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La enfermedad que salvó a los judíos del Holocausto Nazi

Personal del Hospital Fatebenefratelli inventarón la enfermedad síndrome K para salvar a los judíos del Holocausto Nazi. Foto: Twitter Ufficio Stampa Fatebenefratelli

Más de seis millones de personas murieron a causa del Holocausto Nazi. Durante la Segunda Guerra Mundial, los alemanes radicalizados persiguieron sistemáticamente a los judíos por considerarlos como una ‘raza inferior’.

De los aberrantes casos de secuestro, tortura y asesinato se libraron algunos porque se les diagnosticó el síndrome K, una enfermedad que se inventaron médicos italianos y que, paradójicamente, les salvó la vida.

Las tropas, actuando bajo los ideales de Adolf Hitler, invadieron los barrios judíos en Roma entre septiembre y octubre de 1943. Unos 1 800 fueron llevados a campos de concentración, de acuerdo con cifras del Museo del Holocausto de Estados Unidos.

Cerca de 10 000 encontraron refugio de los abusos. Un centenar aprovechó para esconderse la noche del 16 de octubre en el Hospital Fatebenefratelli. Llegaron corriendo y con caras de asombro al ver al ejército invasor con imponentes armas.

Uno de los testigos fue Adriano Ossicini, quien estaba a la espera de una cirugía y percibió la algarabía.

“Todavía recuerdo el grito desgarrador de una madre en la vía. Le gritaba a su pequeño hijo: ‘¡Huye, huye!’”, recordó en charla con el portal histórico ‘16ottobre1943’.

Los que no lograban escapar eran cargados, como si fueran animales, en grandes camiones que avanzaban a alta velocidad y se perdían en el horizonte.



La enfermedad de Kesselring

Ossicini se prestó para ayudar y las directivas médicas le ordenaron escribir diagnósticos falsos para poder ingresar a los judíos a las salas de hospitalización.

“Un joven médico, Sacerdoti, pensó en diagnosticarlos con ‘síndrome K’. De hecho, existen diversas enfermedades que empiezan por la letra K, pero en este caso, de forma casi irónica, quería hacer referencia a la enfermedad de Kesselring”, reveló.

Albert Kesselring era el verdugo. El militar alemán que comandó el ejército en Italia, el cual fue acusado de varias atrocidades. Sus víctimas, siguiendo la denominación, estaban enfermas por el mal que les causaba.

El doctor Vittorio Sacerdoti, de 28 años, era un judío italiano y junto al médico Giovanni Borreo, se inventó la enfermedad y salvó a unas 45 personas, según le expresó al medio británico ‘BBC’.

“Escribíamos en los formularios médicos que el paciente padecía el síndrome K. Los nazis pensaron que era cáncer o tuberculosis y huyeron como conejos”, comentó en 2004.

La enfermedad inexistente también salvó a su prima, Luciana Sacerdoti, quien tenía diez años en aquel momento.

Los militares intentaron ingresar al hospital, pero el personal les dijo que había decenas de infectados que incluso podrían morir y propagar la enfermedad.

Para que no hubiera dudas del padecimiento nuevo, los médicos les ordenaron toser a todos, pues los militares “le tenían miedo a la tos, no querían contraer una enfermedad horrible”, aseguró Sacerdoti.

En 2016, la institución fue exaltada por las autoridades como una ‘casa de vida’ por la labor que ejercieron en la década de 1940.

“Creo que (ese día) no había ningún paciente en el hospital. Todas las personas que vi estaban sanas. Éramos refugiados y encontramos un hogar allí”, recordó Luciana Tedesco, una de las sobrevivientes, cuando se instaló una placa conmemorativa.

Gabriel Sonnino, otro de los ‘enfermos’ del síndrome K, tenía escasos cuatro años cuando abruptamente lo ingresaron a una habitación y lo encerraron junto a otros judíos. Según dijo, al inicio pensó que era el final.

“No sabíamos por qué estábamos encerrados allí. Sentimos que era un castigo. Hoy sabemos que fue la salvación”, afirmó.

La placa está instalada en el patio. Los pacientes al leerla pueden evidenciar que varias decenas de judíos evitaron morir en campos de concentración por el ingenio de los médicos. Los curaron luego de diagnosticarlos en fase terminal.

“Este lugar fue un faro de luz en la oscuridad del Holocausto. Es nuestro deber moral recordar a estos grandes héroes para que las nuevas generaciones los reconozcan y aprecien”, está tallado en piedra en el Hospital Fatebenefratelli.