Federico Chiriboga

Rafael VII

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El libro El Séptimo Rafael de Ana Karina López y Mónica Almeida va más allá de una investigación periodística, en cuanto es una biografía imparcial y objetiva de Rafael Correa Delgado, en la que se relatan las circunstancias familiares, universitarias y sociales que configuraron su personalidad.

Una familia de origen burgués, adinerada, que va perdiendo la fortuna hasta llegar casi a la pobreza y, como consecuencia, a su deterioro social.

La crisis familiar, un padre ausente y su dramática muerte. Su refugio en los amigos del colegio, los” scouts” la universidad y los “gustavinos”. Hechos que confluyeron a formar un temperamento beligerante, impetuoso, desconfiado y prepotente. El libro de las co-autoras se complementa con el Tiberio de Marañón en su capítulo sobre el resentido. El resentimiento, dice, tiene como causa “la vida y la suerte”. Las causas “que dificultan el éxito social son las que con mayor eficacia crean el resentimiento” La reacción del resentido es contra el destino, lo que le lleva a ser agresivo. “Una simple palabra o un gesto despectivo” alcanza el valor de una ofensa, como bien hemos comprobado en sabatinas y represalias. Por eso, añade Marañón, son terribles los hombres resentidos “cuando el azar les coloca en el poder, como ocurre tantas veces en las revoluciones”. Entonces tienen la oportunidad de vengarse y “cada uno de sus actos, de sus pensamientos, acaban de estar transidos de una indefinible acritud”. De vivir en época de monarquías, en las que se ponía apodo a los reyes, llamaríamos a Rafael VII, El Resentido.

Otro acierto del libro que comentamos es el de desmitificar a “Yo el Supremo”, reduciéndole a la condición de ser humano con virtudes y defectos, una gran inteligencia para comunicar y un don para interpretar y penetrar en la psicología colectiva del pueblo ecuatoriano. El gobernante saliente, con el apoyo de una propaganda “goebbelsiana”, se convirtió en el Mesías salvador, en el dueño de la verdad que dictaba dogmas de acatamiento general. Sin embargo, su figura entró en una etapa descendente, en la medida en la que se han ido conociendo números y datos sobre la economía y el deterioro por el que atraviesa la nación. El mito empieza a desplomarse. Pero no es suficiente, el papel de la ¿oposición? es convencer a la sociedad que el caudillo ha dejado un país en crisis y que tomaremos años, si hay buena administración, para recuperarnos. Si no lo hacen y continúan jugando a las pequeñas batallas, volverá el ciclón a hombros de la multitud. El señor Moreno debe abrir bien los ojos y recordar que el pueblo no tiene memoria. Si no pone las cuentas claras sobre la mesa, será el responsable de la situación que ha heredado y el verdadero culpable, que empieza a mostrar las orejas, será el cabecilla de la rebelión.