
¿Sientes que las ganas de hacer el ‘sin respeto’ se fueron de vacaciones? Tranqui, no eres la única persona pasando por esto.
El deseo no depende solo de la voluntad.
Cuando la química corporal se desajusta, el cuerpo entra en un “modo ahorro de energía” y apaga la libido para atender prioridades.
La sexóloga Silvia Guevara explica tres cosas que te quitan silenciosamente el impulso:
Cuando la tiroides funciona más lento, puede bajar el ritmo del metabolismo, generar cansancio y reducir la testosterona libre.
Por otro lado, la tiroides acelerada genera ansiedad e insomnio.
La tiroides afecta directamente el metabolismo y las hormonas sexuales.
La especialista explica que entre los factores hormonales el que más altera el deseo es la tiroides, ya sea el hipertiroidismo o el hipotiroidismo.
La glucosa altera la circulación de la sangre necesaria para la respuesta sexual.
La especialista señala que la diabetes puede dañar los vasos sanguíneos y reducir el flujo de sangre.
“Si toda la tubería funciona mal, pues no va a recorrer flujo constante a los órganos genitales, y eso dificulta o merma la capacidad de erección, respuesta y excitación”, dice.
Si hablamos de causas físicas que afectan el deseo, primero tenemos la salud mental… aclara Guevara
“En realidad las causas biológicas es lo menos frecuente… no va a haber deseo si hay depresión, no va a haber deseo si es que estamos en un agotamiento crónico, no va a haber deseo si no se duerme bien”.
El deseo es vitalidad. Escucha a tu cuerpo, cuida tu nutrición, descansa y busca ayuda profesional para reencontrar el equilibrio, recomienda.
El deseo sexual, en general, y el femenino, en particular, no dependen solo de las ganas, sino que es el reflejo de un equilibrio multifactorial entre hormonas, neurotransmisores, emociones y energía vital, sumado a la condición física, las creencias mentales y el estado de la relación.
Por eso, cuando alguna de estas piezas se altera químicamente por enfermedad, estrés o medicación, el cuerpo puede “apagar” temporalmente la libido para priorizar funciones básicas de supervivencia, tal como cuando nuestros dispositivos se ponen en modo ‘ahorro de energía’.