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Ecos de la tragedia en la producción ecuatoriana ‘La muerte del maestro’

Durante el rodaje de ‘La muerte del maestro’, en el sector de Angamarca, en Quito

Durante el rodaje de ‘La muerte del maestro’, en el sector de Angamarca, en Quito

Durante el rodaje de ‘La muerte del maestro’, en el sector de Angamarca, en Quito. Foto: Cortesía Trópico Cine

En la fuerza destructiva de una catástrofe, José María Avilés encontró un impulso creativo que lo condujo a la producción de ‘La muerte del maestro’. La ópera prima del director ecuatoriano se estrena hoy en el circuito alternativo de cines en Ecuador.

El 16 de abril del 2016, Avilés se encontraba con su familia en La Merced, al nororiente de Quito, cuando la tierra comenzó a temblar. Esos momentos de miedo y confusión despertaron en el cineasta ecuatoriano una intempestiva conciencia sobre la muerte.

A partir de ese momento, Avilés abandonó un proyecto de ficción en el que trabajaba y se volcó a escribir el guion de ‘La muerte del maestro’, junto con Felipe Troya, quien también hace de productor.

El propósito era llevar al lenguaje cinematográfico la idea sobre la capacidad que tiene la tierra para proveer vida pero también la muerte.

Al mismo tiempo, Avilés quería alejarse del lado más catastrófico al que habitualmente recurren otras ficciones y decidió abordar la historia desde una perspectiva más personal y signos más sutiles.

Bajo ese esquema, la película retrata a un hombre mayor que vive en la región andina, donde no sintió el terremoto que sacudió la zona costera. En su día a día, los efectos empiezan a llegar hasta él como un eco del desastre, que se deja sentir en el extraño comportamiento de la naturaleza, que termina por impactarlo.

Avilés y Troya recurrieron a Marcos Andrango, un campesino anciano conocido en Angamarca como ‘El Maestro’, para que sea el protagonista.
Su presencia frente a la cámara hace que se difuminen las fronteras entre la ficción y el documental. Después de una fase de ensayos, ‘El maestro’ dejó de ver a la cámara como un objeto extraño y se dejó guiar por el relato para convertirse en un personaje real inmerso en un relato de ficción, de ritmo pausado y sentidos que se construyen en la observación y el silencio.
El rodaje se completó en varias etapas durante seis meses, en los que Avilés trabajó paralelamente en el montaje.

El filme se estrenó en el festival de Rotterdam y ha recorrido Francia, Alemania, Brasil y España antes de llegar a los cines de Ecuador, distribuido por Trópico Cine.

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