Abrir mercados es apenas el comienzo para el comercio exterior ecuatoriano

El TLC con Canadá abre oportunidades, pero Ecuador debe diversificar mercados y fortalecer su industria exportadora.

La firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Ecuador y Canadá es uno de los avances más importantes de la política comercial ecuatoriana.

Es una señal de que Ecuador comprende que, en una economía global cada vez más competitiva, el acceso preferencial a los mercados internacionales es una condición indispensable para crecer, atraer inversiones y generar empleo de calidad.

El acuerdo permitirá que el 99,6% de la oferta exportable ecuatoriana ingrese al mercado canadiense con arancel cero una vez que entre en vigor. Es decir, beneficia a más de 600 productos nacionales y colocando al Ecuador en igualdad de condiciones frente a competidores como Colombia y Perú.  

Sin embargo, sería un error pensar que el éxito de la estrategia comercial termina con Canadá. La apertura comercial debe convertirse en una política de Estado permanente y no en una sucesión aislada de tratados.

Los acuerdos comerciales son puertas abiertas. Corresponde al sector productivo y al Estado convertir esas oportunidades en mayores exportaciones, nuevas inversiones y cadenas de valor más sofisticadas.

Ecuador ha demostrado una enorme capacidad para exportar productos primarios de alto reconocimiento internacional como banano, camarón, cacao, flores o atún. Pero el siguiente desafío consiste en ampliar la participación de bienes con mayor valor agregado. Ecuador necesita exportar más industria, más innovación y más conocimiento.

Allí aparece una oportunidad estratégica que todavía no ha sido plenamente aprovechada: Mercados como Centroamérica representan un destino natural para la industria ecuatoriana.

Su cercanía geográfica, afinidad cultural y creciente demanda de bienes manufacturados los convierten en espacios ideales para impulsar sectores como la línea blanca, entre otros.

La experiencia internacional demuestra que ningún país alcanza un desarrollo sostenido dependiendo únicamente de materias primas.

Las economías más dinámicas diversifican su oferta exportable, desarrollan industrias competitivas y aprovechan cada acuerdo comercial para ampliar su presencia internacional.

El propio TLC con Canadá facilitará también el acceso a maquinaria, tecnología, fertilizantes e insumos estratégicos con menores costos. De esa forma se fortalece la competitividad de la industria nacional.  

Pero los tratados, por sí solos, no garantizan resultados. Se requiere una agenda complementaria que reduzca los costos logísticos, mejore la infraestructura portuaria, simplifique trámites, impulse la innovación, facilite el financiamiento productivo y fortalezca la promoción comercial en mercados estratégicos.

La apertura comercial no debe verse como un objetivo cumplido, sino como un proceso continuo. Ecuador necesita seguir negociando acuerdos con nuevos socios, consolidar los existentes y apostar por una oferta exportable más diversificada.

Solo así Ecuador dejará de depender de unos pocos productos y construirá una economía más resiliente, moderna y preparada para competir en un mundo cada vez más exigente.