Lasso bajo amenaza

Guillermo Lasso triunfó en contra de todos los pronósticos que daban por perdida la elección: desde la idea de que un banquero nunca podría ganar la Presidencia, hasta el hecho de que su campaña empezó días más tarde con acusaciones de fraude de parte de Pérez, y que los votos a conquistar estaban alineados a agendas de centro o izquierda; ya numerosos votos, desde la primera vuelta, provenían -en su mayoría- de grupos que, sin compartir las propuestas del candidato, votaban en contra del regreso del correísmo.

Para muchos, entre los que me incluyo, la mejor opción era la no autoritaria, sin agenda de persecución y sin un proyecto de control total del Estado; pero voté con beneficio de inventario por mis desacuerdos con la mirada de Lasso sobre los derechos de la diversidad sexual, los derechos sexuales y reproductivos y los derechos sociales, para citar solo algunos de los temas.

El candidato asumió los retos: criticó a Moreno, recogió las reivindicaciones por garantía y protección de derechos y logró acuerdos con sectores situados en otras coordenadas del espectro político, comprometiéndose a respetar la diversidad; esto implicaba alejarse de algunas de sus propuestas más extremas y conservadoras que eran agenda de quienes le apoyaron desde su primera campaña electoral. Además, asumió un compromiso de respeto al Estado laico e incorporó a su programa temas relacionados a la protección y garantía de derechos sociales.

La agenda que ganó no es la de extrema derecha fundamentalista, con fuerte impronta religiosa, a la que se asoció a Lasso durante mucho tiempo; tampoco es una agenda económica libertaria: al final su discurso se diferenció claramente de personajes como Bolsonaro, Laje y afines, quienes le felicitaron y se congratularon por su triunfo, lo que causó preocupación en alguno de sus votantes, al igual que sus primeras declaraciones de corte paternalista (en relación con las niñas violadas) o las referencias a Uribe, que encendieron más alarmas. Luego de los ajustes en campaña su programa se parece más a lo que promueve Lacalle en Uruguay: una propuesta con tintes de centro, respeto a la libre empresa y reducción del Estado, pero haciéndolo más eficiente, así como un compromiso con la prioridad de la protección social, la educación y la salud. Lo mejor de Lasso en la segunda vuelta fue su disposición a escuchar, a salir de la cámara de eco que implica a oír siempre a los mismos, dejando la ortodoxia o los fundamentalismos.

El éxito o el fracaso de Lasso como presidente será el éxito o el fracaso del país. Por eso esperemos que sea consecuente con sus compromisos con la no exclusión; además tiene al correísmo, que dice asumir la derrota, pero hace lecturas en las que pierden de vista que el voto por Lasso y el nulo eran para que ellos no regresen al poder. Pero están allí, negando ese rechazo, organizándose para construir, según ellos, “poder popular” y así vencer a los “enemigos del pueblo”. Advertido esta, señor Lasso.

(@farithsimon)