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‘He llegado a completar un problema en hasta dos horas, dándole vueltas hasta que por fin termino resolviéndolo”, cuenta Leonel Vargas, uno de los adolescentes ecuatorianos que destacó en la competencia individual y grupal del Torneo de Jóvenes Matemáticos. En este evento, Ecuador no solo compitió: enfrentó dos formas distintas de demostrar lo que sabe.
El Torneo de Jóvenes Matemáticos, organizado por Editorial Binaria, se realizó en Lima, Perú, del 27 de marzo al 1 de abril. Ya es la sexta edición. Participaron delegaciones de Ecuador, Perú, Colombia, Bolivia y México. Ecuador compitió con 20 estudiantes, de entre 12 y 16 años, de ciudades como Quito, Guayaquil, Samborondón, Salcedo, Ambato, Manta, Ibarra y Latacunga.
La competencia se organiza en cuatro niveles según año de nacimiento: nivel 1 (2013-2014), nivel 2 (2012), nivel 3 (2011) y nivel 4 (2010).
Además, tiene dos dinámicas claras. En la fase individual, los estudiantes rinden dos días de prueba, con cuatro problemas por jornada, en áreas como teoría de números, álgebra, geometría y combinatoria. Cada sesión dura cuatro horas. Las respuestas deben resolverse y luego ser defendidas oralmente ante un jurado. No hay puntajes parciales: el problema está resuelto o no.
Luego viene la fase grupal. Los estudiantes se integran en equipos con participantes de otros países, organizados en casas, a las que denominaron Gauss, Pitágoras y Euler. Cada grupo recibe 10 problemas y dispone de 20 minutos para distribuirlos. La estrategia es dividirlos según fortalezas y avanzar para resolver la mayor cantidad posible.
Leonel Vargas, de 15 años, terminó primero de bachillerato en el Colegio Interamericano de Guayaquil y obtuvo medalla de plata en la prueba individual.
“Los problemas internacionales son más exigentes y también requieren usar ideas que normalmente no ves en los concursos nacionales”, explica.
Resolver uno puede tomar tiempo. “He llegado a completar un problema en hasta dos horas, dándole vueltas hasta que por fin termino resolviéndolo”.
Prefiere los problemas largos. “Cuando finalmente los resuelves se siente mucho más satisfactorio”.
No es su primera participación. En la edición anterior obtuvo bronce. Este año alcanzó la plata. Para llegar al oro, señala que le faltó “más práctica y un poco más de profundidad en algunos conocimientos”.
Sobre el formato grupal, considera que puede mejorar el resultado: “Cada uno puede notar cosas que otro tal vez pasa por alto”.
Samantha Morillo, de 15 años, estudia en la Unidad Educativa Santo Domingo Savio, en Pomasqui (Quito). En este torneo obtuvo medalla de oro en la prueba por equipos, con el mayor puntaje de su nivel. Su equipo estuvo conformado por dos ecuatorianos, una boliviana y un peruano.
“La instrucción era repartirnos los 10 problemas en los primeros 20 minutos y luego resolverlos”.
Cada integrante asumió ejercicios según su fortaleza. A partir de ahí, el trabajo fue individual dentro de una estrategia común.
Morillo ya había participado en tres ediciones anteriores del torneo, con dos medallas de bronce y una mención de honor en individual. Este año, su mejor resultado fue en equipo.
“Siento que me faltó intentar otros mecanismos para resolver algunos problemas y sobre todo explicar mejor mis soluciones”, dice sobre la prueba individual.
Leandro Castillo, de 15 años, estudia en la Unidad Educativa Espíritu Santo de Guayaquil. En su primera participación obtuvo medalla de bronce en individual y oro en equipo.
“Solo, porque se me pueden escapar algunas cosas que en un grupo se podrían corregir para poder llegar a la respuesta”, dice.
Formó parte del equipo Gauss Alpha, junto a una ecuatoriana, una boliviana y un peruano.
“Si cada uno está por su lado y nadie quiere tomar en cuenta a los demás, encontrar la respuesta será más tardado o hasta imposible”.
Aun así, el trabajo conjunto permite avanzar. “Cada uno puede notar cosas que otro tal vez pasa por alto”. “Me divertí mucho, conocí a mucha gente y mejoré en matemáticas gracias a mis compañeros y a mis profesores”, añade.
En la competencia individual:
En la categoría por equipos:
En Lima, los estudiantes ecuatorianos no enfrentaron una sola competencia, sino dos. Una en la que el resultado depende del trabajo individual sostenido. Otra en la que influye cómo se organiza un grupo con personas de distintos países. En ambos casos, las medallas muestran que no hay una única forma de competir.


