Jorge Ribadeneira

Ecos de la fiesta quiteña

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San Pedrito, el eterno jefe de los grifos celestes, tuvo un comportamiento muy irregular durante la fiesta quiteña pero no faltaron los habitantes alegres y algunos farristas que se dieron modos para celebrar el 482 aniversario de la fundación española de Quito.

Se volvió a escuchar, luego de un año de olvido, “yo soy el chullita quiteño” y “esta guitarra vieja” cantados en el coliseo Rumiñahui y en otros escenarios, entre ellos en las cada vez más numerosas “chivas” que recorre por las calles y las avenidas capitalinas. Se escuchó también -por supuesto- más de una canción protesta dedicada a los precios altos, a los despidos, a las vacas flacas y al resto de problemas y altibajos que afectan al modelo ecuatoriano.

Algo de todo hubo, pues, en la fiesta quiteña número 57, nacida al compás de una serenata allá por el año 1959, y que se mantuvo flotando entre lo bueno, lo malo y lo feo como el 2016.

Realmente hay que reconocer que, por culpa de San Pedro y de la economía, la fiesta de Quito no fue super. Pero en honor a la verdad tuvo sus méritos -y hay que reconocerlo- con eventos ya tradicionales, entre ellos la elección de Reina de Quito, los desfiles de la confraternidad, la presentación de artistas, las carreras de coches, múltiples bailes y más, con la serenata y la sesión solemne, todo con un presupuesto menor y con más de una lluvia.

Hablando de la serenata, fue interesante el baile de un pasacalle quiteño entre un guayaquileño y una venezolana. Es decir, entre el presidente Correa y la primera dama de Quito, María Fernanda Pacheco.

Lo hicieron bien, mientras el alcalde danzaba con la grata Reina de Quito modelo 2016. Esa escena se dio en el Palacio de Carondelet, cuando Mauricio Rodas invitaba a Rafael Correa para la solemne sesión.

Y llegó la sesión solemne, que duró más de tres horas. El alcalde Rodas puso la nota cuando se tomó todo el tiempo posible -nada menos que dos largas horas- para presentar su informe de labores y sus planes. Talvez fue una oportunidad para que le escuchen sus detractores o para no desperdiciar un canal de TV del Estado que le prestaron.

Un tema grato fue la rememoración del aporte que brindó el municipio quiteño -impulsado por Rodas- para brindar su auxilio a la provincia de Manabí, luego del terremoto de abril. El alcalde, pues, se dio gusto mientras el impaciente Rafael Correa solo habló media hora, con la circunstancia de que su tema clave -la Ley de Plusvalía- es uno de los proyectos correístas que más críticas ha recibido durante estos diez años, aunque no en la sesión solemne municipal.

Flota en el ambiente que se trata de una propuesta que puede frenar la inversión en construcciones y crear un impuesto confiscatorio, cuando la economía nacional está en un mal momento. Pedimos pues al Jefe Rafael que retire ese proyecto y al alcalde Rodas que en la Sesión Solemne del año próximo solo habla durante una hora.