Pablo Cuvi

Guerra Fría a domicilio

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Sábado 13 de abril 2019

Cuando yo era niño en Manta, durante la Guerra Fría, los gringos eran los buenos y los rusos los malos, salvo en la sastrería del maestro Ramos que era comunista y me prestaba novelitas prosoviéticas. Ya en la Universidad Central, el imperialismo yanky y su mano, la CIA, se convirtieron en la fuente de todos los males, mientras los cubanos eran esos jóvenes pobres e idealistas que desafiaban al ogro en sus narices.
Miradas las cosas a la distancia, Cuba estuvo casi siempre monitoreada y financiada por el Kremlin, desde la Crisis de los Misiles, pasando por Angola, hasta la Venezuela actual donde han instalado el peor escenario de la Guerra Fría. No en vano Maduro, su voluminosa marioneta, amenaza con el viejo sueño del Che: desatar otro Vietnam en Sudamérica para acabar con el imperio y los gobiernos ‘derechistas’, que son casi todos.

Subordinado a esa estrategia desde que era gobierno, el correísmo también quiso participar en la Guerra Fría invitando al hacker Assange a nuestra embajada en Londres, que devino oficina de Wikileaks. Por entonces, en su demencial egolatría, Correa pretendía heredar el liderazgo continental que dejaban vacante un decrépito Fidel y un Chávez con cáncer. Ecuador iba a jugar en las grandes ligas, sí, pero en calidad de pelota porque, cuando se dio cuenta de la trampa en la que se había metido, Assange declaró que éramos un país insignificante y como tal nos trató. Aparte de otras múltiples violaciones al asilo, se puso a órdenes de Moscú para interferir en las elecciones norteamericanas a favor de Trump pues Putin detestaba a Hillary.

Hoy, con su cinismo imperial, la misma Rusia que encarcela y envenena a periodistas, que asesina disidentes con polonio en Inglaterra, que interviene militarmente en Siria, arrasa Chechenia e invade Ucrania, ahora defiende la libertad de expresión de Julian y la no injerencia en Venezuela. Un aventurero correísta, francés o inglés, de apellido Long, les hace coro: escribe que la decisión ecuatoriana será recordada por generaciones “como un acto de servilismo, de vileza y degradación ética del poder político en nuestro país”. ¿Nuestro? Sería preferible que se haga ruso, a ver si allá también le nombran canciller.

Otros cancilleres de ese jaez que viajaban a tomarse fotos risueñas con Assange en Londres cual si fuera Mick Jagger, eran la poeta María Fer, quien trepó a la ONU con el apoyo del bloque ruso, y el peligroso Patiño, que ha decidido importar la Guerra Fría al calor de la línea ecuatorial. Según la ministra Romo, el canciller de Ruga la Tortuga y los Pativideos estaría conspirando con dos hackers rusos y un agente de Wikileaks para desestabilizar al gobierno. ¡Ah, cuando retomen el poder: no dejarán títere con cabeza, liberarán al inmaculado Glas y a Capaya y volverán a pasear por el mundo en el avión presidencial!