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¿Tus hijos repiten cosas como Tralalero tralalá…? Parece inocente, ¿verdad? Pues no lo es tanto.
Esta práctica viral puede esconder ofensas o blasfemias.
En unos casos pueden estar diciendo mensajes ofensivos que, al estar en otro idioma, pasan desapercibidos para los adultos y para ellos mismo.
Tralalero tralalá y otras similares son expresiones que salen de videos rápidos de redes sociales, sobre todo TikTok, que muestran imágenes de personajes como tiburones antropomorfos o aviones de guerra con forma de cocodrilo.
Cada secuencia tiene su respectivo audio que parece un trabalenguas y está en italiano. Justamente como son juegos de palabras y riman, provocan que se escuchen varias veces hasta entender qué mismo dicen o que, incluso, sean repetidos por los internautas sin saber lo que significan.
Entre los personajes más conocidos de estos clips están Tralalero Tralalá y Tung Tung Tung Sahur. Cada criatura tiene un nombre y un sonido único.
Estos videos han capturado la atención de la Generación Alpha (nacidos entre 2010-2025), o sea, niños y adolescentes, y ha despertado alertas sobre posibles efectos en la concentración y el aprendizaje, porque los clips se ubican bajo la categoría de brainrot.
Brainrot significa literalmente “podredumbre cerebral” y se refiere a un estado mental deteriorado por consumir contenido trivial en Internet.
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En italiano: “Tralalero Tralalá, porc& Dio e p0rc# Allah. Ero con il mio fottuto figlio merd#rd% a giocare a Fortnite quando a un punto arriva mia nonna: Ornella l3cc% c%p3ll%.”
En español: “Tralalero Tralalá, c3rd0 Dios y c3rd0 Alá. Estaba jugando Fortnite con mi hijo de mi3r$% cuando, de repente, llega mi abuela: ‘Ornella, l#m3 la p$&ta’.”
Según la web Strommen, “p0rc$ Dio” es una de las blasfemias más fuertes en idioma italiano, mientras que “p0rc% Allah” combina blasfemia y discurso ofensivo hacia el islam, lo que evidencia el potencial choque cultural de este contenido.
Otras expresiones incluyen humor absurdo sin fines ofensivos, como:
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Más allá de las ofensas y las blasfemias que pueden contener estos videos y que los niños pueden estar repitiendo sin ser conscientes, lo grave es el efecto del contenido agrupado bajo la categoría de brairont para sus cerebros y su actitud.
Nicolás Castro, coordinador de la Escuela de Comunicación de la UIDE, dice que los brainrots “no representan por sí mismos un riesgo grave”, pero sí modifican hábitos de atención y consumo digital.
Son tan rápidos y están construidos con tantos fragmentos que cortan la capacidad de concentración prolongada, esencial para leer, escribir o resolver problemas complejos.
Castro advierte que la exposición constante puede dificultar la paciencia frente a textos largos y generar dependencia de recompensas inmediatas.
La proliferación del brainrot no solo afecta la atención, sino que puede influir en la memoria y en la capacidad de tomar decisiones.
Según Marca, que cita a expertos en psicología, la repetición compulsiva de contenido trivial podría alterar estructuras cerebrales en desarrollo y fomentar una actitud pasiva frente al aprendizaje.
El psicólogo clínico Carlos Hidalgo enfatiza que controlar tiempos de pantalla, establecer descansos y supervisar el tipo de contenido son medidas clave para proteger la salud mental y cognitiva de los más jóvenes.
Los padres y educadores pueden aplicar algunas estrategias prácticas para minimizar los efectos negativos del brainrot:
