones de alumnos, de los cuales el 74% está inscrito en instituciones fiscales. Un millón de alumnos estudia en zonas rurales.

Harvey Sánchez preside la Agencia Latinoamericana de Evaluación y Política Pública y es consejero técnico de la Unesco. Coincide en que el aislamiento abre más puertas para la desigualdad de oportunidades de niños y jóvenes.

“Si en ‘tiempos normales’ la escuela pública reproduce la desigualdad, en esta época de contingencia no deberían mantener situaciones que la profundizan”, dice el experto.

En Ecuador -sostiene Sánchez, quien dirigió el Instituto Nacional de Evaluación (Ineval)- la brecha entre los resultados de aprendizaje de alumnos de escuelas fiscales y privadas es bastante amplia.

En cuarto grado -precisa- alcanza los 47 puntos; en séptimo, 34; en décimo, 54 y en tercero de bachillerato, 44. “50 puntos de diferencia equivalen a un quimestre de clases, aproximadamente”.

Esta realidad se profundiza en las provincias amazónicas y en las de la Costa, principalmente en Esmeraldas, agrega.

“Mami, explícame tú, así entiendo lo que dice el libro”, le repite Mateo, de plantel privado, a su mamá María. Ella dice que en este tiempo los padres aprenden a ser maestros.

Sin embargo, existe una diferencia entre educar y enseñar, comenta la investigadora del área de Educación de la Universidad Andina, Soledad Mena. “Todos podemos educar, tenemos conocimientos, pero enseñar es algo que hacen los profesores, no los padres”.

La investigadora contó que trabaja con docentes fiscales a los que se les pide que envíen planificaciones vía WhatsApp para que los padres sin conectividad enseñen a sus hijos.

Para la ministra Monserrat Creamer se trata de diversas alternativas, que han buscado, para que los alumnos no se queden sin el contacto diario con los profesores.

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