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La fuerza de la eyaculación suele interpretarse en la intimidad como el barómetro definitivo de la virilidad o el deseo, provocando miedos silenciosos cuando el chorro pierde intensidad.
Sin embargo, este proceso responde a un complejo reflejo neuromuscular controlado por el sistema nervioso autónomo.
El sexólogo Eduardo Granja nos lleva de la mano por este misterio para descifrar cuándo se trata de una simple racha de cansancio y cuándo es momento de prestar atención médica sin complejos.
Físicamente, la potencia del chorro depende de la sincronización de las contracciones del músculo bulboesponjoso y la elasticidad de la uretra.
Lejos de los mitos de películas, el especialista explica que la distancia y la fuerza no son siempre las mismas. Dependen, en buena parte, de tres cosas que pueden cambiar de un día para otro.
1.Por ejemplo, si llevas entre dos y siete días sin actividad sexual, las vesículas acumulan un mayor volumen. Eso genera más presión y puede hacer que el reflejo sea más fuerte.
2. También influye cuánto tiempo llevas excitado. Una estimulación prolongada activa el sistema nervioso simpático y puede provocar contracciones más vigorosas.
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3. Y está el cansancio. Cuando hay fatiga extrema o mucho estrés, el cuerpo puede reducir temporalmente esa respuesta automática. El resultado puede ser menos volumen y un impulso más débil.
Al respecto, el doctor detalla que “la uretra actúa como un tubo elástico; cuando un volumen mayor de semen ingresa a la cámara uretral, distiende más las paredes y los músculos tienen que ejercer más presión, generando un chorro de mayor alcance”.
En este tema también circulan algunas creencias que el especialista se encarga de aclarar.
Una de ellas es que eyacular con más fuerza significa tener mayor fertilidad. Pero, según Granja, no es así.
Aunque pasar varios días sin eyacular puede aumentar el volumen y la fuerza visible, acumular semen durante demasiado tiempo puede provocar estrés oxidativo en los espermatozoides, fragmentación del ADN y pérdida de movilidad.
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Esta hormona sí regula la producción de líquido en las vesículas seminales y la próstata, explica el especialista.
Sin embargo, la fuerza del orgasmo depende también del funcionamiento de los nervios y los músculos, no únicamente de los niveles hormonales.