
El océano Pacífico se presenta más cálido y su monitoreo en los próximos dos meses será decisivo para saber si hay un acoplamiento pleno de las condiciones del mar con la estación lluviosa de Ecuador, para el desarrollo del fenómeno de El Niño en el territorio ecuatoriano. Mientras tanto, el Instituto Oceanográfico y Antártico de la Armada del Ecuador (Inocar) iniciará este viernes 28 de agosto de 2026 su tercer crucero para continuar con su observación científica.
El Comité Nacional para el Estudio Regional del Fenómeno El Niño (Erfen) señala en su informe técnico de 20 de agosto que el acoplamiento océano-atmósfera está establecido y se fortalece a escala del Pacífico, pero “no se manifiesta de manera sostenida sobre nuestro territorio ecuatoriano”.
El Erfen también informa que la temperatura del mar aumentó 4 grados frente a las costas ecuatorianas. Específicamente, se refiere a la región conocida como El Niño 1+2, la cual se ubica delante de Ecuador y el norte de Perú.
Ese aumento se ha traducido en temperaturas superficiales del mar que oscilan entre los 24 y los 28 grados, explica el capitán Carlos Perugachi, director de Oceanografía y Meteorología Marina del Inocar, con base en el monitoreo más reciente de los científicos de la entidad.
Por ejemplo, en la zona sur de Ecuador se registraron 24 grados, mientras que en el centro se reportaron 26 grados y en la provincia de Esmeraldas se alcanzaron los 28 grados. En la región insular de Galápagos, el agua se mantiene entre 25 y 26 grados.
Para agosto estos valores deberían ser considerablemente más bajos. En la zona sur del país la anomalía llega a 4 grados: en lugar de los 24 o 25 grados actuales, la temperatura debería rondar los 20 grados. En Esmeraldas la diferencia es de 2 grados, con un valor esperado cercano a los 26 grados. En Galápagos la anomalía se ubica entre 3 y 4 grados, ya que debería estar entre 22 y 23 grados.
Este comportamiento evidencia un calentamiento persistente del mar por el fenómeno de El Niño, por el cual 17 provincias de Ecuador están en alerta naranja.
Perugachi también comenta que en Ecuador se monitorea el indicador nacional denominado Índice Ecuatoriano para el Fenómeno de El Niño (IEFEN); se realiza cada semana para conocer la evolución de las condiciones. En la última semana del registro, del 19 de agosto, la temperatura superficial del mar en el área frente a las costas del Ecuador oscila de forma promedio los 24.8 grados. La anomalía es de 4 grados forma general.
Más alejado de las costas ecuatorianas, hacia el Pacífico Central, en la zona conocida como El Niño 3.4, la temperatura sube a 29 grados con una anomalía de 2.5 grados. Esta última zona es la que utilizan agencias internacionales como la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés), el Buró de Australia y otras agencias para estudiar a El Niño.
El técnico del Inocar resalta que el análisis del indicador de Ecuador sobre el fenómeno de El Niño se centra en estos tres factores: las condiciones locales frente a Ecuador, la estacionalidad climática y el comportamiento del Pacífico Central.
El Director de Oceanografía del Inocar explica que para hacer una comparación del actual fenómeno de El Niño con los de 1997-1998 y 1982-1983 que hubo en Ecuador se toman en cuenta tres niveles: oceanográfico, atmosférico y de profundidad, además del nivel superficial. En la región Niño 1+2, la más cercana a las costas ecuatorianas, el comportamiento actual se asemeja al registrado en 1997-1998.
Con el evento de 1982-1983- que fue de carácter muy fuerte- existe una diferencia de tiempo. El calentamiento de 2026 arrancó en enero, mientras que en 1982 el proceso empezó recién en junio. Con el evento de 2023-2024 la evolución fue similar hasta julio, último mes con registros comparables disponibles.
A nivel superficial, julio de 2023 y julio de 1997 muestran condiciones parecidas a las actuales. Sin embargo, la respuesta de cada evento fue distinta: en 2023 casi no hubo lluvias asociadas al fenómeno, con un déficit de precipitaciones para 2024. En 1997-1998, en cambio, las lluvias aumentaron de forma notable y provocaron afectaciones importantes. Por esta razón, la temperatura superficial por sí sola no permite anticipar cuál de los dos escenarios se repetirá.
El parámetro se relaciona con la anomalía de contenido de calor, que mide el calentamiento del mar en los primeros 300 metros de profundidad. En julio de 1997 este valor llegó a 1,9 grados de anomalía. En 2023 fue menor: 1 grado. En la medición actual el registro supera los 2,9 grados, por encima incluso del evento de 1997, menciona Perugachi.
Esta diferencia explica en parte por qué el evento de 2023-2024 se disipó sin generar lluvias significativas. Con menor energía disponible en el subsuelo marino, el enfriamiento estacional bastó para atenuar el fenómeno de El Niño en Ecuador.
Con el nivel de calor actual, superior al registrado en 1997, la disponibilidad de energía en el océano dificulta una atenuación rápida como la de 2023.
El otro factor de análisis es el acoplamiento atmosférico, es decir, la respuesta de la atmósfera al calentamiento del océano. Este proceso todavía está en observación y septiembre y octubre son los meses clave para definir su curso, según el registro histórico de eventos fuertes como los de 1982 y 1997. En esos años, el acoplamiento se inició de forma ligera entre septiembre y octubre y se intensificó hacia finales de año, con lluvias desde noviembre y diciembre.
En el informe del Erfen se indica que los principales centros internacionales coinciden en que El Niño continuará fortaleciéndose durante los próximos meses. La NOAA establece una probabilidad superior al 90% de que el evento alcance una intensidad muy fuerte durante el último trimestre de 2026 e inicios de 2027. El máximo desarrollo se prevé hacia finales de 2026, seguido de un debilitamiento gradual durante los primeros meses de 2027.
Perugachi informa que el monitoreo permanente incluye estaciones meteorológicas, estaciones mareográficas y boyas oceanográficas ubicadas en la costa continental y en la región insular, además de un robot submarino desplegado al norte de Galápagos que envía información en tiempo casi real.
A esto se suma un tercer crucero de monitoreo oceanográfico. El primero se realizó en marzo en la zona insular y el segundo en mayo en la zona costera continental. El tercero partirá este 28 de agosto y su viaje se extenderá hasta el 16 de octubre. En ese periodo de 45 días se actualizarán las condiciones de profundidad en los espacios marítimos de interés nacional vinculados al fenómeno.
El calentamiento persistente desde enero incrementó el nivel medio del mar en 35 centímetros por efecto de la expansión térmica, indica Perugachi. Aunque, el informe del Erfen habla de un aumento de 40 cms en determinadas estaciones costeras.
Esta cifra por sí sola no representa un riesgo mayor, pero al combinarse con oleajes y aguajes cambia el panorama en las playas más vulnerables. Por ejemplo, entre el 21 y el 23 de agosto se registraron periodos de mar agitado en la zona centro y en la región insular.
El aumento de afectaciones no responde a una mayor intensidad de los oleajes, sino al incremento del nivel del mar. Existe además la posibilidad de oleajes provenientes del Pacífico noroeste, una dirección poco habitual en el país, donde la mayoría de eventos llega desde el suroeste. Este tipo de oleaje afecta a las playas que normalmente no presentan este tipo de impacto.
Los aguajes también se suman a este incremento. Por ejemplo, en Guayaquil, la coincidencia entre periodos de aguaje y lluvias saturaron los sistemas de drenaje y provocaron anegamientos en zonas urbanas bajas.
La evolución del fenómeno de El Niño frente a Ecuador
La temperatura del mar aumentó 4 grados frente a las costas ecuatorianas, en la región conocida como El Niño 1+2. Esta zona se ubica delante de Ecuador y el norte de Perú. El aumento se traduce en temperaturas superficiales que oscilan entre los 24 y los 28 grados, según el monitoreo más reciente del Inocar: 24 grados en el sur del país, 26 grados en el centro y 28 grados en Esmeraldas. En Galápagos el agua se mantiene entre 25 y 26 grados. Para la época del año, estos valores deberían ser más bajos, lo que confirma un calentamiento persistente.
El tercer crucero de monitoreo del Inocar parte el 28 de agosto de 2026 y se extiende hasta el 16 de octubre. Es un viaje de 45 días dedicado a actualizar las condiciones de profundidad en los espacios marítimos de interés nacional. Se suma a dos cruceros previos: uno en marzo en la zona insular y otro en mayo en la zona costera continental. El monitoreo permanente incluye además estaciones meteorológicas, estaciones mareográficas, boyas oceanográficas y un robot submarino desplegado al norte de Galápagos.
Septiembre y octubre determinarán si existe un acoplamiento pleno entre el océano y la atmósfera sobre territorio ecuatoriano, condición necesaria para que El Niño se manifieste con lluvias en el país. Según el registro histórico de eventos fuertes como los de 1982 y 1997, el acoplamiento atmosférico se inició de forma ligera entre septiembre y octubre, y se intensificó hacia finales de año con lluvias desde noviembre y diciembre. El acoplamiento océano-atmósfera ya está establecido a escala del Pacífico, pero el informe del Erfen advierte que “no se manifiesta de manera sostenida sobre nuestro territorio ecuatoriano”.
El nivel medio del mar subió 35 centímetros según el Inocar, aunque el informe del Erfen registra un aumento de hasta 40 centímetros en determinadas estaciones costeras. El incremento responde a la expansión térmica generada por el calentamiento persistente del mar desde enero. Por sí sola, la cifra no representa un riesgo mayor, pero al combinarse con oleajes y aguajes cambia el panorama en las playas más vulnerables. En Guayaquil, la coincidencia entre aguajes y lluvias ya saturó sistemas de drenaje y provocó anegamientos en zonas urbanas bajas.
El comportamiento actual en la región Niño 1+2 se asemeja al registrado en 1997-1998, y el calentamiento subsuperficial de 2026 incluso supera al de ese año. En julio de 1997 la anomalía de contenido de calor llegó a 1,9 grados; en la medición actual supera los 2,9 grados. Esto marca una diferencia con el evento de 2023-2024, cuyo calentamiento subsuperficial fue menor (1 grado) y se disipó sin generar lluvias significativas. Con el evento de 1982-1983 existe en cambio una diferencia de tiempo: el calentamiento de 2026 arrancó en enero, mientras que en 1982 empezó recién en junio.