6 de octubre de 2020 20:53

Los agujeros negros, misteriosos devoradores de estrellas

Astrónomos detectaron un conjunto de galaxias con un agujero negro supermasivo en su centro que fecha de los tiempos remotos del Universo. Foto: AFP/ L. Calçada/ European Southern Observatory.

Los agujeros negros comprimen masas enormes en espacios extremadamente pequeños. Su atracción gravitacional es tan descomunal, que nada se les escapa, ni siquiera la luz. Foto: AFP/ L. Calçada/ European Southern Observatory.

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Agencia AFP

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El agujero negro es uno de los elementos más misteriosos del Universo: “monstruo” invisible engullidor de estrellas, su existencia fue probada científicamente tras un largo y arduo camino que el Nobel de Física consagró este martes 6 de octubre del 2020.

El premio fue concedido al británico Roger Penrose, que aportó la prueba matemática, así como al alemán Reinhard Genzel y a la estadounidense Andrea Ghez, quienes hallaron un agujero negro supermasivo en el centro de la Vía Láctea.

Estos objetos desafían el sentido común hasta el punto de que incluso Albert Einstein, padre de la teoría de la relatividad, dudaba de su existencia.

Dos tipos 

Los agujeros negros comprimen masas enormes en espacios extremadamente pequeños. Su atracción gravitacional es tan descomunal, que nada se les escapa, ni siquiera la luz.

Por ello, estos cuerpos son muy difíciles de detectar y los científicos han confirmado su existencia gracias al impacto que tienen sobre su entorno.

Hay de dos tipos: el primero se forma con el colapso del centro de una gran estrella, lo que crea una supernova. Puede ser hasta 20 veces más masivo que el Sol, pero ocupa un espacio pequeño. Tratar de ver el agujero negro más cercano a la Tierra equivaldría a buscar una célula humana en la superficie lunar.

En cambio, los agujeros negros supermasivos -como el que hallaron los laureados con el Premio Nobel- son al menos un millón de veces mayores que el Sol.

El mes pasado, se anunció el hallazgo del primer agujero negro de masa intermedia, 142 veces superior a la del Sol. Se formó con la fusión de dos más pequeños.

Freno al tiempo


En 1915, Einstein describió cómo absolutamente todo, desde el átomo hasta la supernova, está sujeto a la gravedad. Y como esta es proporcional a la masa, un cuerpo extremadamente masivo podría en teoría alterar el espacio y ralentizar el tiempo.

Aunque dudaba de su existencia, el científico creía que un agujero negro sería incluso susceptible de parar el tiempo.

Roger Penrose aportó la prueba de que la formación de un agujero negro era una predicción sólida de la teoría de la relatividad general de Einstein.

Agujeros negros supermasivos  


Seguramente el agujero negro más famoso es el que se halla en le centro de la Vía Láctea. Con una masa cuatro millones de veces superior a la del Sol, Sagitario A* es un “monstruo” responsable del remolino característico de las estrellas de la Vía Láctea.

Pero como su atracción gravitatoria impide salir a la luz, es invisible y durante décadas fue imposible de detectar.

A principios de los años 1990, los físicos Reinhard Genzel y Andrea Ghez recurrieron a la tecnología más puntera para explorar el centro de la galaxia. Pero incluso con los telescopios más potentes, los investigadores se vieron limitados por la distorsión visual que causaba la atmósfera de la Tierra.

Ambos desarrollaron una nueva tecnología, incluidos sensores de luz más sensibles, obteniendo una resolución de imagen mil veces superior. Así, lograron monitorear 30 de las estrellas más brillantes que se hallan cerca del centro de la Vía Láctea.

Una de ellas, la S2, completaba su órbita en menos de 16 años, mientras que el Sol se demora más de 200 millones de años.

La velocidad con la que se movía este grupo de estrellas llevó a los equipos de ambos investigadores a concluir que en el centro se hallaba un agujero negro supermasivo, el Sagitario A*.

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