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Un baño de naturaleza es el encanto de Íntag

El valle de Íntag se encuentra al oeste del volcán Cotacachi, en la provincia de Imbabura. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Una paz total y la desconexión de la vida citadina se sienten al llegar al valle de Íntag, ubicado en el suroeste de la provincia de Imbabura. Este lugar está conformado por siete parroquias del cantón Cotacachi y se encuentra a unas tres horas desde la cabecera cantonal.

En este valle existen iniciativas de turismo comunitario, como el de la Asociación de Servidores Turísticos de Íntag (ASTIG). Margarita Espín, promotora turística y parte de este grupo, es la encargada de dar la bienvenida a los visitantes, quienes se adentran en este bosque subtropical, que se encuentra en el Chocó Andino.

Pleno contacto con lo natural

La invitación es a vivir un baño de naturaleza; es decir, sentir el viento del bosque, mirar la vegetación, escuchar el canto de las aves y sonidos de animales y fusionarse con el entorno, dice Espín.

Así se siente, mientras se recorre el sendero hacia la cascada de la Plata, en la parroquia García Moreno. Al lugar se llega tras una caminata de 20 minutos desde la carretera principal.

Esta caída de agua de tonos plateados -de ahí su nombre- está en una peña de rocas, que los visitantes más intrépidos pueden animarse a escalar.

También pueden quedarse en la parte inferior y recibir el golpe de agua, el cual es una recarga energética, que libera del estrés.

El río Íntag recorre el valle. Los visitantes pueden disfrutar de paseos y baños frescos en sus aguas. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

La actividad productiva es parte del turismo

Las mujeres de la zona se han organizado para acompañar en este recorrido, además de mostrar los procesos productivos que se dan en Íntag. Ahí se cultiva plátano, yuca, café y caña de azúcar.

De este último producto hay una ruta especial de moliendas, para conocer el proceso de elaboración de jugo de caña, panela, miel, licor, entre otros. Uno de los molinos artesanales o trapiches visitados es el de Lizandro Ruiz.

Desde la entrada por los cañaverales, se siente el olor del azúcar hirviendo y el propietario está listo a recibir a los turistas con un delicioso jugo de caña, al que se le puede agregar ‘puntas’, si se desea.

Ruiz trabaja en la molienda desde los 15 años, siguiendo la tradición que empezó su abuelo. Todas las semanas se dedica a sacar el jugo de las cañas de su propiedad. Con él elabora panelas, que son las más vendidas, dice.

Quienes conocen las moliendas no podrán evitar salir de ahí con los dulces productos elaborados en ese mismo instante.

La molienda de Lizardo Ruiz acoge a turistas que quieren ser parte del proceso de la caña de azúcar. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

La oferta de alojamiento es limitada pero diversa en cada una de las localidades del valle. Existen hostales y hosterías que brindan ambientes naturales y cómodos.

En la parroquia Peñaherrera está La Isla Hostería, la cual ofrece habitaciones tipo cabañas, con restaurantes al aire libre y espacios de entretenimiento.

En el día, los turistas tienen la opción de pasear por sus amplias áreas verdes, hasta llegar a orillas del río Íntag.

Además, pueden visitar atractivos turísticos de la parroquia, como las aguas termales de Nangulvil. Estas provienen del subsuelo, por lo cual tienen un color cristalino, recalca Espín. Los turistas las visitan también por sus propiedades medicinales.

En las noches, antes de descansar, los viajeros regresan a la hostería para disfrutar de una fogata, con buena música, gracias a Cotobito Espinoza Padilla, gran referente musical de bomba del lugar.

En la hostería se realizan también pequeñas ferias de emprendimientos de los moradores del valle. Una de ellas es Mujeres y Medio Ambiente, conformada por 23 emprendedoras y que tiene más de 30 años de existencia.

Las parroquias de la zona tienen diversos emprendimientos con los cuales impulsan a sus familias. Foto: Julio Estrella / EL COMERCIO

Dentro de ella, hay iniciativas de alimentos elaborados como conservas de frutas, ajíes, café artesanal y licores. Extranjeros que viven en Íntag se han dedicado a emprender de esta forma.

También destacan las artesanías como tejidos de cabuya, adornadas con tintes naturales. Justina Muquinche, que es una de las fundadoras, cuenta que los productos son de gran valor y, por ello, se exportan también.

Por el clima templado de Íntag, se lo puede visitar en cualquier época del año. Quienes llegan a este impresionante lugar siempre recibirán la acogida de su gente.

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