María Herrera Heredia

1.66 por día

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Hace pocos días el INEC publicó varias cifras sobre el empleo y la pobreza a junio de 2018, dijo que el empleo adecuado o pleno disminuyó en 161.689 plazas, mientras que el empleo no pleno, el empleo no clasificado y el sector informal se han incrementado, lo que significa un aumento del subempleo. Los índices de pobreza y pobreza extrema, habrían empeorado, pues según las cifras la pobreza sube del 23.1% al 24.5% y la pobreza extrema del 8.4% al 9%, de la población, entre 2017 y 2018 y donde un 9% de ecuatorianos vive con menos de USD 50 al mes.

Si las cifras son espeluznantes, la realidad lo es aún más, sobran evidencias en las calles, en los estudiantes y graduados universitarios que no encuentran ubicación laboral, en los despedidos que se quedan sin empleo, en la migración campo ciudad, en el crecimiento geométrico del sector informal, etc., resulta difícil entender cómo hacen más de un millón y medio de personas para sobrevivir con USD 1.66 al día.

No se puede prever un avance positivo en las condiciones del mercado laboral nacional, todo lo contrario, las cifras llevan a inferir un deterioro en la calidad de vida de muchos compatriotas, que un ecuatoriano viva con menos de USD 50 al mes, valor ligeramente superior a los parámetros internacionales (Banco Mundial) que determinan un ingreso de USD 1.25 diarios para las personas comprendidas en este rango, habla no solo de la cruel realidad y carencias de esas personas, sino de la tremenda inequidad que existe en el mercado laboral, si se conoce que alrededor de 550 mil empleados del sector público tienen un ingreso promedio de USD 1.600 por mes, esto es aproximadamente 30 veces más.

La situación es crítica porque contraría lo planificado por el Gobierno de crear 250 mil plazas al año, y porque es de difícil solución en el corto mediano y plazo, si bien la Ley de Fomento Productivo incentiva la generación de empleo privado, su consolidación no se ve cercana, la baja demanda en el mercado local, reflejada en la deflación y la desaceleración económica, la deficitaria balanza comercial e inversión llevan a pensar que pasará mucho tiempo para lograr revertir la estructura del sector privado y la generación de empleo, mientras, el objetivo de reducir el déficit fiscal se llevará varios puestos de trabajo del sector público que no podrán ser reemplazados por el privado de forma inmediata, obligando a esas personas en el mejor de los casos a enfilarse en el sub empleo o en la pobreza.

Resulta lamentable que los diferentes gobiernos, no hayan implementado políticas públicas ordenadas, capaces de administrar adecuadamente los recursos naturales y financieros obtenidos para corregir esta tendencia y cumplir con el derecho constitucional y humano de brindar oportunidades de participación activa en la sociedad y condiciones de vida digna. De la misma manera corresponde al sector productivo considerar seriamente el compromiso de mejorar la productividad y competitividad, de manera de lograr más y mejores mercados y contribuir de esa manera a incrementar el PIB, el empleo y disminuir la perversa inequidad existente.