Jorge Ribadeneira

El mordisco de Suárez

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 1
Triste 2
Indiferente 2
Sorprendido 5
Contento 0
28 de junio de 2014 18:11

Sabroso el Mundial brasileño. Nuestro Ecuador jugó con un solo delantero -Énner Valencia- y salió eliminado, pese a que buena parte de la Tri luchó esforzadamente.

Ojalá mejore en cuatro años. Lindos goles para los periodistas deportivos. Buenas anécdotas para nosotros, con el mordiscón de Luis Suárez a la cabeza pero con el añadido de una dulce historia de amor protagonizada por el goleador uruguayo y la guapa Sofía.
Suárez es un goleador que llegó a la altura de Messi, Cristiano Ronaldo y Neymar.

Es decir, su pase bordea los 100 millones de dólares y ya se habló del interés del Real Madrid y el Barcelona. El ariete uruguayo nació pobre y tuvo una niñez y juventud igualmente tristes. Más aún, hubo momentos de dedicación a la parranda. El encuentro con una guapa uruguaya -Sofía Balbi- le convirtió en un futbolista serio que tenía una virtud clave en el fútbol. Era un goleador y como tal le conquistó el fútbol europeo, hasta llegar al prestigioso club Ajax de Holanda. Allí marcó centenares de goles pero también fue acusado de algo tan increíble como un mordisco en la cancha al jugador Otman Makkal y sentenciado a no jugar siete partidos.

Un siguiente paso fue al fútbol inglés, país inventor del fútbol pero con altibajos en la era moderna. En el Liverpool siguió marcando goles y subiendo de precio. En el 2013 surgió una segunda denuncia. Esta vez un mordiscón al crack del Chelsea Branislao Ivanovic, con otra sanción. La tercera denuncia -por el defensa italiano Giorgio Chiellini- fue ante decenas de millones de aficionados, en pleno Mundial, cuando Suárez había llegado a la categoría de superhéroe al marcar dos goles a los ingleses y eliminarlos. Poco antes la celeste, en su ausencia, cayó ante la modesta Costa Rica. Los charrúas esperaban ver a sus jugadores en Maracaná.

La dura sanción de la FIFA dio paso a una guerra. La prensa inglesa dijo que se trataba de “un vampiro que otra vez chupó sangre” o “un caníbal que volvió a sus andanzas”. Los uruguayos recibieron a Luis Suárez con el presidente Mujica a la cabeza, acusando a italianos e ingleses de futbolistas de segunda categoría y señalando a la FIFA como “cueva de delincuentes que venden las sedes mundiales”. Otras voces anotan que Suárez es un excelente ciudadano, afectado por un problema psicológico, actor de un episodio romántico muy grato.

Cuando el joven Luis Suárez, séptimo hermano de una familia pobre, se enamoró perdidamente -en Montevideo- de una bella adolescente, Sofía Bolín, prometió ganar el dinero necesario para un matrimonio feliz. Con ese objetivo se dedicó al fútbol, animado por ella, quien le impidió dedicarse a la parranda. De pronto, Sofía y su familia se fueron a vivir en Barcelona, pero ellos continuaron con el amorío y el intercambio permanente de correspondencia. Cuando Suárez firmó el primer contrato con un club holandés, voló a Barcelona para casarse con su novia del alma, quien le había esperado tres años. Ahora son felices, con dos niños, sufriendo solo a la hora de las acusaciones.