
El regreso de Odiseo a Ítaca siempre ha sido recordado por su reencuentro con Penélope.
Durante siglos, la gran historia de amor de ‘La Odisea’ ha eclipsado otro momento mucho más breve y silencioso.
Uno que apenas ocupa unas líneas en el poema de Homero, pero que Christopher Nolan decidió convertir en el corazón emocional de su nueva película.
Se trata de Argos, el perro que esperó veinte años para volver a ver a su dueño. Advertimos spóilers desde aquí.
Cuando Odiseo finalmente regresa a Ítaca, lo hace disfrazado de mendigo. Nadie logra reconocerlo. Ni los sirvientes, ni los habitantes del palacio, ni quienes han ocupado su hogar durante su ausencia.
Solo uno lo consigue.
Argos.
El viejo perro que había criado antes de partir a la Guerra de Troya permanece tendido sobre un montón de estiércol a las puertas del palacio. Está enfermo, cubierto de garrapatas y apenas puede moverse.
Según relata Homero en ‘La Odisea’, el animal mueve la cola y baja las orejas al advertir la presencia de su amo. No tiene fuerzas para levantarse ni correr hacia él.
Odiseo (Matt Damon en la cinta) tampoco puede abrazarlo. Apenas contiene una lágrima para no revelar su verdadera identidad.
Lo que ocurrió después convirtió a Argos en uno de los mayores símbolos universales de la lealtad.
Argos no volvió a ladrar. No volvió a caminar.
Murió apenas unos instantes después de reconocer a Odiseo.
Diez años de guerra y otros diez intentando regresar a casa terminaron en un reencuentro que duró apenas unos segundos.
Fue precisamente esa escena la que cautivó a Christopher Nolan.
El director explicó a The Guardian que decidió realizar ‘La Odisea’ porque la considera “la historia definitiva sobre perros”. Por ello, expandió el breve pasaje escrito por Homero para mostrar la vida de Argos antes de la guerra.
La película muestra al perro siendo un cachorro y acompañando a Odiseo durante sus jornadas de cacería.
También incorpora a Antínoo, interpretado por Robert Pattinson, como el responsable de abandonarlo sobre el estiércol del palacio, convirtiéndolo en una representación del deterioro del reino durante la ausencia del héroe.
Para dar vida al personaje se utilizaron tres ejemplares distintos de podengo portugués, una de las razas caninas más antiguas del mundo y tradicionalmente vinculada con la caza.
Lo que durante siglos fue apenas un breve episodio del poema épico de Homero se ha transformado en una de las escenas más comentadas y emotivas de la adaptación cinematográfica.
