27 de junio de 2019 20:50

Nuevo equipamiento para el Plan fuego

Bomberos forestales en uno de los cuatro Teryx Kawasaki que adquirió la institución.

Bomberos forestales en uno de los cuatro Teryx Kawasaki que adquirió la institución. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO

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Ana María Carvajal
Redactora (I)

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Un equipo de 936 bomberos está listo para enfrentar la época seca que se avecina en Quito. Actualmente, según el Inamhi, en la región interandina se atraviesa una etapa de transición de la época lluviosa.

Desde el lunes 17 hasta ayer, al menos 11 conatos de incendios forestales ocurrieron en el Distrito y fueron controlados por las unidades del Cuerpo de Bomberos de Quito.

El objetivo del plan de activación, prevención y respuesta ante incendios forestales para este 2019, que se lanzó el pasado miércoles 26 de junio de 2019, es reducir el número de hectáreas quemadas. Esta es una tarea coordinada entre el Cuerpo de Bomberos, la Secretaría de Seguridad y otras entidades municipales.

En los últimos 20 años, los picos más altos fueron las 5 281 hectáreas consumidas en el 2001; 4 882 en el 2012 y 3 287 en el 2015. El año pasado, en cambio, se quemaron 849 hectáreas, 37 menos que en el 2017.

La preparación de un bombero es constante. Gabriela Zambrano cuenta que en cada estación hacen un entrenamiento físico según el programa diseñado por la persona al mando. Incluye salidas a trotar, trabajo en gimnasio y pesas.

Bomberos forestales de Quito se preparan para enfrentar la época seca. Foto: Diego Pallero / EL COMERCIO (video)


Los bomberos forestales tienen entrenamientos adicionales. Daniel Guanaoquiza dice que cada fin de mes hacen caminatas de cinco horas o más por zonas como el Pichincha. Así se preparan para enfrentar al fuego en medio de bosques.

“Cada incendio que enfrentamos es diferente. A veces caminamos una hora o más para llegar al sitio del incendio. Se complica el regreso, por la oscuridad, y nos toca guiarnos por las balizas. Por eso debemos estar en actividad física y mentalmente con los compañeros”, explica Guanaoquiza.

En el último año, el Cuerpo de Bomberos compró equipamiento para un trabajo seguro. El comandante Esteban Cárdenas señala que lo primero es hacer un análisis de riesgos, seguido por la prevención.

Tecnología y herramientas del Cuerpo de Bomberos


En Quito se han determinado 37 puntos más susceptibles a este tipo de incendios y están en áreas de preservación o en parques urbanos. Entre los puntos más complejos se ubican Chilibulo, La Mena, el Atacazo, Angamarca, Ilaló, Puéllaro, Perucho o Atahualpa. En esas zonas se ha concienciado a la gente sobre lo peligroso de quemar maleza o basura, por ejemplo. Y les han explicado que las sanciones para quienes inicien un incendio forestal van desde multas de una o media remuneración básica unificada hasta 16 años de privación de libertad.

El Cuerpo de Bomberos tiene 138 vehículos para trabajar en esta temporada seca. En agosto invirtió USD 84 800 en equipamientos para combate de incendios, rescate y cuatro ‘buggies’ Teryx Kawasaki para trasladar al personal y sus implementos a sitios de difícil acceso, como laderas o bosques.

Además, tiene 20 vehículos polivalentes (para incendios urbanos y forestales), cuatro nodrizas (con capacidad para 3 000 galones de agua) y el helicóptero para tareas preventivas, de transporte de personal o de combate de incendios. Se han colocado cámaras técnicas y torres de monitoreo y se usará un sistema de detección satelital de puntos calientes.

También apelan a la colaboración con el Inamhi, para detectar el incremento de la temperatura del ambiente, la velocidad del viento o la previsión de días consecutivos secos, que aumentan el riesgo.

Los bomberos forestales tienen una mochila táctica con un tanque de aire comprimido, un refugio antifuego y un reservorio de agua. Llevan una ración alimenticia para subsistir 24 horas. La preparan con agua en una funda en los relevos.

Aunque la tecnología y el equipamiento son muy importantes, los bomberos valoran especialmente el trabajo en equipo. Blanca Chiluisa cuenta que se cuidan entre sí, verifican que siempre su compañero esté atrás y que todos porten las seguridades necesarias. El compañerismo y la confianza les permiten cumplir con rigor su trabajo.

Daniel Tonato, Juan Pablo Marcillo y Javier Pazmiño cuentan que entre tantos incendios, los han marcado más aquellos que más trabajo les ha costado extinguir, como los de Tababela, Los Arrayanes, el Ilaló y el Auqui.

El primer equipo que ingresó a un incendio en Tababela fue el último en salir, recuerda Tonato. La alegría más grande fue comprobar que los cinco salieron bien, aunque era de noche y casi se pierden. Para Marcillo, en esos momentos prima la adrenalina que les permite mantenerse firmes, valorar el riesgo y combatir el fuego de forma técnica, a pesar del agotamiento.

Pazmiño tiene marcada la imagen de “una especie de montaña de ceniza”, tras el incendio en el Auqui. Fue difícil ver a la gente sufrir por sus viviendas afectadas por el fuego, los animales quemados y el bosque desolado. “El trabajo del bombero forestal es fuerte, demanda mucho esfuerzo físico y mental. Pero sobre todo voluntad y don de servicio”.

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