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Steve Bannon, estratega del nacionalismo

Bannon junto a Marine Le Pen, en su reelección como presidenta del Frente Nacional francés en 2018. Foto: AFP

Bannon junto a Marine Le Pen, en su reelección como presidenta del Frente Nacional francés en 2018. Foto: AFP

Bannon junto a Marine Le Pen, en su reelección como presidenta del Frente Nacional francés en 2018. Foto: AFP

No hace falta explorar demasiado para descubrir la línea editorial del portal de noticias Breitart. En el primer pantallazo, un aviso bloquea la página de inicio con la oferta de camisetas con el ‘hashtag’ (etiqueta) #NeverSocialist (nunca socialista), para que fueran usadas por los partidarios del presidente estadounidense Donald Trump a propósito de su discurso del Estado de La Unión del 5 de febrero.

Este sitio web fue la carta de presentación de Stephen ‘Steve Bannon’ cuando se conoció que asumía la jefatura de la última etapa de la campaña de Trump en el 2016; las agencias de noticias lo definieron como “una de las principales plataformas mediáticas de la conocida como ‘alt-right’, la nueva derecha radical de Estados Unidos”.

Si se comparan los mensajes del entonces candidato republicano, que tuvieron gran efecto en un sector de la población blanca de su país, no había demasiada diferencia con el enfoque sensacionalista de Breitart a las posturas racistas, antiinmigrantes y misóginas.

Estos mensajes controvertidos resultaron exitosos, y fue así como Bannon -un exmarine nacido en el estado de Virginia en 1953- se convirtió en el consejero principal de la administración Trump.

La revista Time lo definió hace dos años como “el segundo hombre más poderoso del mundo”, y “el único que podía entrar a una reunión en la Oficina Oval sin traje y corbata”. Eso sí, junto a su retrato en la portada de esa edición reza la leyenda “El gran manipulador”.

Vanity Fair lo retrató por esa misma época como un lector voraz, que permanece despierto hasta el amanecer entre libros y artículos noticiosos, siempre tomando notas en un pequeño cuaderno verde que cabe en su bolsillo, y que dedicó algunas de sus horas libres a leer la biografía de Robespierre. Su estilo no parece admitir medias tintas: “el mundo está al filo de la navaja. Tenemos lo que llamo un largo y oscuro valle al frente nuestro, como en la década de 1930”.

Luego de que se percibiera claramente su influencia en los primeros discursos más duros de Trump, e incluso en el polémico decreto que vetó la entrada a los inmigrantes de varios países musulmanes, a mediados de julio del 2017 sobrevino su salida de la Casa Blanca. Y como en toda historia hay varias versiones, el entorno del ‘estratega en jefe’ afirmó que había sido él quien decidió irse, pero el diario The New York Times afirmó que tenía mucho que ver su continuo enfrentamiento con el jefe de gabinete, John Kelly, quien había afirmado que no toleraría “maquinaciones en la sombra”, y su larga rivalidad con el asesor y yerno del Presidente, Jared Kushner.

Parecería que la coyuntura de esos días también tuvo mucho que ver, pues muchas voces empezaron a pedir que Bannon no estuviera más en un cargo tan importante del Gobierno luego de la violencia desatada en Charlottesville, causada por grupos neonazis.

Europa, Brasil ¿y una candidatura propia?

Entre sus actividades luego de hacerse a un lado del poder en Washington, Bannon ha dedicado tiempo en su país a promocionar un libro biográfico, ‘Siempre rebelde’, escrito a partir de una entrevista con el periodista Keith Koffler.

Ahí hace un recorrido de sus tiempos en la Marina, en la Escuela de Negocios de Harvard como estudiante, en Wall Street como inversor y en Hollywood como productor. El autor lo reseña como “entendido en filosofías esotéricas y teorías políticas; ha diagnosticado el problema de EE.UU. -la podredumbre que se ha comido las esperanzas, oportunidades y libertades de sus ciudadanos trabajadores- y ha desarrollado una estrategia ganadora para recuperar el país”.

Con prácticamente este mismo libreto se produjo su promocionada gira europea el año pasado, y su salto a los titulares con el apoyo a la fundación de El Movimiento, en compañía delpolítico belga Mischael Modrikamen.

Con base en Bruselas, este grupo busca resaltar la importancia de la soberanía nacional, fronteras más definidas, mayores límites a la inmigración y lucha contra lo que llaman el islam radical, con miras hacia las elecciones en el Parlamento Europeo en mayo.

Modrikamen lo definió para el diario español ABC como un club al que solo se puede acceder por invitación de sus organizadores, y en el que definitivamente nunca aceptarían a partidos racistas o antisemitas como Amanecer Dorado en Grecia o Jobbik en Hungría.

Entre los que serán llamados a unirse están las tiendas políticas nacionalistas, populistas y radicales que en los pasados años han revolucionado la política europea, como La Liga en Italia y el Frente Nacional en Francia. En España han visto como la mejor opción a Vox desde el punto de vista ideológico, sin descartar al Partido Popular (PP).

Desde hace poco más de una semana sumaron el primer miembro en Latinoamérica: el ultraderechista presidente brasileño Jair Bolsonaro, cuyo hijo fue nombrado coordinador de El Movimiento en este lado del planeta. Bannon admite que no espera conseguir una alianza de mayoría en el Parlamento Europeo; con una tercera parte de puestos se conformaría para ser la piedra en el zapato del eje liberal e integracionista liderado por Emmanuel Macron y Ángela Merkel.

Aunque muchas voces dentro del Partido Republicano estadounidense consideran un chiste la idea, más de un analista considera que todo esto es una estrategia de Bannon para enrumbar su propio camino hacia la Casa Blanca. Mientras tanto, fluyen noticias de figuras públicas en su país que amenazan no asistir a un evento donde él estará presente. Su popularidad, por ahora, no es su principal atributo.

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