Guayaquil ofrece un cambio a Alex Alvear como músico

El músico Álex Alvear habla en Diálogos sin sombrero sobre su vida entre Guayaquil y Quito, la escena musical, el miedo escénico y sus mayores temores.

Personal del Cuerpo de Bomberos de Quito trabaja en la contención del incendio forestal. FOTO: AMT Quito

Ya son siete meses de lo que el músico Álex Alvear se fue a vivir a Guayaquil. A su esposa la ofrecieron dirigir el teatro Sánchez Aguilar y él dijo: “No pasa nada, está cerquita”. En este Diálogo sin Sombrero, Álex Alvear conversa con Santiago Estrella sobre su nueva vida en el puerto, la experiencia de haber vivido casi 30 años fuera del país y el reencuentro con una escena musical en constante transformación. “Todavía me siento como un migrante, incluso estando en Ecuador”, dice.

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Guayaquil, juventud y cambio de ritmo en la música de Alex Alvear

Se mudó a Guayaquil en enero de 2025 y ha sido un universo completamente distinto”. El clima, la gastronomía, “que es excelente y variada”, el carácter de la gente y el paisaje sin montañas han influido incluso en cómo compone su música.

Alvear cuenta que mientras componía un tema andino en su nuevo estudio, todo sonaba bien, pero no se sentía conectado. “Estaba en calzoncillo, sudando, con el cerro a un lado y el río Guayas al otro. Eso cambia todo”. Reflexiona que el entorno físico tiene un impacto emocional y sonoro.

Sobre la escena musical en Guayaquil, reconoce su riqueza y dificultad: “Las propuestas que se salen de la corriente tienen un camino más difícil. Pero la gente allá es súper emprendedora, siempre buscando oportunidades”.

Wañukta Tonic, nuevas generaciones y Alex Alvear como el ‘Abu’

Hoy toca con Wañukta Tonic, una banda donde también está su hijo. “Me dicen Abu. Todos son contemporáneos entre ellos. Yo soy el veterano”. Destaca que, a diferencia de su generación, los jóvenes de ahora comienzan componiendo desde temprano: “Eso me sorprende y me encanta”.

Alvear siempre ha sido inquieto musicalmente. Desde Rumbason y Promesas Temporales hasta Mango Blue y ahora Pasillo Infinito, ha saltado entre géneros y proyectos. “Ya llegó un momento en que sentí que me estaba repitiendo. Entré en una zona de confort. Y otra vez, a moverme”.

El miedo escénico, la vergüenza y la memoria

“El miedo no se va. Antes de subir al escenario, me muero del susto. Pero una vez arriba, ya estás. Si se me va algún día, será triste”. Recuerda que cuando canta sin instrumento se siente más vulnerable. “El bajo es como un escudo. Es un brazo más”.

Cuando se le pregunta por una posible reunión con Napo o el regreso de Promesas Temporales, es claro: “Ya fue. Todos seguimos nuestros caminos. El tiempo no pasa en vano. Yo cambié. El país también”.

El viaje a Europa y el compromiso con lo propio

La banda Wañukta Tonic fue invitada al festival Colors of Ostrava, en República Checa. “Vamos a ir por primera vez en representación del Ecuador. Es un hito”. Junto con ese proyecto, acaba de lanzar un EP titulado Wañuctazos de ayer y de hoy.

En el folleto de la banda se lee: “No consumir ni apreciar la cultura y los artistas de tu tierra puede ser perjudicial para tu salud mental y espiritual”. Es una frase que resume su convicción.

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