16 de septiembre de 2019 16:03

John Bercow frena el caos del Brexit

John Bercow presidiendo los resultados de una moción para una elección general parlamentaria anticipada. Foto: AFP

John Bercow presidiendo los resultados de una moción para una elección general parlamentaria anticipada. Foto: AFP

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Santiago Estrella
Editor (O)

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Si la política pudiera -supiera- otorgar placeres, mirar los debates de la Cámara de los Comunes debería ser uno de ellos. El mundo parlamentario británico es maravillosamente desconcertante. Se puede mirar por horas la transmisión y pocas cosas serán capaces de distraer.

Es hipnótico con al menos dos elementos que, mirados desde el lugar que nos confieren los estereotipos -que nada tienen de malo, por cierto-, definen en mucho lo británico: la ritualidad solemne que data de siglos y el humor inteligente. Y muchas veces parece más un aula de clase en que se confunden abucheos y vítores, y en los que solo falta que se lancen bolas de papel arrancadas de los cuadernos.

Muchos han calificado el proceso del Brexit como una “histeria” británica: me quedo, me voy, mejor me quedo, mejor me voy; piden que llamen a nuevas elecciones, o mejor no… Y en ese ‘no saber’ qué ni cómo hacer alrededor de este dilema histórico, la figura de un hombre se yergue como esencial para tratar de imponer “orden” en la sala y, en consecuencia, el país: John Bercow. Como ‘speaker’ (presidente) de la Cámara de los Comunes, su figura crece incluso por sobre Theresa May y Boris Johnson, los dos ejecutivos que han debido lidiar con el Brexit (British exit).

Bercow anunció su retiro como ‘speaker’ para el 31 de octubre del 2019, fecha en la cual se deberá concretar el Brexit. Pudo haber sido antes, el martes pasado, si se aprobaba el adelantamiento de elecciones que pidió Johnson.

Afortunadamente, no prosperó porque hubiera significado el horror legislativo: no solo se habría contado con apenas 17 días, tiempo que le quedará hasta el 31 de octubre, para seguir tratando el divorcio con Bruselas, sino que también se habría tenido que encontrar un parlamentario para convertirse en el ‘speaker’.

En una maniobra política para no dar paso a las pretensiones populistas de Johnson, dijo que permanecería en el cargo hasta el 31 de octubre porque en una situación “tan animada”, como la que se prevé en esos días, se requería de “alguien con experiencia”.

Ser el presidente del Parlamento no es tan simple. Tanto es así que, al ser elegido en el cargo, el ‘speaker’ debe ser arrastrado hasta el sillón destinado para sus tareas. Es una de sus tantas ritualidades centenarias. En la historia, siete presidentes del Parlamento fueron ejecutados, tres de los ellos, decapitados por Enrique VIII.

Bercow se ríe de esa historia al mirar su destino. Él mide 1,68. La estatura le impidió seguir una carrera en el tenis luego de haber sido campeón juvenil. “No es cierto que sea el speaker más bajo que ha habido en la historia. Sir John Bussy, que presidió los Comunes entre 1393 y 1398, tenía menos estatura que yo… después de ser decapitado por Enrique IV”, dijo a unos estudiantes en la Universidad Leeds.

Como Presidente de la Cámara de los Comunes, debe ser una garantía de equilibrio. Y Bercow lo ha sido en estos 10 años en que ha ocupado el trono central de la Cámara. Él proviene del Partido Conservador. Y en los inicios de su carrera política, cuando contaba con 18 años, formó parte del Monday Club, una agrupación antimigratoria y racista que pronto abandonó porque supo que no era la línea correcta. Era, si se quiere, un error de una juventud en la que admiró la gestión de Margareth Thatcher, ‘la dama de hierro’. Pero ya en sus funciones, sus propios coidearios lo han cuestionado por estar más cerca del opositor Partido Laborista. Es un conservador proeuropeo.

“El Parlamento no es sinónimo de Gobierno. El Parlamento tiene ministros en el Gobierno porque no hay una separación de poderes como en Estados Unidos, pero la vasta mayoría de parlamentarios no son ministros del Gobierno. La responsabilidad del Parlamento es cuestionar, sondear, escrutar, retar y mantener a raya al Gobierno. Y eso es lo que no se aprecia del Parlamento como habría deseado”, dijo Bercow en una entrevista en la Universidad de Sheffeld.

Pese a que ha intentado modernizar la Cámara, solo lo ha hecho en cosas menores, como dejar el uso de las pelucas para él y los secretarios. Siempre quiso instalar el voto electrónico, pero no tuvo apoyo. Aún se vota a gritos por el “sí” o el “no”. Y si no es perceptible una mayoría, los comunes deben separarse en dos salones: uno por el sí; otro, el no. La Reina no puede pisar la Cámara. Y cuando llega a Westminster para dar su discurso anual, lo deberá hacer en la Cámara de los Lores. En una ceremonia el salón se cierra con un portazo. Es el símbolo de la independencia frente a la Corona. En 1642 fue la última vez que ocurrió: Carlos I ingresó para arrestar cinco parlamentarios.

Nada más particular que escucharlo gritar, en medio de ese espíritu de aula, “ooooooordeeeer / order” en todos los tonos posibles. De sus intervenciones se puede llenar páginas. Es elegantemente duro contra quienes lo acusan de algo. Quizás el más destacado fue cuando un conservador le reprochó tener un adhesivo anti Brexit en su vehículo.

“Resulta que ese adhesivo está en el auto de mi esposa. Y estoy seguro que el honorable caballero no está sugiriendo por un momento que una esposa es de algún modo la propiedad de su esposo. Ella tiene derecho de usarlo. Este adhesivo no es mío y este es el fin de la discusión”, le respondió.

Con sus corbatas coloridas, la toga, las constantes referencias en los debates al Arsenal, equipo del que es apasionadamente hincha y con un sentido del humor impecable, es el hombre al que, salvo los ‘brexiteers’, se le reconoce haber puesto orden en medio del caos que significa el Brexit.

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