Trump sufre revés con envío de caso contra Twitter d…
Los sápara luchan por mantener su tierra
CC analiza la pertinencia de militares en las calles
Destinos, con 70% de reservas confirmadas
Más de la mitad de pacientes con tuberculosis están …
La FEF busca aliviar sus finanzas con la Tri
Venezuela abre paso peatonal en la frontera con Colombia
Gobierno venezolano vigilará redes sociales en campa…

Alóag protestó por un cerro de chatarra

Un grupo de habitantes de la comunidad afrontó procesos legales e intentos de amedrentamiento cuando se opuso a la instalación de una procesadora de chatarra. Afirman que la cobertura de la prensa fue su único respaldo ante la indiferencia de la autoridad.

El testimonio: José Antonio Balbín, morador de de Alóag y defensor de los Derechos Humanos y de la Naturaleza

Su protesta incluso los llevó a afrontar juicios

Redacción Últimas Noticias

¿Mirar atrás? Fue un tiempo difícil, la pasamos muy mal. Todo empezó cuando por algunos días escuchábamos que grandes camiones llegaban a la siderúrgica Acería del Ecuador (Adelca),  y desembarcaban su carga.

Además de las molestias del ruido, aparentemente no pasaba nada. Pero algunos habitantes ya presentíamos un  batacazo. Y no esperamos mucho, al quinto día de ese trasiego una gran montaña de chatarra se había levantado en los patios de la planta.

Todos la mirábamos con susto. La indignación fue  mayor cuando a los pocos días vimos una segunda montaña de chatarra en el sector de San Alfonso. En los dos casos, el material alcanzaba una altura promedio de 12 metros, la primera contenía 60 000 toneladas de chatarra y la segunda 90 000. Y nadie sabía qué iba a pasar con ese cargamento. Pasó el tiempo, y al año de eso (inicios de 2007) volvieron los rumores. 

¿Por qué está aquí?
Su historia. Asumió el liderazgo en el reclamo de los habitantes de Alóag frente a la instalación de una procesadora de chatarra.   
Su punto de vista. La tarea que asumió un grupo de ciudadanos de una comunidad para recabar pruebas del posible daño ambiental y a la salud de esa industria acarreó acciones legales en su contra.Pero nadie atinaba a explicar de qué se trataba, hasta que la misma empresa convocó a los habitantes para informarles del proyecto: construir una planta de fundición de chatarra para producir palanquillas (grandes barras) de acero. No hacía falta ser un experto para advertir que ese proyecto no traería nada bueno al pueblo. Y vino la inquietud y una lluvia de preguntas: ¿El polvo que sale de las acerías será peligroso para la salud? ¿El acopio de chatarra afectará a los pastizales, al ganado, a la agricultura…?

Ante tantas dudas, la comunidad decidió formar el Comité Pro Defensa de Alóag. La primera acción fue pedir algunos estudios a los ecologistas, geólogos, químicos y biólogos que vivían en la zona. Todos auguraban cosas malas para la comunidad.

Con esa preocupación empezamos a discutir y opinar sobre el tema, y acumulamos información de todo tipo: entrevistas aquí y allá, solicitud de informes a varios expertos en el tema ambiental, fotos de los botaderos…

El material recolectado nos sorprendió y conmocionó. Pero como ese material no bastaba, empezamos a buscar contactos con organizaciones ambientalistas.

Primero fuimos a Fundación Natura y  luego a Acción Ecológica, y los informes que nos dieron confirmaban que las montañas de chatarra y la construcción del horno causarían problemas de salud y al medioambiente.

El acompañamiento de la prensa daba mayores seguridades a los que empezamos a sufrir el amedrentamiento
José Antonio Balbín
Habitante de AlóagAnte esa verdad, no podíamos vivir como muertos en el miedo. Intentamos hablar con las autoridades de la Junta Parroquial, pero callaron. ¿Por qué? No lo sabíamos, lo  cierto es que no escucharon las alertas y más bien se mostraron a favor de este  proyecto porque, decían, la empresa daba trabajo a gente  de la zona.

Después el pueblo se dividió en dos bandos. Reinaba el descontento y la estupefacción. Llegaron los enfrentamientos, incluso entre familias. Desde esa fecha todas las autoridades perdieron legitimidad, estábamos en total acefalía. Y decidimos buscar a los medios de comunicación.

El acompañamiento que tuvimos de la prensa fue un gran impulso, porque daba mayores seguridades a las personas que nos abanderamos de la causa y que empezamos a sufrir procesos de amedrentamiento total. Hubo incluso gente detenida y órdenes de captura.

En mi caso fueron cinco procesos legales abiertos, que fueron neutralizados por mi abogado. Ayudó mucho la amnistía que me concedió la Asamblea  Constituyente, pues reconoció la legitimidad de nuestra posición y la ilegalidad de los juicios y de las detenciones de varios miembros del Comité.

Estamos en 2009, el horno está funcionando y la montaña de chatarra de San Alfonso sigue ahí. Ahora las autoridades y las instituciones del Estado deben rendir cuentas al país.

La lucha de la gente de Alóag habría resultado más difícil si esta ley hubiera estado vigente

Artículo 9.- Derecho y deber a la información- Los comunicadores sociales gozan de todas las garantías para obtener y difundir información, entendiéndose por  tal el conjunto organizado de datos y evidencias procesados que producen conocimiento.

Artículo 17.- Los comunicadores comunitarios deben acreditar su idoneidad como tales, presentando un certificado otorgado por sus organizaciones, de conformidad con lo que establezca el reglamento a esta Ley. Proyecto de ley de comunicación del asambleísta Rolando Panchana

Nuestro código de ética

Sobre los derechos constitucionales de las personas (II):

– Todas las publicaciones de El Comercio  deben evitar el mal uso de imágenes de niños, niñas o adolescentes.

– Se debe evitar la publicación de imágenes y nombres de niñas, niños o adolescentes  víctimas de maltrato o abuso.

– También se deben cuidar mucho las acusaciones y la divulgación de nombres de presuntos delincuentes a no ser que su sindicación sea oficial respecto de un determinado delito.

– La protección a testigos que hablan a cambio de la reserva debe respetarse.

– Está prohibida toda expresión racista, regionalista, chauvinista o despectiva sobre etnias, religiones y minorías. 

Suplementos digitales