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Universidad del Azuay forma a 115 migrantes para sacarlos del desempleo

La formación es gratuita y forma parte de un plan piloto. Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO

El venezolano Elihu Abreo llegó a Ecuador hace tres años, continuó sus estudios en Cuenca y en julio pasado terminó el bachillerato. No pudo seguir una carrera universitaria, pero está aprendiendo mecánica básica en la Universidad del Azuay (UDA).

Este joven de 19 años es parte de los 115 estudiantes de uno de los siete talleres en oficios que oferta este centro superior a través del programa Educa sin Límites, con el apoyo económico de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).  

Esta fase piloto empezó el pasado 27 de septiembre, la formación es gratuita y los beneficiarios son los extranjeros jóvenes en situación de movilidad y nacionales en vulnerabilidad. La mayoría es venezolano, hay un colombiano, un haitiano y unos pocos ecuatorianos.  

La iniciativa fue impulsada tras identificar que Cuenca es la tercera ciudad del país con mayor acogida de venezolanos. De los 500 000 ciudadanos en movilidad que están en Ecuador, más de 15 000 viven en esta urbe y la mayoría es joven y no tiene trabajo.  

Además, la OIM había identificado que el 2020 fue un año de mayor tragedia para los venezolanos por las medidas restrictivas de la pandemia del covid-19 y las inundaciones en Cuenca. Eso afectó más el empleo y muchas familias damnificadas no han podido reponerse.  

Los docentes de la Universidad del Azuay dictan los talleres. Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO

Los beneficiarios de los talleres son jóvenes de entre 19 y 30 años que no han regularizado su situación de permanencia y por eso tampoco pueden trabajar o emprender en lo que saben, explica María Fernanda Rosales, directora de la Escuela de Tecnología en Alimentos de la UDA.

Abreo se enteró del taller por una asociación de migrantes. Antes pensaba trabajar en el día y estudiar en la noche “pero me llegó esta oportunidad”. En los últimos días estaban aprendiendo sobre los circuitos básicos de electromecánica y uso de elementos para soldar.  

Abreo mantenía una absoluta atención sobre el docente, Cristian Jaramillo, y sobre un tablero de múltiples cables. La mecánica es muy útil porque a diario hay demanda de mantenimiento y arreglo de vehículos, dice el joven.  

“Esto es el principio de lo que podría ser una carrera para defenderme en la vida”, comentó. Por la necesidad de empleo la UDA se involucró con dos facultades: la de Ciencia y Tecnología con talleres en mantenimiento automotriz básico y electricidad automotriz.

Cuenca es la tercera ciudad del país con mayor acogida de venezolanos. Foto: Lineida Castillo / EL COMERCIO

Con la Escuela de Tecnología en Alimentos funcionan los talleres en bebidas alcohólicas y no alcohólicas, productos cárnicos, base de cacao, frutas y hortalizas y panadería. Cada uno tiene 150 horas (10 semanas) de capacitación y la mayoría es práctica.  

Las clases son dictadas por docentes de las mismas carreras, con el apoyo de estudiantes, y las prácticas se realizan en los talleres de la universidad, que cuentan con el equipamiento. Con los recursos de la OIM se adquiere la materia prima.  

Al final salen con el título de “Experto en”. Queremos que aprovechen el conocimiento y que sientan que están cerca del empleo, dice el docente Julio Prado.  La UDA es el primer centro superior del país que abrió sus puertas a los migrantes.  

Al principio la demanda de inscritos superó los 260 y escogieron a quienes tienen una carrera o saben algún oficio.

Quisiéramos acogerles a todos para que emprendan y tengan cierta independencia económica, dijo el rector, Francisco Salgado, durante la inauguración del programa.  

Pero ofreció seguir haciendo el mayor esfuerzo para que más personas se preparen. Los talleres con mayor demanda son los relacionados con alimentos. Esto ocurre porque en Cuenca la punta del emprendimiento es el procesamiento de alimentos, explica Rosales.  

Muchos tienen el conocimiento básico, pero les falta mejorar y lo reconoce Carlos Luis Flores. Este venezolano vende secos y comida rápida.  Ahora está fascinado porque ya sabe cortes especiales de carnes, preparación de embutidos y empaque de hamburguesas.  

Para Evelin Astudillo, de la OIM, es valioso involucrar a la academia para fortalecer los procesos de inclusión social y económica de la población en movilidad humana. “El componente académico le da el plus para generar oportunidades, sacar buenos profesionales y seres humanos”.

El programa tiene una asistencia complementaria. A los talleres prácticos de los sábados asisten los estudiantes con sus hijos, de entre cinco y 11 años, que no tienen quien les cuide. Estudiantes de las carreras de Medicina y Educación Básica los asisten en chequeos médicos, juegos y refuerzo escolar.

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