Alfredo Negrete

Volvió a Palacagüina…

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Como en los tiempos de Carlos Mejía Godoy: Cristo volvió a nacer en Palacagüina de“ Chepe Pavón y una tal María…”. Hay que repetir la letra y la entonación, ante una las últimas muestras de terror del “socialismo” del siglo XXI. Esta vez en la tierra de Augusto César Sandino, Ernesto Cardenal y tantos que han muerto con el fusil al lado de la bandera azul y blanco.

Aunque todos los pueblos del mundo tienen su historia labrada en las selvas y montañas con heroísmo y tesón inquebrantable, el de Nicaragua es único por sus tragedias políticas y las batallas de su pueblo sin tregua. Su nación de la gesta libertaria que se remonta a Sandino para librarse de la intervención extranjera; luego de su asesinato, la dinastía Somoza y cuando la liberación provocaba alborozo mundial, pues se había alcanzado el poder en Managua, los extremistas del norte inauguraron la etapa de los “contra”. Un rezago perdido de la Guerra Fría tan sangrienta como los anteriores. Por eso, nunca hay que olvidar que los extremismos de derecha o de izquierda siempre compiten por ser emblemas de terror. Cuando el horizonte se despejó por el ascenso de Violeta Chamorro llegó a continuación el matrimonio Ortega que se constituyó en una satrapía apoyada, entre otros, por el Ecuador hasta hace pocos meses. Nunca se comprendió que cuando llegan al poder las izquierdas en América Latina -Salvador Allende fue una emblemática excepción- no pueden superar el catecismo ni la pedagogía stalinista, castrista ni la guevarista. Son como los ultras derechistas que no superan ni a Mussolini ni a los más psicópatas republicanos del norte de América. Ahora el pueblo “nica “–los que están en las calles o enterrados– no son víctimas de la espada de Bolívar sino del petróleo de Chávez. Sin duda, los jóvenes siguen la suerte de Sandino.

La receta de estas satrapías es inconfundible: liderar y convocar al pueblo con la bandera de la revolución, llegar y acaparar todo el poder, reinstalar los feudos militares a la usanza del siglo XIX para convertirlos en cancerberos feroces del régimen y afinar una receta inconfundible como es la reelección indefinida en democracia. En el Ecuador -la Corte Constitucional que aun goza de buena salud- consideró que la alternabilidad no era un requisito fundamental de la democracia.

Que se guarde a buen recaudo el repertorio de Carlos Mejía Godoy y que la solidaridad continental no falle escandalosamente como en Venezuela. Que Nicaragua repase las palabras de Ernesto Cardenal: “Ahora repentinamente en todo el país han surgido los jóvenes en protestas, tomándose las calles. Algo que no se esperaba porque la juventud parecía dormida, o que sobre ella había caído una losa sepulcral…. “Durante muchos años yo había estado teniendo una oración tomada de uno de los ‘Salmos’: Señor, haz que volvamos a ser lo que fuimos. ¡Y he sido oído!”.