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Un espacio para los amantes de la calistenia

Si alguien quiere unírseles debe acercarse de 12:00 a 15:00, y contactarse con los chicos. El uso del espacio es gratuito. Foto: Julio Estrella / El Comercio

Es como si desafiara las leyes de la gravedad. Se sostiene de un tubo que está plantado en el suelo, levanta los pies hasta que su tronco queda paralelo al piso y simula que camina. El ejercicio se llama la ‘bandera’, y para lograrlo, Marco Ushinia, de 23 años, debió repasar todos los días durante tres meses.

En el parque La Carolina, junto al área de crossfit, hay un espacio donde todos los domingos un grupo de 12 chicos se reúne para trabajar en las barras, de 12:00 a 15:00. Llaman la atención de niños y adultos, por su fuerza y las acrobacias que realizan. Trabajan con su propio peso corporal en lo que se conoce como calistenia.

Esa palabra extraña proviene del griego kalos, que significa belleza; y sthenos, que quiere decir fortaleza. Este deporte nació de la gimnasia olímpica.

Uno de los movimientos más complicados es el giro 360. La persona toma impulso en la barra, se suelta, gira su cuerpo y vuelve a agarrarse de los tubos. Foto: Julio Estrella / El Comercio

Marco es el más antiguo del grupo. Lleva entrenándose tres años y medio y prácticamente domina todas las acrobacias. Introducirse en este mundo requiere de constancia. Son ejercicios que para controlarlos se necesitan meses de práctica; además de resistencia, agilidad, equilibrio, coordinación y flexibilidad. Deben entrenarse al menos 30 minutos al día, pero mientras más se ejercitan, más rápido saldrán los trucos.

El primer año, estos deportistas se dedican a fortalecer la muscu­latura con ejercicios como planchas, abdominales y flexiones. Primero se practica en el suelo luego se pasa a las barras. Esta actividad desarrolla musculatura en hombros: bíceps, tríceps, lumbares y abdominales; pero también se requiere fortalecer piernas y glúteos para hacer algunos trucos.

Poco después de graduarse del colegio, Marco fue al parque y le llamó la atención ver a otros jóvenes hacer esas acrobacias. Empezó a frecuentar el sitio y de ellos aprendió los movimientos básicos. El resto lo sacó del Internet.

Los retos

Uno de los pasos más complicados son los mortales: se cuelga de la barra, se balancea y cuando tiene viada se suelta del tubo, se encoge y hace un giro que puede ser hacia atrás o hacia adelante.

Aprender el mortal es difícil, sobre todo porque se debe vencer el miedo. Al principio, Marco lo hacía con colchoneta para evitar golpes. Calcula que se cayó 10 veces y que sufrió torceduras de dedos y golpes en las canillas; tres meses después sacó el movimiento.

Esta actividad es ideal para mejorar el estado físico, fortalecer los músculos y prevenir lesiones. Además, combate el estrés. Foto: Julio Estrella / El Comercio

Otro de los ejercicios complicados es el pino. Consiste en pararse de manos sobre la barra y quedarse completamente estático. Son claves el control en las muñecas y la resistencia. Antes de la pandemia, Marco lograba mantener la posición cinco minutos, ahora solo lo logra por tres.

El más joven de los participantes tiene 16 años; el mayor, 26. Se requiere un buen estado físico. Kevin Pinto, de 18, se les unió hace tres meses y en el momento se concentra en los ejercicios de fuerza. Espera a finales de año ya saltar a las barras y hacer trucos. Una persona que apenas empieza tarda cerca de un año en fortalecer sus músculos y empezar a hacer las maniobras básicas.

Contrario a lo que muchos pueden pensar, este deporte también lo practican mujeres, aunque son pocas. Hasta antes de la pandemia había una chica asiática que dejó a todos con la boca abierta por su agilidad y fuerza.

Se ponen magnesio para evitar el sudor y sujetarse mejor a los tubos. La funda vale USD 15 y les dura casi un mes. Foto: Julio Estrella / El Comercio

Los riesgos

Entre los miembros del grupo han ocurrido accidentes, pero por fortuna ninguno fatal. El de mayor gravedad le pasó a Nicolás Caiza. Trataba de hacer una acrobacia y se le soltaron las manos, por lo que se golpeó la mandíbula en el tubo y sangró. No registró fracturas pero se le rompió un diente. A la siguiente semana, Nicolás volvió y sigue entrenándose.