Prisila Mantilla: "El estudiante tendrá 10 oportunidades de mejorar sus resultados"

Las clases en el ciclo Costa comenzarán el 24 de abril del 2023 con la aplicación de una serie de reformas al reglamento de la LOEI. Los estudiantes pasarán por más evaluaciones a lo largo del año escolar para detectar falencias a tiempo. Cortesía: Ministerio de Educación.

Faltan diez días para el inicio del nuevo año escolar en el régimen Costa y hay una serie de cambios por delante. El nuevo reglamento de la Ley Orgánica de Educación Intercultural (LOEI) plantea nuevas formas de evaluación y condiciones más estrictas para pasar de año.

Pero Prisila Mantilla, magíster en Educación, asegura que estas modificaciones traerán beneficios. El incremento de pruebas a lo largo del año aumenta las posibilidades de mejorar los resultados y de detectar a tiempo debilidades en el aprendizaje.

También habrá desafíos, no lo niega. Uno de los más notorios es la nueva forma de organización del año escolar, con el paso de quimestres a trimestres. Sin embargo, asegura que la aplicación de metodologías por parte de los docentes hará más sencilla la adaptación de estudiantes y padres.

La finalidad, explica la docente de la Universidad Nacional de Educación (UNAE), es tener un mayor seguimiento, con pruebas cuali-cuantitativas que no solo apuntarán a la adquisición de conocimientos, sino también al desarrollo de destrezas para solucionar los problemas de la cotidianidad.

El nuevo año escolar en la Costa traerá múltiples desafíos, entre ellos el paso de quimestres a trimestres. ¿Qué estrategias pueden implementar los docentes para que los estudiantes se acoplen más fácilmente a esta nueva organización?

La organización escolar, en forma nacional, la hace el Ministerio de Educación, a través de un cronograma. La forma en que se adaptarán las instituciones educativas es contextualizando ese cronograma, según sus actividades institucionales. Se tiene entendido que para este año en el régimen Costa, así como para el próximo en régimen Sierra, se implementarán los trimestres como una opción para permitir mayor seguimiento en el proceso de evaluación a los estudiantes y para tener alarmas tempranas de no aprobación de contenidos.

El cambio de organización del año escolar también implica una nueva metodología, con pruebas más frecuentes. ¿Cómo dosificar la cantidad de evaluaciones durante la adaptación a estos cambios educativos?

El proceso de evaluación es el que tiene más cambios. Se aplicarán evaluaciones cuali-cuantitativas, es decir, ya no serán evaluaciones sumativas. Con esto se pretende no solo desarrollar conocimientos, sino también destrezas y competencias que les permitan a los estudiantes solucionar problemas en su cotidianidad. Esto implica trabajo del docente en planificación, porque el proceso didáctico tiene que ir de la mano con esa realidad. Ahora se propone desarrollar proyectos interdisciplinarios, al menos uno por cada parcial.

¿Tener más pruebas es más beneficioso para el estudiante?

Personalmente, veo que hay más beneficios. Si bien se eliminan los exámenes de gracia y los remediales, continúa el supletorio. Pero ahora el estudiante tendrá la posibilidad de recuperarse durante el año, en cada asignatura, por seis oportunidades con pruebas formativas, y por una sola oportunidad con evaluaciones de parcial. Más o menos tendrá unas diez oportunidades de mejorar resultados, y eso permitirá retroalimentaciones continuas para que el estudiante pueda alcanzar ese aprendizaje significativo.

Según la nueva normativa se eliminan la promoción automática en el cuarto grado y también hay la posibilidad de perder el año en la educación básica. ¿Qué consecuencias generará este cambio?

En la normativa anterior todos los estudiantes de básica, hasta el séptimo grado, eran promovidos. Ahora eso cambió y existe la posibilidad de pérdida de año. Si un estudiante después de todas las oportunidades, las recuperaciones, la retroalimentación y el refuerzo académico no logra conseguir los aprendizajes esperados, pues es decisión de la autoridad educativa, basado en un informe psicopedagógico, hacer que el estudiante pueda repetir el año. Esto ayudará a que disminuyan esas brechas educativas que suelen existir cuando los estudiantes son promovidos y no alcanzan determinadas destrezas, sobre todo en las áreas de Matemáticas, y Lengua y Literatura.

Esa es una de las debilidades que el Ministerio de Educación detectó mucho antes de la pandemia, un déficit en comprensión lectora y lógica matemática. ¿Cómo estos cambios aportarían a superar ese desfase?

El enfoque pedagógico del Ministerio de Educación es netamente constructivista, pero hay que aterrizarlo en territorio. Muchos docentes dicen: ‘somos constructivistas’, pero eso realmente se ve en la práctica. En un proceso constructivista el estudiante es el protagonista del aprendizaje y el docente es un mediador, su orientador. Para lograrlo es necesario que cambien las metodologías tradicionales, memorísticas, basadas en el docente como un actor principal, y dar lugar a metodologías activas que permitan la motivación del estudiante y desarrollar su creatividad. Solo así podrá construir un andamiaje para luego adquirir aprendizajes más complejos.

¿Qué tan importante es el rol de los padres para evitar que los chicos pierdan el año escolar?

Su papel es fundamental, aunque no olvidemos que la responsabilidad del aprendizaje es netamente del docente. La educación es una triada, en donde confluyen los esfuerzos de padres, docentes y estudiantes. Los padres asumen el rol de garantizar el aprendizaje de los hijos, de brindar las condiciones emocionales necesarias dentro de la familia para que el estudiante se motive a desarrollar procesos de aprendizaje.

Prisila Mantilla Crespo

Licenciada en Ciencias de la Educación
Magíster en Educación Superior
Diplomado Superior en Currículo y Didáctica
Docente de la Universidad Nacional de Educación (UNAE)

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