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Los acupunturistas no han parado durante la pandemia por covid-19

Gabriela Carvajal trabaja con equipos de seguridad personal para evitar el contagio. Foto: Vicente Costales / EL COMERCIO

En un consultorio, ambientado con música relajante y aroma floral, el médico George Gómez dialoga con su paciente Joel Ocaña, de 18 años. Le pide que saque la lengua y le revisa el pulso tres veces. De inmediato le coloca unas finas agujas en puntos estratégicos de su cuerpo: cabeza, rostro, espalda, estómago y piernas.

A esta terapia china milenaria se la conoce como acupuntura. Consiste en la inserción de finas agujas, cuyos tamaños oscilan entre dos y 50 centímetros de largo. Se usa contra el dolor de cabeza o cefalea, músculos y articulaciones.

Además, para combatir el estreñimiento, inflamaciones, insomnio, estrés, y recientemente acuden infectados de covid-19 o con secuelas.

Por eso, en estos espacios -que tras el confinamiento atienden de forma regular desde junio del 2020- se siguen medidas de bioseguridad. Nadie se quita la mascarilla y se desinfecta todo.

Entre los casos más complejos que ha tratado, este médico recuerda que en mayo llegó un hombre, de 36 años, con una saturación menor a 70 -lo normal es 90- y dificultad para respirar. Gómez no tardó en atenderlo, le puso vitaminas, para fortalecer su sistema inmunológico. Pero sus síntomas -admite- eran graves.

“Su saturación subió a 80. Lo envié al hospital para un tratamiento regular y para que le den fármacos. Es necesario combinar las terapias en esos casos”, alerta el médico.

En su consulta ha recibido a unos 70 casos, entre covid y secuelas, a partir del 2020.

Desde 2018, la OMS incluyó capítulos sobre medicina tradicional, entre los que constan la técnica de la acupuntura.

En el país sí se reconoce a las medicinas alternativas. En el 2014 se publicó el Reglamento que regula el ejercicio de los profesionales especialistas en medicinas alternativas.

Joel da fe de los beneficios de la acupuntura. No ha dejado de ir a la consulta pese a la pandemia. Sufría temblores involuntarios en sus manos e insomnio. El colegio y sus prácticas de fútbol subieron sus niveles de estrés. Varios médicos le chequearon, cuenta el joven.

En septiembre, él y su madre decidieron ir al centro. Desde ese mes, una vez por semana, el joven recibe terapias de 20 minutos. En ellas trabajan sus males emocionales y físicos.

“Es una opción integral, para activar la energía. Así el cuerpo se recupera de sus dolencias y encuentra un equilibrio”, explica el galeno Gómez, médico general, especializado en acupuntura. Llegó hace seis años al país desde Venezuela.

También lo buscan para combatir males dermatológicos. Alexis, de 28 años, se quejaba de acné severo. Hace cuatro meses empezó con la terapia, que cuesta USD 20 y 40.

Su tratamiento consiste en la aplicación de agujas en el estómago. En dos se coloca una mota de una planta (artemisa) para purificar hígado y riñones. “Ayuda a limpiar la piel.

La doctora Gabriela Carvajal, otra especialista en acupuntura china, también ha tratado pacientes que tuvieron secuelas de covid-19, como taquicardia, ansiedad, dolores musculares, cefaleas, erupciones cutáneas, etc. Ha recibido a unos 30 desde el 2020.

“Son casos muy raros porque tienen pulsos atípicos y su energía no fluye de forma normal. Con ellos realizo terapia para la activación de pulmones y otros órganos”. Pero sí, comenta, deben chequearse con infectólogos y neumólogos.

En el mundo aún se debate el uso de acupuntura para tratar covid. Se indica que puede prevenir la aparición de síntomas graves, ya que mejora la inmunidad, señala Teresa Pascual, del máster de acupuntura de la U. Complutense, de Madrid.

Carvajal tuvo un paciente, de 85 años, que sufrió un accidente cerebrovascular. “Estaba paralizado. Luego de tres meses de terapia puede mover su brazo y pierna con facilidad”.

Katiusca Cedeño, manabita de 43 años, espera sentirse mejor pronto. Hace un mes llegó a su primera cita. Le diagnosticaron tendinitis o inflamación severa en el hombro, lo que le produce un dolor intenso.

La mujer pasó por varios especialistas, quienes le dijeron que debían operarla. La manabita lleva cuatro sesiones-una por semana- y asegura que las molestias se han reducido. “Ahora, puedo moverme con soltura y seguir con mi vida”.

Carvajal tiene una hija de 7 años, con síndrome de Down. Cada día le hace masajes Tui Na. “Con masajes mejoran su movilidad, digestión y más”.