9 de marzo de 2019 00:00

Turismo inspirado en los camélidos se promueve en Chimborazo 

La ruta turística en Riobamba incluye visitas a los páramos donde se crían las alpacas. Los visitantes pueden tocar a los animales, alimentarlos y mirar cómo se obtienen las fibras. Foto: Cortesía.

La ruta turística en Riobamba incluye visitas a los páramos donde se crían las alpacas. Los visitantes pueden tocar a los animales, alimentarlos y mirar cómo se obtienen las fibras. Foto: Archivo/ EL COMERCIO. 

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Cristina Márquez
Redactora
(F-Contenido Intercultural)

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Las rutas turísticas inspiradas en los camélidos andinos ahora tienen más fuerza en Chimborazo. Este año, más comunidades que ya se dedicaban a la crianza de alpacas y llamas abrieron sus puertas al turismo agroecológico.

Las rutas incluyen caminatas por los páramos, visitas a los sitios de interés como la Reserva de Producción de Fauna Chimborazo, el bosque de polylepis o el templo Machay, y se complementa con giras guiadas a los corrales donde se crían los camélidos.

Los turistas pueden acariciarlos con precaución, alimentarlos y observar el proceso de extracción de la lana, que luego se utiliza para elaborar artesanías. Los visitantes pueden incluso participar en la esquila, bajo la instrucción de un guía comunitario.

Esos paquetes cuestan entre USD 15 y 20 y están disponibles en cinco comunidades de las parroquias Calpi y San Juan, en Riobamba. La operadora turística Puruhá Razurku es la empresa comunitaria que oferta los paquetes turísticos.

“Notamos que los turistas, especialmente los extranjeros, tenían un alto interés por nuestra vida cotidiana y nuestras labores diarias en el campo. Eso nos motivó a incluir las visitas a nuestras chacras y criaderos, para hacer más atractiva nuestra oferta”, cuenta el gerente Olmedo Cayambe.

La crianza de alpacas se inició hace más de 20 años en las faldas del volcán Chimborazo y la población de animales ha crecido en los últimos años debido a la alta demanda de las fibras. Según los comuneros, la crianza se inició con un propósito ambiental, pues estos animales contribuyen a la conservación de los páramos por ser especies nativas andinas, pero terminó convertida en la principal actividad económica.

“En un inicio solo nos dedicábamos al aprovechamiento de las fibras, pero luego notamos que despertaban mucho interés y que había más posibilidades de emprender”, dice Matilde Masa, de la comunidad Pulinguí San Pablo.

Hasta ese pequeño poblado, situado a un costado de la vía Riobamba - Guaranda, llegan en promedio unos 30 turistas al mes. Las mujeres se capacitaron para recibirlos.

“Tuvimos que aprender a explicar con claridad sobre la esquila y sobre todo a dejar de lado la timidez para mostrarnos abiertos y amables con los visitantes”, dice Masa, de 34 años.

El recorrido para los turistas se inicia en el centro de interpretación de la comunidad. Allí las mujeres cuentan cómo era su vida antes de que se introdujeran los camélidos, y explican sobre los cuidados y la importancia que tienen los animales para la comunidad.

Luego, los conducen a los corrales y allí detallan sobre las fibras y cómo mantienen los tonos naturales de la lana para evitar el uso de productos químicos para tinturar.

La visita a la comunidad concluye en el almacén de artesanías. Allí se muestra una variedad de prendas como ponchos, bufandas, gorras y sacos manufacturados por las mujeres de la comunidad con las fibras de sus alpacas.

En Calpi, otra parroquia de Riobamba, las mujeres de la comunidad Palacio Real tienen experiencia en el turismo con camélidos. Allí hay además un museo dedicado a las llamas y una plaza artesanal.

En esa comunidad se inaugurará este año un nuevo espacio para el turismo inclusivo. El centro de llamaterapia, que ya cuenta con una infraestructura, ofrecerá paquetes especiales para personas con discapacidades.

“El contacto con los animales es terapéutico y está recomendado por doctores. En Chimborazo no hay un espacio para personas con discapacidad y allí encontramos una oportunidad para el crecimiento del turismo en la comunidad”, cuenta Pierrik Van Dorpe, expárroco de Calpi y promotor del proyecto.

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