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Los niños deportistas requieren una dieta balanceada

Colaboración de Juan Pablo Rueda y Daniel Endara. Fotos: Diego Pallero y Vicente Costales / EL COMERCIO

Colaboración de Juan Pablo Rueda y Daniel Endara. Fotos: Diego Pallero y Vicente Costales / EL COMERCIO

Colaboración de Juan Pablo Rueda y Daniel Endara. Fotos: Diego Pallero y Vicente Costales / EL COMERCIO

La infancia es sinónimo de derroche de energía y, por esa razón, todos los niños y niñas requieren una alimentación balanceada –con macro y micronutrientes- para crecer sanos y fuertes, independientemente del deporte que realicen.

Lo único que cambia en la dieta de un infante de entre 4 y 8 años que realiza un de­terminado deporte es la can­tidad de calorías que ingiere durante el día. Un niño que practica fútbol, natación, artes marciales o ­atletismo requiere de una carga calórica más alta: entre 1 600 y 2 000 calorías, según la nutricionista Andrea Borja.

Un niño que cumple con actividad moderada necesita entre 1 400 y 1 600, mientras que a un pequeño sedentario le sugieren consumir entre 1 200 a 1 400 para evitar el desarrollo de enfermedades no transmisibles como la diabetes, obesidad o sobrepeso. La ingesta de calorías aumenta a medida que el niño crece.

Todos esos infantes requieren de proteína, carbohidratos y grasas de buena calidad para desarrollarse y destacarse en cada una de sus actividades: deportivas y escolares. Los carbohidratos y las grasas, contó Borja, son fuente de energía, mientras que la proteína se encarga de reparar los músculos y tejidos.

Una dieta libre de carbohidratos altera el dinamismo propio del niño, mientras que la ausencia de grasas perjudica su crecimiento. La falta de minerales y vitaminas también altera la salud, según el deportólogo José Reinhart, representante de Herbalife.

Los niños derrochan grandes cantidades de energía y por eso no se los puede privar de un determinado macro o micronutriente. Todos son importantes para ellos, porque están creciendo”, dijo Borja. Sin embargo, ambos especialistas coincidieron al decir que es importante ingerir productos de calidad y con un alto valor nutritivo. Están fuera de esa lista los caramelos, galletas rellenas, mayonesa, entre otros elementos. Sugieren hidratos de carbono integrales y grasas insaturadas.

Estas últimas abundan en los frutos secos, en pescados como el salmón, en las aceitunas, en el aceite de oliva… Las grasas, además de proveer de energía al organismo, reducen los niveles de colesterol en la sangre y favorecen la salud del corazón. En la lista de carbohidratos están las frutas, la quinua, el amaranto, el plátano verde, la yuca, cereales integrales.

La proteína, en cambio, está en determinados vegetales, cereales y carne animal. Reinhart sugiere la que proviene del pollo, pescado, cerdo o vaca, porque contienen todos los aminoácidos esenciales, como la leucina, lisina, triptófano. La ausencia de estos genera nerviosismo, fatiga, mareos.

Las porciones de los macronutrientes, contó el deportólogo Reinhart, se modifican en la edad adulta de los deportistas. Un corredor de grandes distancias -más de 42 kilómetros-, por ejemplo, requiere de cantidades extras de carbohidratos para cumplir con el recorrido, mientras que un deportista que trabaja con pesas requiere de más proteína para reconstruir los músculos.

Para apuntar

Los niños de entre   cuatro y ocho años cumplen con una actividad deportiva de forma recreativa. La mayoría de los   niños se entrena entre 60 y 90 minutos diarios con el objetivo de mejorar la técnica. Las calorías  de la dieta diaria deben repartirse así: 60% hidratos de carbono, 25% proteína y 15% grasas.