Pérdidas pedagógicas y sociales salen a flote tras una semana 100% en las aulas

Este 13 de abril del 2022 se conmemora el Día del maestro ecuatoriano. Foto: archivo / EL COMERCIO.

Con vacíos. Así es como encuentra la docente fiscal Ximena Benítez a sus estudiantes de décimo de básica, tras casi dos años alejados de las aulas.

La maestra señala que con el retorno a clases presenciales es evidente que sus estudiantes no han alcanzado los aprendizajes correspondientes a su nivel.

Por ejemplo, sus alumnos fallan en temas de ortografía que ya deberían dominar. También en la estructuración de párrafos simples. “Debo abordar lo que no corresponde al nivel”, dice la docente, quien además teme que los chicos avancen con esas falencias.

Pero dice que también depende de la decisión de los estudiantes de aprender y del apoyo en casa. “Hay quienes sí lograron afianzar contenidos, aunque son minoría”.

La lección que dejó la pandemia es que la educación no está solo en manos del Estado, sino que es un tema colaborativo, dice Paola Jácome, directora del área de Educación de Grupo Faro.

Con el retorno, sostiene que debe tomarse en cuenta el estado socioemocional de los estudiantes, los docentes y los padres de familia. “Así como nadie nos preparó para el encierro; tampoco para el encuentro, que implica el retorno a clases presenciales”.

En este aspecto, los más afectados han sido los niños, dice, aunque los adolescentes no están exentos. De 1,8 millones de alumnos que ya están en clases 100% presenciales en el régimen Sierra-Amazonía, la mayoría (71,95%) cursa algún nivel de educación general básica. El 6,95% está en inicial y el 21,1%, en bachillerato.

Bases débiles

Tras la primera semana con el 100% de sus alumnos de cuarto de básica en el aula, la docente fiscal Marcela Herrera ha notado que los niños asimilan contenidos de manera temporal. “Se acuerdan para la clase y luego se olvidan”.

Las principales fallas están en lectoescritura y matemáticas, dice la maestra. Por ello considera que se requiere de un tiempo específico para reforzar esas áreas, que son el punto de partida para otras. “No sirve de nada iniciar con divisiones de una cifra si no saben multiplicar, que es la base”.

La ministra de Educación, María Brown, dijo que estas falencias ya se identificaron antes del inicio del retorno progresivo y voluntario. “Pudimos constatar que existían algunas dificultades en lectoescritura, comprensión lectora, matemáticas y en las habilidades y destrezas vinculadas con el desarrollo psicomotor y psicosocial”.

Por eso enfatiza en la importancia de que la asistencia sea 100% presencial; y reconoce que eso viene con un desafío: recuperar los aprendizajes.

Para la especialista de Faro hay otro importante: pensar en la educación híbrida. Sostiene que el sistema tiene que contemplarla, luego de que toda la comunidad educativa desarrolló habilidades tecnológicas en la pandemia.

Pero sostiene que hay que canalizarla. “En la pandemia se la llamó educación virtual, pero fue en emergencia. No es solo conectarse al Zoom y dar una clase regular como si fuera un aula, implica otras fortalezas y habilidades que hay que desarrollar”.

Pérdida académica y cognitiva

La situación es alarmante, dice la psicopedagoga Cristina Tapia. Además de no haber aprendido, en las aulas se nota que los estudiantes olvidaron lo que ya sabían. En algunos casos, la afectación también es en funciones cognitivas.

Menciona, por ejemplo, dificultad para la atención sostenida, para organizar, planificar o regularse. Además, los chicos no saben qué hacer, cuándo hacerlo o requieren de mayor tiempo, señala.

Cuidados socioemocionales para los chicos

Los niños de 4 a 7 años necesitan apoyo en el manejo de la frustración por pérdida en los juegos o porque no siempre terminan primero un trabajo en clase. Deben aprender a esperar su turno.

Los niños de hasta 10 años requieren espacios para hablar sobre cómo se sienten con la vuelta a la escuela y si tienen amigos en ella; es importante conocer si están socializando con sus compañeros de clase.

Hay que mirar si los chicos llegan tristes de la escuela o del colegio. Señales de golpes o cambios en sus rutinas de sueño o alimentación son signos de alarma de posibles afectaciones emocionales.

No preguntar de manera directa si los chicos tienen algún problema en la escuela o el colegio, ya que se van a sentir interrogados; hágalo a través de juegos, mientras cocinan o ven la televisión.

Los adolescentes también necesitan un espacio para contar cómo se sienten y si les está yendo bien en sus actividades académicas; el diálogo y la comunicación son fundamentales en esta etapa.

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