Juan Cuvi

Para-consultas verde flex

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10 de April de 2014 00:02

La introducción de técnicas militares en el ámbito de la política puede resultar tan eficaz como nociva. Sobre todo cuando el perjuicio recae sobre la comunidad.

Generar confusión es útil cuando de por medio está la necesidad de enfrentar a un enemigo. Pero si ese mismo recurso es empleado en la disputa política -disputa que implica una relación civil entre adversarios-, sus consecuencias pueden minar el sentido mismo de la democracia. Confundir al electorado, es decir al soberano, con el único ánimo de imponer una tesis conspira contra el principio de la transparencia pública; dicho de otro modo, vulnera un derecho fundamental de la ciudadanía.

En estos años el Gobierno ha echado mano de este tipo de dispositivos con excesiva frecuencia. Basta citar la publicidad alienante. En esta misma tónica, hoy facilita, una vez más, estas demoledoras estrategias. Con un aditamento: lo hace desde la concha del apuntador, desde la penumbra del proscenio. No se involucra abiertamente, pero en voz baja emite sus indicaciones a los actores en escena.

Las dos para-consultas alrededor del Yasuní contienen elementos que se prestan para la suspicacia. En el caso del autodenominado Frente de Defensa Total de la Amazonía, llaman la atención tanto el anonimato de los convocantes como el maximalismo de la pregunta.

¿Qué antecedentes de lucha o de propuestas tiene este colectivo como para proponer una opción que hasta para los más acreditados conservacionistas resulta inviable? Es por demás evidente que suspender toda actividad extractiva en la Amazonía ecuatoriana es, a estas alturas del partido, imposible.

La sabiduría popular ha acuñado un término para calificar aquellas iniciativas electorales expresamente orientadas al fracaso: chimbadoras. Promover una consulta popular a sabiendas de que se perderá rotundamente no tiene otro propósito que afectar al principal protagonista de este momento político: los Yasunidos.

La consulta propuesta por los alcaldes amazónicos, en cambio, tiene más coherencia, pero al mismo tiempo levanta más sospechas. Que un grupo de autoridades abrumadoramente rechazadas en las urnas solicite el voto popular es un contrasentido. Más aún si ese rechazo se ha expresado precisamente en la región donde se está disputando la opción entre extraer petróleo o dejarlo bajo tierra.

Que en la línea de sometimiento utilitario de los gobiernos locales al poder central estos alcaldes decidan respaldar la tesis oficial, es entendible. Lo que no encaja es que anuncien la presentación de cientos de miles de firmas al Consejo Nacional Electoral cuando ni siquiera se les ha visto en las calles recogiéndolas.

En cualquier caso, no se necesita de mayor agudeza mental para presumir quién realmente está detrás de ambas para-consultas.