Juan Cuvi

Los malabares de Lenín Moreno

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¿Qué pesará más en Alianza País de cara a las próximas elecciones: la fatuidad o la codicia? Porque, en el actual escenario, es incompatible la exaltación del caudillo con una estrategia electoral efectiva. Es imposible que Lenín Moreno consolide sus posibilidades electorales sin cuestionar los errores y las deficiencias de Correa. Más aún cuando la crisis económica comienza a socavar los pies de barro del ídolo oficialista.

Lo sucedido en la última semana evidencia el complejo dilema que deberán afrontar los estrategas de campaña del ex Vicepresidente de la República. Entre el discurso aparentemente renovado del recibimiento en la Tribuna del Sur, y la actitud condescendiente en su proclamación como candidato, media una fulminante admonición del Presidente: no se va a tolerar la más mínima duda respecto de los mitos y fantasías laboriosamente elaborados y difundidos en estos años. Salirse del corral verde-flex sería no solo un error electoral –lo insinuó–, sino un acto de deslealtad imperdonable. Quienes demandan continuismo sin los mismos pueden empezar a hacer maletas.

El desafío, entonces, es cómo ganar las elecciones sin afectar el sacrosanto espejismo de Correa y de su Gobierno. Levantar una ilusión popular sobre un fracaso es lo menos recomendable en un proceso electoral. Ahora, hasta los más enceguecidos correístas empiezan a preguntarse si valió la pena tanto derroche publicitario, tanta alienación y conformismo. El banquete de ayer se está transformando en el hambre de hoy.

El discurso tibio y bonachón de Moreno sirve únicamente como aperitivo de la campaña electoral. Hasta la sensiblería popular tiene sus límites. La gente espera respuestas consistentes a sus necesidades y angustias cotidianas. Ni el humor de bolsillo, ni las alabanzas a un pasado que ya es parte de la partidocracia, compensan el vacío de una retórica anodina e intrascendente. Los ecuatorianos queremos saber qué piensa hacer con la corrupción desbocada, con el autoritarismo y la persecución social, con la sumisión al imperialismo chino, con la crisis productiva, con el endeudamiento irresponsable.

Como dice el dicho, ahí es donde la puerca tuerce el rabo. Porque Moreno no podrá dar respuestas convincentes a estos problemas sin admitir la incompetencia y la falta de voluntad del actual mandatario para resolverlos. Y esto, no cabe la menor duda, será su más escalofriante pesadilla. Cualquier amago de crítica o distanciamiento estará expuesto a un escarmiento agrio e implacable.

¿Cómo decirle la verdad al país sin tocar la delicada fibra de la fatuidad presidencial, sin desatar la furibunda indignación del jefe? ¿Cómo asegurar las promesas triunfalistas cuando la decepción colectiva empiece a crecer? Lenín Moreno tendrá que hacer malabares en un escenario tan complicado.