Alfredo Negrete

El enredo en la política

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Jueves 30 de agosto 2018

En situaciones como las del país, es necesario especular sobre una serie de acontecimientos, aparentemente inconexos o incompresibles, para poder acercarse o atisbar a una conclusión. Resumiendo, en la esfera nacional, el caso de la migración venezolana es significativo y alucinante al tiempo: migración protegida por acuerdos humanitarios y legislación nacional o externa como antecedentes; a continuación, sorpresiva e ilegal exigencia de un pasaporte para los refugiados; luego, se cambia la medida por una cédula de identidad notarizada o certificada. Culmina el teatro con un acto de higiene: la retirada de la Alba y una crítica de acomodo al gobierno de Venezuela.

En el campo político interno el ritmo es bullanguero pues el baile del desconcierto es igual de febril. En la provincia del Guayas el escenario electoral se alborota con las preliminares disputas que recuerdan por su fragmentación suicida la época medieval: reinados, ducados, cruzados y más pedazos heredados del imperio romano. Ni siquiera se pueden poner de acuerdo en candidaturas de los ex guardametas del Barcelona. En esa zona tan importante del país, en las últimas décadas no se ha superado la jarana de política, rumba y fútbol.

En la capital de la República el exterminio de las colectividades que fueron referentes nacionales, más la bomba química que significo la década de “los cuadernos argentinos” en el país, han generado un apagón donde solo se vislumbran, como en una reciente competencia, la ruta de las iglesias. La capital carece hasta de un mesías propio como si lo tiene –y ha sido la tradición- la ciudad que lento lame el caudaloso Guayas.

En este contexto es importante referirse a una reflexión de Santiago Basabe, en 4 Pelagatos: “Con una clase política tan miope y resistente al cambio, en poco tiempo tendremos nuevamente un redentor en búsqueda de apoyo electoral. Si se creyó tocar fondo con RC y la RC, decisiones personalistas y carentes de cualquier atisbo de democracia partidista interna, como las observadas en CREO y el PSC, abonan en sentido contrario”.

El caso de Lenin Moreno es diferente. El éxito moralizante de su gestión es indiscutible y lo convierte en un referente desde el retorno a la democracia. Su plan económico a cuentas gotas, causa enorme preocupación en la generación en los actores productivos que confunden economía con política, pero que con justicia requieren de una agenda; finalmente, con propósito maquiavélico, su gabinete ministerial ha sido integrado por profesionales sobresalientes y otros que no han superado la edad del abecedario político.

Con esto Lenin Moreno debe dormir tranquilo pues, nadie en su sano juicio pretenderá derrocarlo. El peligro estriba en un insomnio político y que no duerma por estar –él y su corte- engolosinado por las mieles del poder.