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Las bodas otavaleñas se mantuvieron, pese a las restricciones

Richard Nieto y Anita Cabascango en su matrimonio civil, que se realizó el jueves último. Foto: José Luis Rosales / EL COMERCIO

Richard Nieto y Anita Cabascango en su matrimonio civil, que se realizó el jueves último. Foto: José Luis Rosales / EL COMERCIO

Richard Nieto y Anita Cabascango en su matrimonio civil, que se realizó el jueves último. Foto: José Luis Rosales / EL COMERCIO

Enero, febrero y marzo son los meses en que más matrimonios se celebran en el cantón Otavalo, en Imbabura.

En la agencia del Registro Civil de esta localidad, el 19 de febrero del 2021 estaban previstos 10 casamientos, que se realizan con medidas de bioseguridad por el covid-19.

Entre el 4 de enero y el 19 de febrero hubo 109 bodas civiles. Esa cifra está por encima de las 90 nupcias que se efectuaron en los dos primeros meses del 2019 y se aproxima a las 119 del mismo período del año pasado. Aunque la estadística de este mes aún no se cierra.

Según Rumiñahui Jimbo, presidente del Cabildo Kichwa de Otavalo, el mayor número de casamientos de los indígenas ocurre a inicios de año, porque son los meses cuando regresan los viajeros kichwas que se encuentran por diferentes partes del mundo.

Este retorno ocurre a propósito de la celebración del Pawkar Raymi, una de las cuatro fiestas andinas más importantes. “Los casamientos en estas fechas tienen mucha simbología, por el inicio del nuevo año andino y el florecimiento de los campos”, señala.

Ese es uno de los motivos para que se concreten los matrimonios, que incluyen celebraciones durante varios días.

Por esa razón, el Comité de Operaciones de Emergencia cantonal de Otavalo (COE) suspendió las ceremonias religiosas en los templos católicos y evangélicos entre el 27 de enero y 18 de febrero, para evitar aglomeraciones, en especial en las nupcias.

Marcelo Burbano, secretario del COE cantonal, explica que tomaron esa medida porque habían detectado que las bodas causan concentración de personas e incumplimiento de las medidas de bioseguridad, como el uso de mascarilla. Esto sucede tanto en la zona urbana como en la rural.

En noviembre, ese organismo ya dispuso la suspensión del Pawkar Raymi 2021, que incluía actos culturales, gastronómicos y deportivos. Estos iban a coincidir con el reciente feriado de Carnaval.

Burbano indica que estas medidas apuntan a contener la propagación del virus. La próxima semana está planificada una nueva reunión del COE, para una evaluación.

Otavalo es el segundo cantón de Imbabura con más casos de coronavirus, después de Ibarra. Hasta el 19 de febrero del 2021 se confirmaron 1 635 casos, según el informe del Ministerio de Salud.

Pese a las restricciones, siguen oficiándose matrimonios. Richard Nieto fue uno de los que contrajo nupcias. Aunque se autoidentifica como mestizo decidió comprometerse mediante la costumbre tradicional kichwa.

Esta comprende el pedido de la mano, las ceremonias civil y religiosa y el lavado de cara. Este último es un rito que antes se realizaba junto a una vertiente y ahora es común hacerlo cerca de la casa de los novios.

Los padrinos de la pareja mojan sus rostros con agua que sacan de recipientes que tiene además pétalos de rosas y les aconsejan ser fieles y respetar en todo a su cónyuge.

Nieto tenía previsto realizar una celebración con familiares y amigos cercanos. No todos evitan realizar programas masivos, contrario a la recomendación del COE local.

Sin embargo, en el Registro Civil se exige el estricto cumplimiento de medidas de aforo y bioseguridad durante el trámite del matrimonio. Según Inés Almeida, coordinadora de la Zona 1 del Registro Civil, la pareja debe tomar un turno en línea, y ahí escogen el día y la hora, de acuerdo
con la disponibilidad que ofrece la dependencia.

De acuerdo con el reglamento elaborado con motivo de la pandemia solo pueden asistir los novios y dos testigos. Todos deben portar mascarilla.

Pero, a la mayoría de los novios kichwas los acompaña un grupo de familiares que esperan en la parte exterior de las oficinas de la entidad.

Para los indígenas otavaleños, el matrimonio es una fiesta colectiva. Monseñor Manuel Figueroa, vicario foráneo de Otavalo, comenta que cuatro iglesias de la zona urbana son las preferidas por las parejas kichwas para unirse.

Considera que si no fuera por la pandemia hubiera más matrimonios, bautizos y confirmaciones de niños. Dice que las restricciones por la crisis mundial truncaron el regreso de comerciantes y músicos otavaleños. La mayoría que ha llegado procede de Colombia y Chile, que están más cerca.

Los matrimonios también dinamizan las actividades económicas, como la venta de ropa, alimentos y bebidas y la contratación de músicos y fotógrafos. Según Cecilia Burga, de la tienda Mushuk Moda, un traje de novia oscila entre USD 150 y 500, pues depende de los materiales. El traje tradicional incluye una camisa, anaco o falda, faja, el ramo y el velo.

Elvis Yamberla, de la productora Be Magic Studios, que realiza fotografías y videos en eventos sociales, asegura que entre enero y marzo tiene más trabajo, por los matrimonios.

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