En Quito, la “tormenta perfecta”

Aunque todas las autoridades elegidas dentro de 17 días enfrentarán importantes retos, quien triunfe en la contienda para alcalde de Quito tendrá un desafío de proporciones gigantescas. Como en una “tormenta perfecta”, donde se juntan grandes masas de aire frío en la altura, calor en la superficie, mucha humedad y una diferencia de altas y bajas presiones, la municipalidad capitalina sufre de una profunda carencia de recursos, una desastrosa estructura administrativa, una burocracia más abundante y espesa que nunca y, por fuera del municipio y girando cual huracán en la ciudad, una exacerbada falta de empleo, un descreimiento profundo en la política y la organización popular, los más serios problemas de movilidad de su historia, inseguridad creciente y mil temas más, entre los que no es menor el inminente final del relleno sanitario (Queda solo un cubículo para año y pico de basura).

Para que se formen tormentas físicas lo importante es que el aire suba. Al subir el aire se enfría y el vapor de agua se condensa en nubes. Si estas crecen mucho, forman los llamados cumulonimbos, las nubes de tormenta. Una inusual diferencia de presiones atmosféricas junto con un huracán extratropical, humedad y masas de aire frío del Polo Norte crearon a principios de noviembre de 1991 aquella brutal tormenta recordada en la novela “La tormenta perfecta”, que terminó con el hundimiento del pesquero “Andrea Gail” (convertida en el 2000 en película con George Clooney y final feliz).

Abona a la tormenta perfecta el vaciamiento de las arcas del área social por la acción de quien dirige el Patronato Municipal, que ha canalizado fondos de los programas sociales hacia su proyecto juguete, los Guagua Centros, incurriendo la semana pasada, según se comenta, en un nuevo desvío de USD 800.000 de las áreas de Cultura, Educación y Salud. Este frenesí debe detenerse, pues sería vergonzoso que esta administración consuma los fondos en destinos no contemplados en el presupuesto municipal. Sea como fuere, los gastos incurridos en ese programa deberán ser auditados con rigurosidad, pues otra forma de corrupción, sin prejuzgar nada incorrecto, es el desperdicio de recursos. La laberíntica estructura administrativa copiada de la que Correa impuso en el Gobierno central y que solo se ha caotizado en el último período complica la situación de pesadilla.

No he hecho una metáfora continuada de la tormenta como ejercicio retórico o estilístico sino que la realidad de Quito es tan tremenda que no funcionaría ninguna otra comparación. Por eso los votantes (genérico, no marcado que incluye a las votantes) deben escoger muy bien al próximo alcalde: solo alguien con conocimientos, mirada estratégica, y equipo probado puede ser el timonel de la nave cuando hay olas de 25 metros.

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