Educación y trabajo, retos de los jóvenes

Gonzalo Criollo, Valeska Chiriboga, Roxana Jaramillo y Emilia Andrade. Fotos: cortesía




Los jóvenes desempeñan un papel importante en el desarrollo de los países. Por ello, los gobiernos deben fortalecer el acceso a la educación y potenciar sus habilidades, para que contribuyan a una economía productiva; más en la pandemia de covid-19, que ha dejado un impacto económico, social y sanitario.

Estas premisas constan en los documentos Desafíos Globales y #JuventudLidera, de la ONU. Cada 12 del mes, desde 1999, la entidad conmemora el Día Internacional de la Juventud, cuyo objetivo es visibilizar sus principales problemas.

En el mundo hay más de 1 000 millones de jóvenes de entre 18 y 29 años. Solo en Ecuador hay 3,5 millones. Representa el 20,1% de los 17, 6 millones de ciudadanos, según proyecciones del INEC.

Por ello, Francisco Cevallos, secretario técnico del Consejo Nacional para la Igualdad Intergeneracional, opina que es importante reforzar la educación y el trabajo, para promover su autonomía.

En el país, los jóvenes son los más afectados por el desempleo, a junio. Según el INEC, el 35,4% de personas sin trabajo corresponde a jóvenes de 15 a 24 años y el 29,2%, a personas de 25 a 34. Mientras tanto, un 18,6% de desempleados corresponde a adultos de 35 a 44 años.

Cevallos recuerda que también debe fortalecerse la salud sexual y mental; derechos y participación.

“El desempleo afecta más a los jóvenes”


Gonzalo Criollo (23 años), estudiante de Economía


Desde años atrás hay una crisis en el ámbito laboral, ya que hay un alto índice de desempleo y de trabajo precarizado. Solo tres de cada 10 colaboradores tienen empleos adecuados. Los más afectados son los jóvenes, en especial, las mujeres que viven en las zonas rurales. Estos problemas se intensificaron durante la pandemia. Personas de estos grupos etarios no tenían trabajo ni seguridad social. Además, hubo problemas de acceso a la tecnología para el teletrabajo. A esto se suma que se mantienen problemas como la falta de experiencia de los nuevos profesionales. Para ello, considero que las universidades e institutos deberían conectarse más con la realidad laboral actual del país y de cada uno de los territorios. Por ejemplo, los centros de educación superior podrían diseñar programas para reactivar la parte económica de las localidades. Así, generarán redes y vínculos entre los estudiantes y las instituciones. Además, el sector privado debe estar inmiscuido, para que los chicos se vinculen a las diferentes dinámicas laborales.

“El acceso para estudiar es desigual”

Valeska Chiriboga (23 años), politóloga y activista feminista

Durante la pandemia de covid-19, la principal inquietud está relacionada con la desigualdad en el acceso a la educación. Con la pandemia se cambió la modalidad de las clases: de presencial a virtual. Sin embargo, no se fortaleció el acceso ni la conectividad para que los chicos tengan la oportunidad de seguir sus clases en línea. Esto es parte de nuestros derechos, es decir, tener una educación de calidad. Por ello, las autoridades deberían apoyar para que la conectividad sea gratuita e igualitaria. No podemos hablar de derechos educativos si no se garantizan. La Comisión de Derechos Humanos ha dicho que se la debe garantizar, principalmente en temas de financiamiento e inversión. En los primeros meses de la pandemia, por ejemplo, hubo recortes en los presupuestos de las universidades. Esto no debe ocurrir. El reto de los gobiernos es apostar por una educación gratuita. Para ello es necesario fortalecer lo público, para que la mayoría de los jóvenes tenga la oportunidad de estudiar y de llegar a ocupar una plaza laboral.

“Fortalecer las raíces afrodescendientes”

Roxana Jaramillo (25 años), fisioterapista y activista afro

Como mujeres afrodescendientes y activistas estamos luchando por la inclusión de la etnoeducación en el currículo educativo. Esto es importante para que se conozca la historia afro, desde nuestra visión. Así, las generaciones actuales tendrán la oportunidad de conocer sobre sus ancestros y sentirse más orgullosos de nuestra cultura. Por ejemplo, es necesario conocer más sobre los personajes afrodescendientes que estuvieron presentes en la historia del país. Para ello, en la agrupación -y pese a la pandemia- han realizado acciones para educar a la ciudadanía. Tuvimos un conversatorio llamado ‘Entre turbantes y cabellos: historias de rebeldía afro’. En ese espacio hablamos sobre el uso del turbante -utilizado por las campeonas olímpicas Neisi Dajones y Tamara Salazar-, el reconocimiento de nuestro cabello, etc. Además, pudimos traer una parte de la biblioteca de la historia negra. Adicionalmente, trabajamos en temas relacionados con la violencia en contra la mujer afro y el acceso al trabajo, que es más difícil para nosotras.

“Sin respuestas a la violencia de género”

Emilia Andrade (22 años), feminista y estudiante de Ciencias Políticas

La pandemia ha visibilizado más los problemas de violencia contra las mujeres. Ellas han tenido que convivir con sus agresores durante el confinamiento. Lastimosamente, el Estado no ha dado una respuesta oportuna hacia ese tema. Esto se muestra en la falta de presupuesto para ejecutar las actividades propuestas en la Ley para Prevenir y Erradicar la Violencia de Género. Seguimos en el limbo, pese a que hay una Secretaría de Derechos Humanos y un nuevo Gobierno. Adicionalmente hay pocas casas de acogida para las mujeres que requieren un espacio para alejarse de sus agresores. En el país solo hay siete espacios habilitados. Por eso es necesario comenzar con la entrega de los presupuestos para llevar a cabo acciones para erradicar la violencia, como campañas de sensibilización para hablar sobre el tema. Además, los jóvenes deberían involucrarse más en la elaboración de las políticas públicas nacionales. Así podremos hacer leyes para nosotros y pensando en nuestro futuro y en el de las nuevas generaciones.

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