Barcelona SC y la historia desconocida de su único refuerzo japonés

Kazuyuki Nakagawa jugó un solo partido con Barcelona SC.

Daniel Noboa anunció en Colombia un plan de seguridad, frontera y comercio con Ecuador.

A los 18 años, Kazuyuki Nakagawa dejó Japón solo con un balón, una mochila y el sueño de ser futbolista. Sin hablar otro idioma ni tener contactos, atravesó constantes rechazos y un violento asalto que casi le cuesta la vida mientras recorría medio mundo buscando su sueño.

Sin rendirse jamás, su perseverancia dio frutos tres años después al fichar por Barcelona SC. Kazuyuki Nakagawa hizo historia al convertirse en el único japonés en disputar un partido oficial con Barcelona SC, un récord que se mantiene intacto y vigente un cuarto de siglo después.

Kazuyuki Nakagawa, un soñador del fútbol

Nacido en Japón en 1977, Kazuyuki Nakagawa tomó una decisión que cambiaría su vida apenas cumplió la mayoría de edad. Ahorró todo el dinero que pudo y viajó a Portugal convencido de que ese sería el primer paso hacia el profesionalismo.

Sin dominar el idioma y sin conocer a nadie, llegó con la intención de demostrar su talento en los clubes más importantes del país.

Con un balón bajo el brazo y un par de pupos en la mochila, se presentó sin invitación en las instalaciones del Benfica y del Sporting de Lisboa para solicitar una prueba. Ninguno de los dos le abrió las puertas y, un mes después de abandonar su país, regresó derrotado, convencido de que había fracasado.

Volver a casa fue incluso más duro que marcharse. Sentía que había decepcionado a su familia y a los amigos que semanas antes lo habían despedido con abrazos y buenos deseos.

Sin embargo, después de superar ese golpe emocional, decidió intentarlo otra vez. Estudió, trabajó y reunió dinero suficiente para emprender un nuevo viaje, esta vez con destino a España.

Su estrategia cambió por completo. En lugar de acudir directamente a clubes profesionales, comenzó a jugar en las canchas de los parques con la esperanza de atraer el interés de algún ojeador.

En uno de esos partidos conoció a un peruano que quedó sorprendido por sus condiciones y le propuso probar suerte en Sudamérica. La idea lo convenció de inmediato y, al día siguiente, compró un nuevo pasaje.

Su siguiente parada fue Lima, donde la Asociación Estadio La Unión (AELU) le abrió las puertas para realizar una prueba. Deportivamente respondió, pero apareció un obstáculo inesperado.

El reglamento de la Segunda División peruana impedía la inscripción de jugadores extranjeros. Una vez más, el sueño quedaba suspendido por razones ajenas a su talento.

Después de regresar a España y volver posteriormente a Japón, analizó todo lo vivido y diseñó un nuevo plan. Su siguiente destino sería un país donde un futbolista extranjero pudiera abrirse camino desde las categorías de ascenso. Esa búsqueda terminó señalando a Ecuador.

‘Kazu’ llega a Ecuador

A finales de 1997 aterrizó en Quito gracias a una llamada que había realizado desde Japón a la Asociación de Fútbol No Amateur de Pichincha (AFNA), convencido de que se comunicaba con la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF).

Explicó que quería una oportunidad y, confiando en la respuesta que recibió, compró un boleto hacia un país que no conocía.

La sorpresa fue enorme cuando los funcionarios de AFNA vieron aparecer a un joven japonés, de cabello largo y teñido de amarillo, dispuesto a cumplir la promesa que había recibido por teléfono.

Lo hicieron esperar durante tres días, pero aquella oportunidad nunca llegó y otra puerta volvió a cerrarse.

Lejos de rendirse, siguió recorriendo el país en busca de un club. En Ambato realizó pruebas con Macará y Técnico Universitario. Fue aceptado en el cuadro celeste, pero la falta de nacionalidad ecuatoriana le impidió permanecer en el plantel.

Su siguiente parada fue Manta, donde le comentaron que en Green Cross existía un dirigente japonés. Viajó por carretera en plena época del fenómeno de El Niño, que afectaba gran parte de la costa ecuatoriana. Allí encontró la primera recompensa de tantos años de sacrificio.

El entrenador José Valencia aprobó su rendimiento y lo incorporó al plantel para la temporada 1998. Por primera vez parecía que el largo recorrido comenzaba a dar resultados, aunque el destino todavía tenía preparada la prueba más difícil de toda su aventura.

Un robo cambió su destino

Concluida su etapa en Green Cross, recibió la posibilidad de continuar su carrera en Colombia gracias a un compañero de equipo. Viajó lleno de ilusión, pero apenas transcurrían sus primeras 48 horas en ese país cuando todo dio un giro inesperado.

Tomó un taxi durante la noche para dirigirse a la terminal terrestre. El conductor cambió la ruta y se internó en una zona desolada. Allí fue asaltado, despojado de su dinero, documentos y pertenencias.

Los delincuentes lo amenazaron de muerte si intentaba resistirse y lo retuvieron durante varias horas antes de abandonarlo con unas pocas monedas.

Sin recursos y lejos de casa, decidió regresar a Ecuador, el país que, pese a todos los obstáculos, seguía ofreciéndole una pequeña esperanza. Esa decisión cambiaría definitivamente su historia.

Encontró una nueva oportunidad en Deportivo Quinindé. A mediados de 1999, el equipo disputó un amistoso frente a Barcelona SC, dirigido por José María Andrade.

Quienes estuvieron en ese encuentro recuerdan que el japonés fue una de las figuras del compromiso y despertó el interés del cuerpo técnico torero.

Poco después viajó a Guayaquil para cumplir un período de prueba. Superó todas las evaluaciones y se ganó un lugar en el primer equipo, donde compartió camerino con José Francisco Cevallos, Ángel Escobar, José Mora, Wagner Rivera Julio César Baldivieso y Cristhian Quiñónez, entre otros.

El sueño se hizo realidad

El 5 de agosto de 1999 llegó el momento que había perseguido durante tres años. Kazuyuki Nakagawa debutó oficialmente con Barcelona SC frente a Alianza Lima, en el Estadio Alejandro Villanueva, por el Grupo B de la Copa Merconorte.

Ingresó en el segundo tiempo en reemplazo del brasileño Robson da Silva. Aquellos pocos minutos cerraban un viaje que había comenzado en Japón, continuó con rechazos en Portugal, España y Perú, atravesó carreteras ecuatorianas, un asalto en Colombia y una interminable sucesión de puertas cerradas antes de abrir la definitiva.

Su etapa en Barcelona SC fue breve y no volvió a disputar otro partido oficial. Luego defendió la camiseta de Espoli antes de continuar su vida fuera de Ecuador.

Sin embargo, su nombre quedó grabado para siempre en la historia amarilla por convertirse en el único futbolista japonés que ha vestido la camiseta del ‘Ídolo del Ecuador’ hasta este momento.

En septiembre de 2019 volvió al país como coordinador de la Selección sub-17 de Japón para enfrentar a la Selección de Ecuador durante la preparación de ambas escuadras para el Mundial sub-17 que se disputó ese año en Brasil.

En su breve estancia en el país, aprovechó para visitar a sus compañeros y pisar nuevamente el césped del Estadio Monumental, el mismo que años atrás lo recibió como un joven soñador que nunca entendió el significado de rendirse.

Te recomendamos: