Fecha de publicación:
Fecha de modificación:
Quito se enfrenta a un cambio demográfico significativo que plantea desafíos y oportunidades. En los últimos años se registra un mayor incremento de la población de adultos mayores, que la de niños. Esto es un reflejo directo de la caída en la tasa de natalidad. En el caso de Pichincha y, específicamente Quito, está entre las más bajas del país.
El promedio de hijos por mujer en la provincia cayó a 1,3 hijos. Esto está por debajo del nivel de reemplazo que es de 2,1 hijos y, que permite que una población esté estable. En este caso más bien se abre un proceso de transición hacia el envejecimiento.
Mientras hoy hay 53 adultos mayores por cada 100 niños de cero a 14 años, para el 2035 se calcula que será de 111. Simultáneamente, en Quito, un 42,5% de la población está soltero. Los jóvenes posponen el matrimonio y la paternidad. En esto inciden factores económicos y una priorización del desarrollo personal y la autonomía sobre las tradiciones familiares. Esto se traduce, además, en un aumento en el número de hogares unipersonales y parejas sin hijos.
Según un reciente estudio de Pew Research Center, para cuando los adultos jóvenes actuales lleguen a los 50 años, una cuarta parte de ellos nunca habrá contraído matrimonio.
El proceso de envejecimiento de la población presenta retos, por ejemplo, para el sistema de pensiones y el cuidado de los ancianos. En otras palabras habrá menos trabajadores en edad activa para sostener a una población jubilada en aumento. Tomando en cuenta, además, que hay un predominio de los trabajadores informales.
Esta transición demográfica debe ser vista como una oportunidad para cerrar la brecha de desigualdad y lograr una mayor inclusión. El objetivo es que en la ciudad, cada grupo etario pueda prosperar.
Es necesario que las autoridades consideren estas dinámicas al diseñar políticas que atiendan las necesidades de los adultos mayores. Pero también las aspiraciones de los jóvenes solteros.
Quito tiene la oportunidad de liderar el camino hacia un futuro donde se valore la experiencia acumulada por los mayores. Y este aporte puede amalgamar perfectamente con la energía e innovación que aportan las generaciones más jóvenes.
En este contexto es esencial fomentar espacios públicos amigables con los ancianos, promover programas intergeneracionales y garantizar el acceso a servicios básicos.
Estos cambios demográficos hay que afrontarlos con visión, responsabilidad y un enfoque inclusivo que garantice los derechos y el desarrollo sostenible para todos los quiteños.