La lucha ciudadana que une al noroccidente de Pichincha por el río Caoní

El río Caoní es uno de los principales afluentes del noroccidente de Pichincha y está en peligro por la contaminación.

La AMT realiza controles periódicos en las calles de Quito.

El río Caoní serpentea por unas montañas verdes y azuladas. Desde lo alto de un mirador uno tiene la impresión de que el río es largo, algo ancho, caudaloso en algunos tramos, de aguas agitadas, en otros; puro y blanco totalmente. Recorre tres cantones: San Miguel de Los Bancos, Pedro Vicente Maldonado y Puerto Quito. Sus hijos tienen agradables recuerdos de vida en ese río, pero ahora sienten temores: está contaminado y pone en riesgo su entorno o ecosistema, como llaman los especialistas.

La comunidad hace un llamado para salvar el río Caoní

El río Caoní es considerado uno de los afluentes más importantes del noroccidente de Pichincha. Es un río pequeño, de unos 70 kilómetros de largo, que va formando un vallecito a lo largo de su trayecto por los tres cantones pichinchanos, lo describe Patricio Espinel, líder de San Miguel de los Bancos. Ese río fue un camino natural que usaron los Yumbos, los Tsáchilas, los Cocaniguas y otros pueblos, recuerda Espinel.

Pero su valor invaluable es que el río y su territorio albergan especies endémicas o en peligro de extinción, dicen los habitantes y científicos que han hecho estudios sobre la biodiversidad.

Emilie Dupuits, profesora de Relaciones Internacionales del Colegio de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ), expone en una presentación que en la zona del Caoní está el 4,93% de la biodiversidad de los anfibios del Ecuador. Esto quiere decir 35 especies.

En la actualidad es un atractivo turístico y ambiental gigante, lo cual en vez de ser una ventaja o beneficio es un problema, porque se está convirtiendo en un patio de Quito, debido a que las tierras se están retaceando o lotizando para urbanizaciones de casas de vacaciones, alerta Espinel.

Según sus datos, cada año se talan 200 hectáreas de bosques para dar paso a las lotizaciones. Esa sobrecarga poblacional ha provocado que las aguas residuales vayan a parar hacia ese y otros ríos de la zona, como el Pitzara o el Blanco, donde desemboca el Caoní.

El río Caoní tiene un trayecto de unos 70 kilómetros que pasa por los tres cantones del noroccidente de Pichincha. Foto: Betty Jumbo / EL COMERCIO

La contaminación del río Caoní

La profesora Dupuits afirma que los moradores comentaron que en ciertas temporadas observan el agua contaminada o que luego de bañarse en el río les aparecen ronchas en la piel o sufren de enfermedades urinarias.

La contaminación está más acentuada en la cabecera cantonal de San Miguel de los Bancos, pero no quiere decir que no haya problemas más abajo, hacia Pedro Vicente o Puerto Quito, indica Espinel.

Por estos problemas, evidenciados con estudios científicos que describiremos más adelante, habitantes del noroccidente de Pichincha crearon la iniciativa colectiva del Chocó Andino Salvemos el Caoní, para evitar más daños a este río y a la población de los tres cantones.

Universidades y organizaciones se unieron para salvar el río Caoní

A fines de 2023, empresarias de los tres cantones motivaron a otros habitantes a hacer algo por el río Caoní. A esa iniciativa Salvemos el Caoní se unieron las universidades USFQ e Internacional del Ecuador (UIDE), el Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos (CEPF, por sus siglas en inglés) y la revista digital Noroccidente Relax y Aventura.

Ese grupo desarrolló investigaciones científicas con nueve puntos de monitoreo desde su nacimiento, en el corazón del río y la desembocadura, en Puerto Quito. Adicionalmente, se hizo un ADN ambiental para buscar cuatro tipo de ranas que registros históricos reportan su presencia en el Caoní y el Chocó Andino.

Hubo dos monitoreos: en la época lluviosa en mayo de 2025 y en la etapa seca en agosto de ese año. Con muestras de laboratorio se analizaron 40 parámetros físico-químicos, incluidos nutrientes, metales pesados y coliformes fecales. También, hubo siete puntos de monitoreo de macroinvertebrados (organismos que viven en el agua, como larvas) que son bioindicadores de la calidad del río.

Los estudios revelaron que los problemas de contaminación son mayores en San Miguel de los Bancos y Pedro Vicente Maldonado que en Puerto Quito. En este último cantón, el río se encuentra en una mejor situación, se encontraron macroinvertebrados a los que se los puede ver con el ojo humano. Eso habla de una buena salud del río.

Emilie Dupuits, Esteban Yerovi, Caroline Gron y Mariuxi Giraldo son parte del colectivo ciudadano Salvemos el Caoní. Foto: Betty Jumbo / EL COMERCIO

El ‘boom’ de las fincas vacacionales

Dupuits revela que la actividad agrícola no es la que más contamina, sino el crecimiento poblacional y fincas vacacionales sin control que se asientan cerca del río y no respetan la franja de protección (de 30 a 50 metros del río, según cada cantón).

Esas nuevas urbanizaciones no cuentan con sistemas de tratamiento de aguas residuales y con los resultados del laboratorio evidenciaron rastros de coliformes fecales, por las descargas de aguas servidas y negras, afirma la profesora.

Los cantones también tienen sistemas de alcantarillado sanitario y plantas de tratamiento obsoletos, lo que agrava más la situación. Tampoco existe un manejo adecuado de la basura, enfatiza Espinel.

¿Por qué el río Caoní no está contaminado en Puerto Quito?

Emilie Dupuits explica que en Puerto Quito hay muchas actividades sostenibles como el turismo, que han impedido una contaminación agresiva. También hay otra buena noticia: el Caoní no está muy dañado, la calidad del agua no es mala y los datos científicos indican que todavía está en una condición para auto depurarse y recuperarse. Se tienen indicadores de que hay que seguir haciendo esfuerzos de conservación.

“Los que vivimos en Quito ya sabemos cómo está el río Machángara. El río Caoni no llega a esos niveles de contaminación, pero los datos nos muestran que sí hay un foco de preocupación y que no deberíamos llegar al punto del Machángara, para tener la alarma de lo que está ocurriendo”, expresa Dupuits.

Esto significa que aún hay tiempo para la remediación. Esa tarea se encuentra en manos de la sociedad civil, con la iniciativa colectiva Salvemos el Caoní, pero también busca que se involucren los municipios de los tres cantones y las autoridades nacionales, como el Ministerio del Ambiente.

En las riberas del Caoní, en Puerto Quito, los habitantes van a bañarse al río los fines de semana. Foto: Betty Jumbo / EL COMERCIO

Los proyectos de los pobladores del Caoní

Localmente, los líderes del proyecto desarrollan varias actividades. Por ejemplo, se hacen campañas de difusión con la revista digital Noroccidente Relax y Aventura, se han hecho concursos de cuentos ilustrados en las escuelas y colegios para que los niños expresen su relación con el río y se crea una red de senderos para las excursiones y la práctica del ciclismo.

Esteban Yerovi, director de la revista Noroccidente Relax y Aventura, cuenta que se capacitan en talleres para el manejo integrado de senderos. El objetivo es crear la ruta, que comprende todo el lecho del río Caoní, desde su nacimiento en San Miguel de los Bancos, hasta su desembocadura en Piedra de Vapor en el cantón Puerto Quito.

Esta fue seleccionada por el Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos y la fundación World Trails Network – Hub For the Americas, para que forme parte de una red de senderos ecoturísticos, sostenibles y auto sustentables continental. Esta red pretende conectar, fomentar y fortalecer senderos ecoturísticos que tengan como fin común la conservación y la sostenibilidad ecológica y productiva, a lo largo de todo el continente. 

La suiza Caroline Grob, quien vive desde hace 15 años en Puerto Quito, y Mariuxi Giraldo, de Pedro Vicente Maldonado, son dos mujeres empoderadas por salvar el Caoní a través del turismo y de las artes. Grob tiene cabañas turísticas cerca del afluente, mientras que Giraldo enseña a dibujar el Caoní a los niños y a descubrir los anfibios en recorridos nocturnos en la finca de sus padres.

El ciclismo es otra manera de salvar el río Caoní

El Caoní tiene senderos para la práctica del ciclismo en varias rutas. Foto: Betty Jumbo / EL COMERCIO

Erik Zechner, un guía de ciclismo y dueño de una finca en San Miguel de los Bancos, se unió para salvar el río con lo que le gusta hacer: subirse a su bici y recorrer el Caoní.

Mientras se escucha el rumor del agua del Caoní por todas partes, Zechner cuenta que en la zona se practica mucho el ciclismo. No solo acuden los habitantes del noroccidente; también llegan de Santo Domingo de los Tsáchilas y Quevedo. Se hacen tours y competencias durante el año. “Con (Richard) Carapaz, todo mundo quiere hacer ciclismo”, resume Zechner esta nueva afición.

Hay rutas de 25 kilómetros hasta la cascada Caimán o de la 50 kilómetros, que termina de una hora y media a dos horas en Puerto Quito. Incluso, los niños pueden hacer ciclismo para salvar el Caoní, dice.

Cómo nace el río Caoní

El Jefe del Cuerpo de Bomberos de San Miguel de los Bancos siente la emoción de un niño cuando cuenta cómo nació el río Caoní en la cabecera cantonal de este territorio del Noroccidente de Pichincha. De memoria va contando que de niño, cuando estaba en la escuela, tomaba agua de una especie de chorro o vertiente que nace en el centro poblado. Se llama Patricio Flores y también está involucrado en la lucha por salvar el río Caoní.

De uniforme rojo y con su mano señala el sitio de nacimiento de la primera de las tres vertientes -que juntas- forman aguas abajo el río Caoní. En ese lugar está el semáforo del barrio 6 de Diciembre, conocido como Cuatro Esquinas.

Solo se ven viviendas y están encima de la vertiente, que fue entubada para dar paso a las construcciones. Flores muestra el camino, que va a dar hacia un pequeño callejón rodeado de árboles. Más abajo se une con las otras dos vertientes hasta que finalmente comienza a fluir el Caoní, mientras recibe en su lecho las descargas residuales, llantas y basura.

En esta esquina del semáforo, debajo del cemento, en la cabecera cantonal de San Miguel de los Bancos, nace una de las tres vertientes que forman el Caoní. Foto: Betty Jumbo / EL COMERCIO

El llamado a las autoridades para que salven el río Caoní

El colectivo del Chocó Andino Salvemos el Caoní busca que los alcaldes de los tres municipios del noroccidente de Pichincha y otras autoridades se unan a la recuperación del río.

Emilie Dupuits asegura que el río Caoní no cuenta con ningún mecanismo de conservación en el ámbito estatal y ni siquiera es parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas. Su cuenca tiene 49 351 hectáreas.

El territorio del Caoní está al borde o zona de transición de la Reserva de Biósfera del Chocó Andino de Pichincha, creada en 2018 por la Unesco.

Espinel destaca que tienen áreas importantes de aves, con 400 especies, como los tucanes; osos de anteojos, pumas, ranas de Cristal o la lagartija Pinocho. Dice que por Mindo, que ha ganado hasta en cinco ocasiones el conteo navideño de aves, los ha puesto en el mapa mundial por biodiversidad, por lo que se deben ejecutar acciones para preservar lo que hay.

Por esa riqueza, Dupuits, Espinel y Yerovi creen que la participación de los municipios es vital para crear políticas locales de conservación del afluente. Es vital el apoyo institucional para crear gobernanza y que todos los actores estén involucrados, no solo la sociedad civil o la academia.

Precisamente, los tres municipios tienen en sus manos una propuesta de ordenanza para la declaratoria como Área de Conservación y Uso Sostenible (ACUS). Así se pueden conservar los bosques de las riberas y evitar la deforestación.

Más información sobre el Chocó Andino y su biodiversidad


Preguntas frecuentes sobre la iniciativa colectiva Salvemos el Caoní

❓ ¿Qué es la iniciativa Salvemos el Caoní?

Es una iniciativa colectiva ciudadana del Chocó Andino, impulsada a fines de 2023 por habitantes y empresarias del noroccidente de Pichincha para proteger el río Caoní. A la iniciativa se unieron las universidades USFQ y UIDE, el Fondo de Alianzas para los Ecosistemas Críticos (CEPF) y la revista digital Noroccidente Relax y Aventura. Juntos han desarrollado investigaciones científicas, monitoreo de la calidad del agua y proyectos de senderismo y ciclismo para promover la conservación del río.

❓ ¿Por qué está contaminado el río Caoní?

La principal causa no es la actividad agrícola, sino el crecimiento poblacional descontrolado y las urbanizaciones vacacionales que no respetan la franja de protección del río. Cada año se talan 200 hectáreas de bosque para lotizaciones que carecen de sistemas de tratamiento de aguas residuales, lo que provoca descargas de aguas servidas y coliformes fecales en el agua. A esto se suma que los sistemas de alcantarillado de los cantones están obsoletos y no existe un relleno sanitario para el manejo de basura.

❓ ¿Qué cantones atraviesa el río Caoní?

El río Caoní recorre tres cantones del noroccidente de Pichincha: San Miguel de Los Bancos, Pedro Vicente Maldonado y Puerto Quito. Tiene unos 70 kilómetros de longitud y nace en la cabecera cantonal de San Miguel de los Bancos, a partir de tres vertientes que se unen, hasta desembocar en el sector Piedra de Vapor, en Puerto Quito.


❓ ¿Qué cantón tiene el río Caoní en mejor estado de conservación?

Puerto Quito es el cantón donde el río Caoní se encuentra en mejor condición, con presencia visible de macroinvertebrados que indican buena salud del agua. Según la profesora Emilie Dupuits, esto se debe a que en Puerto Quito predominan actividades sostenibles como el turismo, que han evitado una contaminación agresiva. En cambio, los problemas son mayores en San Miguel de los Bancos y Pedro Vicente Maldonado.

❓ Qué biodiversidad alberga el ecosistema del río Caoní

El territorio del Caoní alberga el 4,93% de la biodiversidad de anfibios del Ecuador, equivalente a 35 especies, además de 400 especies de aves y fauna como osos de anteojos y pumas. El río está en la zona de transición de la Reserva de Biósfera del Chocó Andino de Pichincha, declarada por la Unesco en 2018, pero no cuenta con ningún mecanismo estatal de conservación ni forma parte del Sistema Nacional de Áreas Protegidas.