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Clara Luna: mar, sol, tortugas y 5 mil libros en Puerto López

Clara Luna es una biblioteca comunitaria que funciona en Puerto López, Manabí desde hace diez años. Foto: Cortesía de Paola Martínez.

Clara Luna es una biblioteca con 5 mil libros que está a 400 metros del mar. Funciona en Puerto López, una ciudad costera de la provincia de Manabí, donde la mayoría de gente se dedica a la pesca y al turismo.

En medio del olor a hibiscus, palo santo y café y acompañada del sonido de las olas del mar y el barullo de la gente, Clara Luna no solo se ha convertido en el epicentro del fomento a la lectura en esta ciudad, sino en un espacio de encuentro para niños y jóvenes de todas la edades.  

Clara Luna es una de las 1 010 bibliotecas que existen en el país; repositorios de la memoria que el próximo 24 de octubre celebran su día internacional. Su historia comenzó hace 10 años, gracias al impulso de Paola Martínez, una profesora que decidió apostar por la educación no formal, a través del fomento a la lectura.

Lo primero que hizo fue activar una campaña de donación de libros a través de internet y de hojas volantes que regó por las calles de Puerto López, pero enseguida su entusiasmo chocó con la realidad; la mayoría de personas no estaba interesada en la creación de una biblioteca.

Entonces, Martínez apuntó hacía el interés de la población por el turismo. Junto a un grupo de voluntarios comenzó a impartir talleres de inglés para niños y jóvenes. Luego, para engancharlos con los libros activó pequeños rincones de lectura.

Con el paso del tiempo, las donaciones de libros se incrementaron. Martínez cuenta que en este proceso los voluntarios y las fundaciones internacionales jugaron un papel esencial. Con su apoyo no solo se ha logrado incrementar el número de libros, sino crear programas educativos a largo plazo.

En Clara Luna hay cuatro programas que están activos todo el año. Los niños y jóvenes de cada club -hay cuatro-, visitan la biblioteca de forma presencial tres veces por semana, reciben lecciones de inglés, realizan lecturas en voz alta y actividades complementarias vinculadas a la lectura del día.

Hasta antes de la pandemia, también estaban activos dos programas que eran coordinados con el apoyo del Cuerpo de Paz: Días Arcoíris, en el que se trabaja  temas como la autoestima y liderazgo y Club de Género, orientado a hablar problemáticas como el machismo o el bullying.

Uno de los problemas sociales que Martínez se ha empeñado en abordar desde el trabajo de esta biblioteca es el del embarazo adolescente. Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos en el país, diariamente, 5 niñas de 14 años y 136 adolescentes de 15 a 19 años son madres.

“Acá -dice- el índice de adolescentes embarazadas es muy alto. Durante los tres años que trabajé dentro del sistema educativo formal vi como niñas de 13, 14 y 15 años dejaban de estudiar porque quedaban en cinta.  A través de nuestros programas y el vínculo con la lectura hemos sensibilizado a las familias para intentar que esta realidad cambie”.  

Desde Clara Luna también se activó un proyecto de bibliotecas móviles. Después del terremoto del 2016, Martínez y los voluntarios de turno decidieron sacar los de libros de los estantes y visitar ciudad y pueblos como Canoa, Chone y Río Muchacho fomentando la lectura y el amor a los libros.

Una de las personas que se ha beneficiado de la existencia de esta biblioteca es Andreina Mejía. Para esta joven de 17 años, Clara Luna se convirtió en un espacio de crecimiento personal y de exploración del entorno en el que vive.

La primera vez que visitó esta biblioteca tenía 7 años. Fue parte del club de niños y luego del club de jóvenes. Ahora, como voluntaria recuerda que estar en esta biblioteca comunitaria (en el país solo existen 174), no solo la ayudó a mejor su lectura, sino a tener más imaginación y a valorar más su vida.

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