
Vera Farmiga y Patrick Wilson se despiden de los Warren en ‘El Conjuro 4’.
Lo hacen con confesiones íntimas sobre sus personajes en esta entrevista.
Ambos actores cuentan sobre lo que significa este final.
¿Qué tienen Ed y Lorraine Warren que siguen cautivando al público?
Vera Farmiga: Son una pareja épica. Representan heroísmo y sacrificio, pero sobre todo el amor como mandamiento.
Con ellos mostramos que, si abrazamos la compasión y usamos nuestros dones, podemos hacer del mundo un lugar más amable y sagrado.
Patrick Wilson: Lo interesante es el contraste. Aunque las historias sean oscuras y las familias estén fracturadas, su relación se fortalece.
Esa luz en medio de la oscuridad, esa química y humor, hacen que los Warren se sientan como un espacio seguro para el público.
¿Qué buscaban en esta despedida de personajes?
Vera: ‘Últimos ritos’ es, literalmente, un último acto.
Este demonio contra el que luchan tiene una venganza personal de décadas atrás, y su sed de destrucción convierte a esta historia en un cierre muy potente.
Patrick: Queríamos ver a los personajes en peligro, pero también reflexionando sobre su edad y su hija.
Es una etapa de balances: preguntarse qué han logrado y si aún queda algo por vivir. Ese conflicto, entre mirar atrás y seguir adelante, era esencial.
¿Dónde encontramos a los Warren al inicio de la película?
Vera: Están agotados. Han pasado décadas de casos mediáticos, con escrutinio y burlas.
Ese trabajo emocional tiene consecuencias: la salud de Ed, la presión sobre Lorraine. Ella entra en modo autopreservación, mientras Ed aún quiere lanzarse a la acción.
Es un momento de pausa obligado.
Vera, ¿cómo se manifiestan los dones psíquicos de Lorraine, en especial con Judy?
La verdadera Lorraine Warren me dijo que su capacidad psíquica tenía una especie de interruptor de encendido y apagado, como una radio antigua que ajusta la señal.
En esta pausa, mantiene la “frecuencia” baja, hasta que una visión la sorprende, haciendo algo tan común como lavar platos. Judy heredó esa clarividencia, pero le teme.
Lorraine solo desea que la abrace como bendición, no como maldición, y que llegue a confiar en sí misma tanto como su madre confía en ella.
Patrick, ¿qué pasa con la fe de Ed y su relación con Judy?
Ed Warren nunca ha flaqueado en su fe, pero le asustan sus problemas de salud tras un ataque al corazón.
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Es un hombre chapado a la antigua: quiere cuidar de su familia y teme ser una carga. Con Judy es protector, aunque no comprenda su don.
Él se mueve más en lo práctico, preocupado por su bienestar cotidiano. Eso lo hace interesante de interpretar: alguien firme en sus creencias, incluso cuando discrepa con Lorraine.
¿Cómo los lleva todo esto al nuevo caso?
Patrick: Nos involucramos a la fuerza porque Judy se ve en problemas al entrar en contacto con una familia desesperada.
A diferencia de otras películas, nuestra prioridad absoluta es ella.
Vera: Aquí Judy empieza a explorar su don en lugar de huir. Para Lorraine, es dejar de controlar y permitir que su hija tome el volante.
Como padres, protegerla ha sido siempre lo instintivo, pero llega el momento de soltar.
Eso es lo más duro y, al mismo tiempo, lo más humano de esta historia.
¿Qué sienten al concluir esta saga?
Patrick: Es extraño. Nunca sabes hacia dónde pueden ir estas franquicias.
Lo que empezó como algo secundario puede convertirse en un éxito. Estoy emocionado por lo que venga, aunque este cierre cueste asimilarlo.
Vera: Yo solo siento gratitud. Ha sido un viaje extraordinario, y estoy orgullosa de lo que logramos.
¿En qué época se sitúa ‘El Conjuro 4: Últimos ritos’?
Vera: En 1986. Eso significa Chernóbil, el escándalo Irán-Contra, el desastre del Challenger… y, claro, el caso Smurl.
Ha sido fascinante envejecer con estos papeles, desde 1971, en la primera película hasta ahora.
Se nota en nuestras caras, en el pelo, en la forma en que habitamos los personajes. Explorar cada época y sus modas ha sido muy divertido.