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Los comuneros en Santo Domingo armaron rutas para disfrutar de la naturaleza

Grupos familiares se organizan los fines de semana para acampar en este espacio tranquilo de la ruralidad de Santo Domingo de los Tsáchilas. Foto: Cortesía A pata limpia

Los terrenos con matorrales y tierras sin ningún uso eran una suerte de patio trasero de las pequeñas propiedades de los comuneros en Santo Domingo de los Tsáchilas.

Los montículos que complementaban esos antiguos paisajes de las campiñas impedían observar la riqueza natural posterior.

Los caminos, entonces inaccesibles, eran atravesados por los más arriesgados hacia un conjunto de cascadas, ríos, esteros, elevaciones con deformaciones naturales, figuras antropomorfas y un bosque nutrido de flora y fauna.

Ahora estos espacios tienen rutas para ir a sitios de descanso y la exploración. Desde la pandemia sus propietarios se unieron para desbrozar la tupida maleza que dio lugar a la construcción de senderos señalizados y estaciones para acampar, comer y tomar bebidas.

La agencia de turismo A Pata Limpia fusionó lo ecológico con lo agrícola en la parroquia San Gabriel, en la provincia de Santo Domingo de los Tsáchilas.

La ruta que lleva hacia esa zona tiene, en general, una vocación turística campestre con facilidades viales, ciclorrutas, balnearios de agua dulce, hosterías, paradores…

A Pata Limpia venía aprovechando estos lugares para las excursiones hacia las cascadas, sin embargo decidió desmarcarse del epicentro de esas opciones e instalaron su propuesta agroturística montaña adentro.

Ellos ofertaban paquetes turísticos para hacer descenso de cascadas, visitas a las comunidades tsáchilas, alquiler de bicicletas y otros destinos. Pero la pandemia hizo que todo esto se redujera.

Del filo de la vía hacia los sitios para el esparcimiento hay una distancia de 15 a 30 minutos o una hora, dependiendo de la distancia del lugar a donde se prefiera ir.

La pandemia los reinventó

Pero no es el único sitio. El centro turístico Samsara, si bien está al filo de la vía en San Gabriel, mantiene el tono rústico con cabañas, centro de acogida, área para restaurantes y reuniones.

Jefferson Jiménez, propietario de A Pata Limpia, recuerda que, en la emergencia sanitaria por el covid-19, se hizo necesaria la utilizacipon de espacios abiertos para contrarrestar los contagios.

En esa recomendación vio una oportunidad para que las personas no se concentraran en lugares cerrados y pudieran respirar aire puro. Su iniciativa, que se expandió en más de dos hectáreas, tiene una gran acogida hasta ahora.

Jiménez se asoció con su hermana Mónica e invirtieron cerca de USD 100 000 para adecentar. A la par de esa labor, reforestaron el bosque con plantas endémicas con la ayuda de los visitantes.

Durante esa estadía también se degusta la comida típica del cantón, se nada en el río, se camina por senderos agroecológicos y hay rutas para pasear en bicicleta.

Una de las paradas permite disfrutar de un recorrido por espacios dotados de estructuras para alimentar aves, colibríes… Estos lugares además dan espacio para las actividades ancestrales o encuentros culturales.

Cristhian Peralta, propietario del centro turístico Samsara, dice que promueve con extranjeros un lugar para realizar rituales con baños a vapor o energéticos.

Los promociona bajo el sello del temazcal, una práctica milenaria que consiste en liberar de energías negativas a las personas a través del hervor de montes con piedras calientes. En su establecimiento cuenta con estructuras rústicas, tipo cuevas, para que grupos de hasta tres personas puedan sudar hasta que su cuerpo lo resista.

En estos rincones, esta forma de hacer turismo integra a la comunidad, que vive de los recursos de que se reparten de forma solidaria.

Según Ruth Reina, una de las colaboradoras, el dinero se reinvierte en el mantenimiento del lugar y en mejoras para los habitantes.

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